OLGA SUÁREZ
Amor por el saber. Eso es lo significa la palabra filosofía en su origen griego; hacerse preguntas y darles respuesta. La filosofía es una interrogación continua, no dar nada por supuesto y encontrar la explicación en los propios pensamientos. Vista de este modo, cabría pensar que se debería enseñar en los colegios desde que los estudiantes empiezan a construir su pensamiento, a hacerse preguntas. Hay una materia de valores y ética en primaria y otra en tercero de ESO, pero filosofía como tal se da en cuarto y es una asignatura optativa. Esta es una de las razones por las que en ese primer contacto a veces no se entienden muy bien esos razonamientos abstractos en los que se basa la historia de la filosofía, cuando, de hecho, están más cerca de la realidad de los que nos encontramos.
Y de nuevo los cómics surgen como un recurso didáctico más con el que entender mucho mejor esas historias sobre la filosofía que tenemos que estudiar en el instituto. Empezamos por ese descubrimiento de la filosofía a través de una obra que se convirtió en una superventas desde que se publicó: el profesor noruego Jostein Gaarder publicó El mundo de Sofía en el año 1994, un libro sencillo de leer en el que una joven va conociendo su propia identidad mientras descubre la capacidad humana de hacer preguntas. Pues bien, entre el 2022 y el 2023 salieron a la luz en dos tomos las versiones en cómic de este libro. Sus autores son Vincent Zabus y Nicoby, y están traducidos al castellano por María Serna Aguirre. Sofía es una niña como cualquier otra, con sus amigas y su teléfono móvil. Pero un día llega a casa y se encuentra una carta con una única frase: «¿Quién eres?». Después llega la segunda: «¿De dónde viene el mundo?». De pregunta en pregunta, la joven será impulsada a una aventura en la que descubrirá a los principales protagonistas de la filosofía occidental, pero con la que sobre todo se conocerá a ella misma.
Otra niña buscando respuestas fue Hiparquía, que está considerada una de las primeras filósofas de la historia. Vivió en Grecia 350 años antes de nuestra era y revolucionó el mundo del pensamiento clásico. Hay películas y libros que cuentan su historia, pero destacamos uno, en cómic, que fue publicado este año: La filósofa, el perro y la boda. La obra de la dibujante Barbara Stok descubre a una mujer brillante que tuvo el coraje de vivir según sus propios ideales, a pesar de las creencias predominantes de su época. ¿Por qué yo me tengo que casar si no me interesa? ¿Una mujer no puede leer o hacerse preguntas? Además, gracias al libro podemos imaginar el contexto en el que vivió y entender la corriente cínica que siguió, cuyo objetivo era alcanzar la felicidad de cada uno por sí mismo, la autosuficiencia, sin condicionantes externos.
Otra griega más conocida fue Hipatia de Alejandría, que es una de la filósofas que se incluyen este año en el temario de selectividad, junto con Hannah Arendt, Simone de Beauvoir y María Zambrano. Y las dos últimas también protagonizan dos publicaciones que han llegado este año a las librerías. A Zambrano, filósofa malagueña, le dedica un libro ilustrado la editorial Kalandraka que se titula Siempre estuve aquí. Nacida en 1904, fue una mujer que pasó toda su vida de viaje obligado por el exilio, pero que no se alejó jamás de España. Su pensamiento fue innovador para su época por cuestionar las acciones del ser humano y proponer una reforma social.
Lo quiero todo de la vida es el subtítulo que acompaña al cómic sobre la francesa Simone de Beauvoir que ha publicado la editorial Lumen. Es obra de Julia Krobik y Julia Bernhard. Figura imprescindible del feminismo en el siglo XX, reivindicó el reconocimiento de las capacidades y derechos de las mujeres. «Quiero ser mujer y quiero ser hombre, quiero tener muchos amigos y gozar de la soledad, quiero trabajar mucho y escribir buenos libros, quiero viajar y pasarlo bien, quiero ser egoísta y quiero ser generosa», escribió la pensadora existencialista.
Otro de los autores que hay que aprender de cara a la ABAU es Friedrich Nietzsche, filósofo alemán que rompió con casi todos los pensadores anteriores al partir de la negación de que el ser humano sea un ser racional. El último cómic que os proponemos es una adaptación gráfica de su vida basada en La inocencia del devenir de Michel Onfray, uno de sus principales seguidores. El francés Macimilien Le Roy muestra con sus dibujos la evolución de la vida y la obra del filosofo más estremecedor de todos los tiempos.

Se son de ciencias, por que teño que aprender filosofía?

JORGE NOYA
Hai unha pregunta que rolda sempre a cabeza de quen estuda o bacharelato científico. Por que hai que aprobar obrigatoriamente Filosofía, Historia ou Literatura se a priori non teñen nada que ver co ámbito da ciencia? Para poder responder a esta pregunta, primeiro debemos facernos outra máis elemental: para que estudamos?
«A formación que, ás veces, entendemos inútil porque non se relaciona coa nosa área pódenos abrir moitas posibilidades», opina José Antonio Caride, catedrático de Pedagoxía Social da USC. Segundo explica, debemos entender que a educación non só nos serve para especializarnos nunha certa área, senón tamén para formarnos na condición de cidadáns. De aí a importancia de estudarmos historia ou filosofía. «A historia é fundamental, porque non podemos entender o presente sen coñecer o pasado», sostén Celso Currás, pedagogo e exconselleiro de Educación da Xunta de Galicia. A lingua e a literatura, pola súa parte, son vitais para expresarnos e comunicarnos ben.
No caso da filosofía, son varias as ideas que apoian a necesidade de estudala. «Nos países avanzados educativamente, as empresas valoran a formación filosófica», explica Currás. Estes coñecementos «fomentan o pensamento organizado», de forma similar ás matemáticas.
«A filosofía achega as ferramentas necesarias para entender a realidade e o método científico», engade Xosé Manuel Domínguez, profesor de Filosofía no IES Salvaterra de Miño. E hai outra razón de peso, segundo Caride: «A filosofía axuda a desenvolver a conciencia crítica», fundamental para crecer como «persoas chamadas á convivencia e ao respecto».
Sobre este tema, hai outra cuestión que xera controversia. Se un estudante de ciencias é obrigado a estudar historia ou filosofía, por que non ocorre o mesmo entre o alumnado de ciencias sociais ou humanidades con materias como a física ou a bioloxía? Celso Currás responde que «existe un claro desequilibrio no sistema».
Tradicionalmente, entendeuse que as materias científicas debían restrinxirse a quen se fose especializar nelas, e non a todos os estudantes. Pero «a perspectiva tecnolóxica e científica debería estar sempre presente», defende o catedrático Caride, que confía no deseño pedagóxico do futuro: «Debemos ir a currículos máis transversais». Currás engade que as claves para unha educación completa son tres: «Coñecementos fundamentais, competencias elementais e capacidade crítica».

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