CARLOS OCAMPO

La carrera espacial acaba de vivir estos días uno de esos hitos importantes con el lanzamiento del telescopio James Webb. No hay año que no deje de sorprendernos con alguna noticia impactante desde que esta competición comenzó, en los años sesenta.

Además de la conquista de nuestro único satélite, la Luna, donde el hombre puso un pie, pero poco más, otro de los desafíos es lograr el mayor tiempo posible de permanencia en el espacio, aunque solo sea dando vueltas alrededor de la Tierra en una nave. Hoy el récord absoluto lo tiene el ruso Guenaldi Pádalka, que estuvo 878 días, aunque sumando diferentes misiones, y la estadounidense Christina Koch es la que más días acumula entre las mujeres: 328, tras la expedición que culminó hace menos de dos años. Pero el récord de permanencia continuada lo mantiene, 28 años después, el médico y cosmonauta ruso Valeri Poliakov, que iba a hacer un viaje sideral de 427 días que acabaron siendo 437. Ahí lo dejamos para quien se anime a retarle.

Poliakov protagonizó en La Voz una buena serie de noticias que comenzaron el 8 de enero de 1994: «Rusia prepara el récord de permanencia en órbita». Ese día despegó la Soyuz-TM 18 con Poliakov, el comandante Víctor Afanasiev y el ingeniero Yuri Usachov desde el cosmódromo de Baikonur, situado en la antigua república soviética de Kazajistán. Unos días después, la nave se acoplaría a la estación espacial Mir, la precursora de la actual Estación Espacial Internacional (ISS). Estaba previsto que sus compañeros de viaje fueran relevados medio año después y que él siguiera no los 427 que anunciaba la noticia, sino «dos días más, un total de 429», según contaba su mujer, Neli, a los medios de comunicación, pues su marido le pedía en una nota que lo esperara «el 13 de marzo de 1995». Afanasiev y Usachov fueron relevados el 2 de julio por Yuri Malenchenko y Talgat Musabáyev.

Problemas en la Mir

La estancia de Poliakov en la Mir no estuvo libre de situaciones peligrosas. El 3 de septiembre de 1994 La Voz titulaba: «La estación espacial rusa Mir, salvada en el último momento». El subtítulo explicaba que el Malenchenko había salvado «el programa espacial de Rusia de una catástrofe segura al conseguir, en el último momento, ensamblar mediante una maniobra manual la nave de carga Progress M-24 con la estación espacial Mir». La Progress transportaba alimentos, agua y suministros vitales a la estación, pero la operación de acoplamiento, que se dirigía desde Moscú, había fallado dos veces. Un fallo más hubiera obligado a los tripulantes a regresar, lo que hubiera puesto en peligro el programa espacial ruso, ya que se estimaba que la Mir se deterioraría si no era cuidada. El fallo fue subsanado y el 14 del mismo mes los tripulantes Malenchenko y Musabáyev salieron al espacio para realizar trabajos de adaptación en la estación. Las consecuencias más graves del problema finalmente resuelto hubieran sido para la colaboración internacional: «De fallar el cosmonauta Malenchenko, también hubieran quedado en cuestión los acuerdos concertados por la Agencia Espacial Rusa (AER) con la NASA y con la Agencia Espacial Europea (AEE)», pero el 7 de febrero del año siguiente el transbordador Discovery llegaba a solo 11 metros de la Mir, un paso previo al envío de astronautas americanos para misiones conjuntas, que culminó cuando «Norman Thagard ingresó en la Mir entre abrazos de los astronautas rusos», el 16 de marzo de 1995.

Dos meses antes, el 10 de enero de 1995, La Voz recordaba que nuestro astronauta llevaba más del ochenta por ciento de su objetivo cubierto: «O cosmonauta Poliakov fai un ano de estadía na estación Mir».

Fin de la aventura

23 de marzo de 1995: «El cosmonauta Poliakov vuelve a la Tierra después de 437 días en el espacio», leemos en La Voz. En la nave en la que regresó viajaban también los cosmonautas Alexánder Viktorenko y Elena Kondakova. «Aterrizó en el norte de la antigua república soviética de Kazajistán, 36 kilómetros al nordeste de la ciudad de Arkalyk. El cosmonauta y médico Valeri Poliakov estableció un nuevo récord de permanencia en el espacio, con 437 días y 18 horas». Todo un éxito que abría «nuevas perspectivas para viajes interplanetarios prolongados, especialmente al planeta Marte». En ello está la humanidad.

Para saber más

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