ANA T. JACK

Este año, más que nunca, por los corredores de los centros educativos se escuchan expresiones del tipo «Ánimo, que queda poco», «Venga, un esfuerzo final, que esto se acaba ya» o incluso «¡No puedo más! Necesito unas vacaciones ya…». Y es que este no ha sido un curso cualquiera. Ni fácil. Alumnado, docentes y familias nos enfrentamos allá por septiembre al inicio del año escolar con ganas de retomar cuanto antes la rutina perdida siete meses antes, cuando comenzamos el encierro de más de 60 días por la pandemia de covid-19 y nuestro mundo se puso de repente patas arriba.

En esos primeros días de curso asumimos como algo inherente a la nueva normalidad las cifras diarias de enfermos y fallecidos por coronavirus, las cuarentenas por contactos con positivos y las continuas limitaciones de movilidad y confinamientos perimetrales de la población. Las mascarillas, el hidrogel, las mamparas de separación, las flechas trazadas en el suelo… Comprendimos que todo eso era necesario para conservar nuestra salud: esta siempre fue la prioridad. También cruzábamos los dedos para conseguir alcanzar un segundo objetivo: que pasara lo que pasara, no se suspendieran las clases. ¡Y se consiguió! El curso 2020-2021 se acaba con relativa normalidad y eso ha sido todo un éxito.

LA FACTURA DEL ESFUERZO

Pero en una situación de pandemia, trabajar, estudiar, relacionarse… en definitiva, vivir el día a día, implica un sobreesfuerzo físico y emocional. Y ese esfuerzo nos pasa factura en forma, principalmente, de aumento de problemas psicológicos (ansiedad, depresión, trastornos de la alimentación…) y agotamiento físico y mental. Así que sí. ¡Necesitamos vacaciones!

Estar dispuesto a pasarlo bien en familia, a desconectar de los dispositivos electrónicos, a apreciar las pequeñas alegrías cotidianas, a ver todo lo que tenemos (en vez de centrarnos en lo que nos falta) y olvidarnos de las prisas son las cinco claves más repetidas por los profesionales de la salud mental para conseguir un tiempo de vacaciones que nos aporte bienestar. A partir de ahí, cada uno debe echarle imaginación y planificar un verano que de verdad le permita cargar de nuevo las pilas.

Los otros deberes

El profesor italiano Cesare Catà se hizo famoso hace un tiempo tras publicarse los deberes que proponía a sus alumnos para el verano. Se trata de 15 tareas muy especiales que no solo son válidas para niños y adolescentes: también al resto nos sentarían muy bien, entre otras cosas para empezar el próximo curso con ganas e ilusiones renovadas.

1. Por la mañana, de vez en cuando, ve a caminar por la orilla del mar (o del río, o por el parque más cercano a tu casa) en total soledad. Fíjate en cómo brilla el sol, piensa en las cosas que más amas de la vida y siéntete feliz.

2. Trata de utilizar todas las nuevas palabras que has aprendido este año. Cuantas más cosas puedas decir, más cosas podrás pensar, y cuantas más cosas puedas pensar, más libre te sentirás.

3. Lee tanto como puedas. Pero no porque debas. Lee porque el verano inspira aventuras y sueños, y leyendo te sentirás como una golondrina en pleno vuelo. Lee porque es la mejor forma de rebeldía que existe.

4. Evita todas las cosas, situaciones y personas que te generen negatividad o vacío. Busca situaciones estimulantes y la compañía de amigos que te enriquezcan, te comprendan y te aprecien por lo que eres.

5. Si te sientes triste o asustado, no te preocupes; el verano, como todas las cosas maravillosas, agita el alma. Prueba a escribir un diario para reflejar tus sentimientos.

6. Baila. Sin vergüenza. En la calle debajo de casa o en tu habitación. El verano es un baile y sería absurdo no participar.

7. Al menos una vez, ve a ver la salida del sol. Quédate en silencio y respira. Cierra los ojos, agradecido.

8. Haz mucho deporte.

9. Si encuentras a una persona que te encanta, díselo con toda la sinceridad y la gracia que puedas. No importa si lo entiende o no. Si no lo hace, no era la persona adecuada; si lo hace, el verano os ofrecerá una oportunidad de oro para caminar juntos. (Si sale mal, regresa al punto 8).

10. Revisa los apuntes de las clases, hazte preguntas y relaciona cada autor y cada concepto con lo que te sucede.

11. Sé alegre como el sol e indomable como el mar.

12. No digas palabrotas, sé siempre educadísimo y amable.

13. Ve películas con diálogos conmovedores, preferiblemente en inglés, para mejorar tus habilidades lingüísticas y tu capacidad de soñar. No dejes que la película se termine en los créditos, revívela en tu verano.

14. A plena luz del día o en las noches cálidas, sueña cómo puede y debe ser tu vida. Busca en el verano la fuerza para no renunciar nunca y haz todo lo que puedas para perseguir ese sueño.

15. Sé bueno.

Escuela de familias

Tema del mes. Planes para el verano

Etapa. Infancia y adolescencia

La frase. «Todo lo bueno, todo lo mágico, sucede entre los meses de junio y agosto» (Jenny Han)

Errores que evitar. Prolongar la dinámica escolar del invierno a los meses del verano (actividades en aulas cerradas y polideportivos, mismos círculos sociales…)

Algunas claves. Cambiar de aires, conocer lugares, actividades al aire libre, contacto con la naturaleza, nuevos amigos, excursiones, pequeños viajes…

Para saber más. «Antes de hacer planes de verano, escucha a tus hijos», en la web Hacer Familia

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