BELÉN ARAÚJO

Prácticamente estamos pillando a los polacos con las manos en la masa, porque este curso académico van a terminar de implantar los cambios en el sistema educativo que el Gobierno lleva planeando desde el 2016 y que, hasta ahora, solo les han traído alegrías.

Parte de esa reforma implica que ahora la educación obligatoria comienza a los 6 años, con un curso de preparación a la primaria que todos los alumnos deben cursar en las escuelas infantiles. Después, a los 7 años, los alumnos empiezan la primaria. Es una etapa un poco especial porque dura ocho cursos y no seis (como en la mayoría de países europeos), por lo que los estudiantes ya tienen 15 años cuando la acaban. A esa edad, deben hacer un examen que evalúe los conocimientos adquiridos, como una especie de selectividad, pero para acceder al instituto.

A partir de entonces la educación ya no es obligatoria, por lo que los estudiantes podrían abandonar los estudios. Pero para evitar que se queden fuera del sistema, en la reforma de la que hablábamos al principio el Gobierno estableció que, hasta los 18 años, todos los jóvenes deben estar recibiendo algún tipo de formación, aunque solo sea parcial. Por eso, si un alumno no desea continuar sus estudios después de la primaria, debe asistir a una escuela vocacional en la que aprenderá un oficio y hará prácticas en empresas. Para que te hagas una idea, sería similar a la FP Básica que tenemos en España.

Pero si un alumno sí quiere seguir estudiando, puede hacerlo en la escuela secundaria. En función de los resultados que haya obtenido en esa «selectividad» de instituto y también de sus inquietudes personales, el alumno podrá estudiar la secundaria general, que da acceso a la universidad, o la secundaria técnica, que dura entre 3 y 5 años y es el equivalente a nuestra formación profesional de grado medio o superior.

Como ves, el sistema educativo está cambiando para intentar que ningún alumno se quede atrás y se está poniendo las pilas, algo que ya demuestran sus resultados en el último informe PISA: es el sexto mejor país en el ránking de la OCDE.

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