ANA T. JACK

«¡Qué inconscientes!», pensamos cuando vemos a un corrillo de adolescentes delante del instituto, fumando cigarrillos con las mascarillas en la barbilla. «¡Qué barbaridad!», nos escandalizamos cuando el viernes por la tarde vemos las terrazas y los parques llenos de chavalada que no respeta la distancia de seguridad, besándose, abrazándose, riéndose a carcajada limpia y expeliendo sin pudor al aire (en nuestra imaginación casi lo vemos) cientos de gotículas que podrían expandir el coronavirus. Pero cuando los señalamos con el dedo lo hacemos desde nuestra mentalidad de adultos responsables y maduros, olvidando nuestros 14, 15, 16 o 17 años. Los comportamientos irresponsables, en tiempos de pandemia, no se pueden aceptar, eso está claro. Pero al menos reconozcamos que cumplir toda esta (necesaria) imposición de normas habiendo peinado ya unas cuantas canas no es lo mismo que intentar hacerlo siendo todavía adolescente.

Es precisamente en la adolescencia cuando las relaciones sociales con el grupo de iguales se convierten en algo de vital importancia para construir la autoestima, para desarrollar la propia personalidad y para ir independizándose poco a poco de la tutela de los adultos. El hecho de verse obligados a relacionarse con mascarillas, a anular fiestas de cumpleaños, viajes de fin de curso o estancias en el extranjero, y a asumir las nuevas situaciones laborales y económicas en el ámbito familiar, puede llegar a crear situaciones de verdadero sufrimiento psíquico y emocional (ansiedad, fobias, depresión, ataques de pánico…) y una gran dosis de frustración.

En el ámbito familiar, el clima de convivencia puede verse enrarecido por las malas caras, el mal humor, el descontento y la frustración que les crea esta situación, por lo que los padres deben poner a prueba grandes dosis de paciencia.

CEDER PARA GANAR

Los expertos en educación emocional recomiendan a los padres recurrir a técnicas de negociación para llegar a pactos que supongan una satisfacción relativa para unos y otros: las dos partes ganan y pierden algo, pero al menos se llega a una solución. Esta técnica, que se conoce como comunicación efectiva, a grandes rasgos consiste en poner en práctica las siguientes orientaciones:
Intenta ponerte en su lugar: como adolescente que es, vive en una permanente contención para cumplir las normas sanitarias impuestas, y eso supone un esfuerzo (que, en general, están realizando todos los jóvenes de forma modélica) que debemos reconocerles.

Busca el equilibrio entre autoridad, comunicación y afectividad. No es fácil, desde luego, pero está demostrado que los padres democráticos que combinan la exigencia de unas normas con cierta flexibilidad y altas dosis de comunicación y afecto representan la mejor opción para lidiar con esta etapa. Por el contrario, los padres demasiado autoritarios o, en el otro extremo, demasiado permisivos suelen correlacionarse con un aumento de las conductas problemáticas.

Ante los desacuerdos, intenta entablar una conversación tranquila comenzando siempre por algo positivo (si es posible). A nadie le gusta recibir solo críticas, así que, si va precedida de algún aspecto positivo, se evitan las posturas a la defensiva. Es mejor decir «Ya sé que te has esforzado, pero tienes que dedicarles más tiempo a los estudios», que decir «Ya sabía yo que no se podía confiar en ti».

Evita las generalizaciones del tipo «Tú siempre…» o «Tú nunca…», y las que te ponen en situación de vulnerabilidad y pérdida de control: «Es que me vuelves loca, yo ya no sé qué hacer contigo».

Huye de las inculpaciones del tipo: «Es que los chavales pasáis de todo, no os importa que la gente mayor enferme de covid por vuestras irresponsabilidades».

Fomenta la expresión de sentimientos: «Sé que lo estás pasando mal con las restricciones por el covid y que está siendo un año muy duro, pero cuando haces eso, yo me siento…».

Admite la propia responsabilidad en el problema que se discute: «Reconozco que a veces yo también pierdo los nervios y te grito y eso no está bien, para mí también está siendo un año duro».

Céntrate en buscar soluciones. Define los acuerdos a los que se llega y exige su cumplimiento: «Hemos llegado a este acuerdo: yo me comprometo a esto y tú a esto otro».

Haz que se cumplan siempre las consecuencias (positivas o negativas) de lo acordado previamente.

Da nuevas oportunidades. Para eso se necesita sentido común, empatía… y la madurez que dan los años.

 

Escuela de familias

Tema del mes: Las otras consecuencias del covid-19

Etapa: Infantil, primaria y secundaria

La frase: «En tres palabras puedo resumir todo lo que he aprendido acerca de la vida: continúa hacia adelante» (Robert Frost)

Errores que evitar: Entrar diariamente en un bucle de discusiones que desgastan a nivel anímico a todos los miembros de la familia sin buscar alternativas o soluciones a los puntos de desencuentro

Algunas claves: Las conductas desafiantes y rebeldes en la adolescencia son normales y necesarias. Pero si su intensidad o permanencia en el tiempo alteran de manera significativa su adaptación personal o la convivencia familiar, debe valorarse el acudir a un profesional (orientador educativo, terapeuta familiar, psicólogo…)

Para saber más: Más allá de nuestra fragilidad: adolescentes y covid-19, manual publicado por Unicef. En él se ofrecen claves evolutivas de la etapa de la infancia y la adolescencia, así como pautas de acompañamiento emocional, establecimiento de normas e intervención ante situaciones de sufrimiento y el abordaje de conflictos desde la disciplina positiva. 

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