TERESA MOLEZÚN

Autoestima, una palabra que cada vez utilizamos más en nuestras conversaciones diarias, pero ¿sabemos realmente lo que significa? De manera genérica, podemos decir que es la valoración que hacemos sobre nosotros mismos.

Si te pido que pienses en personas que, bajo tu perspectiva, crees que pueden tener una buena autoestima, seguro que te vienen a la cabeza nombres de gente que conoces que, o bien consiguen buenos resultados académicos, o bien son populares dentro del grupo de amigos, o son personas que destacan en alguna actividad o deporte… pero esto no tiene porqué ser del todo verdad. La autoestima de estas personas dependerá de la valoración que ellos tengan sobre sí mismos.

Algunas personas consideran que la autoestima es algo innato y sobre lo que no tienes ninguna capacidad de influencia, creen que simplemente unos tienen la suerte de tenerla y otros no, pero esto tampoco es cierto. La autoestima puede modificarse, no naces con ella, se va formando y construyendo desde la infancia a partir de las diferentes valoraciones que recibes de las personas que son significativas para ti y de tus propias experiencias. Y esto, ¿qué significa? Quiere decir que, independientemente del punto de partida, todos tenemos la capacidad de poder influir sobre ella y que si le dedicas tiempo, energía y esfuerzo, puedes trabajar en mejorar tu propia autoestima.

¿Para qué vas a invertir tu tiempo en esto? ¿En qué te puede ayudar tener un buen nivel de autoestima? Fundamentalmente te ayuda a sentirte mejor contigo mismo, a tener más seguridad, a enfrentarte a tus miedos, a incrementar la percepción sobre tus capacidades para lograr aquello que te propongas. El nivel de autoestima influye en tu comportamiento y en la forma en la que te relacionas con los demás. La idea que tienes de ti mismo puede limitar o, al contrario, impulsar tu potencial; es como el freno o el acelerador que utilizas ante cada nuevo proyecto, aprendizaje u objetivo. De ahí su importancia.

EL AUTOCONCEPTO

Lo primero y más importante es comprender bien de qué estamos hablando. La autoestima forma parte de un conjunto más amplio que se denomina autoconcepto.
El autoconcepto es el resultado de un proceso de elaboración que cada uno de nosotros realiza a partir de nuestra interacción con el medio social. Se sustenta en tres pilares que se retroalimentan: la autoimagen, la autoeficacia y la autoestima.

La autoimagen

Es una representación mental de cómo eres. No es una imagen objetiva, sino que se corresponde con cómo te ves y cómo crees que los demás te ven. Tu autorretrato es una simple descripción que haces de ti mismo. Sin embargo, todos solemos darlo por único y verdadero, sin plantearnos que quizás nos estemos identificando y apegando a una imagen que no es real.

La autoeficacia

Es la opinión que tienes, no sobre tu imagen, sino sobre tu capacidad para alcanzar determinados resultados. Influye directamente en tu confianza. Poner el foco en los logros, y no en los fracasos, te ayuda a mejorar tu autoeficacia. Lo que cuenta realmente es tu sentimiento de capacidad (que después lo consigas o no es lo de menos; el problema es que, si tu punto de partida es no creerte capaz, ni siquiera lo intentarás). Así, cada vez que la vida te presenta algún reto (un examen difícil, un profesor muy exigente, un cambio de centro educativo…), consultas esa imagen que tienes de ti como si fuera un espejo mágico que te dirá si serás capaces de afrontarlo o no. Si la respuesta del espejo es negativa, te invadirán sentimientos de incapacidad e insuficiencia que te bloquearán por completo. Y, como hemos dicho, ni siquiera te atreves a intentarlo. Si la respuesta es positiva, te sentirás capaz de enfrentarte al reto y, al menos, lo intentarás apoyándote en tus recursos y capacidades.

La autoestima

Es la valoración general que haces de ti mismo. Es un valor frágil que puede modificarse. De hecho, a lo largo de tu vida pasarás por diferentes niveles de autoestima; lo importante e interesante es ser consciente de en qué nivel estás para poder trabajar en ello si lo consideras necesario. Como ya comentamos anteriormente, no naces con autoestima, se construye desde la infancia a partir de la valoración que recibes de personas que son significativas para ti (padres, abuelos, profesores…). Es una valoración que te llega a través de la comunicación verbal y, también, de la no verbal, y cuyos mensajes interiorizas, convirtiéndolos en una especie de voz interior. Es una valoración emocional que responde a la pregunta «¿Me quiero?» con un sentimiento difuso (agradable o desagradable) sobre ti mismo. Los niños con una baja autoestima están convencidos de que no son  alegres, ni capaces, ni buenos deportistas, ni atractivos… Les cuesta relacionarse con los demás, tener amigos, aprender a un ritmo fluido…

Conocerte bien y aceptarte, con tus fortalezas y debilidades, es la base para una autoestima sana.

ES HORA DE TRABAJAR

Piensa en tus logros pasados cuando quieras tirar la toalla

Una vez que has comprendido bien el alcance de lo que tienes entre manos, llega el momento de reflexionar y descubrir lo que realmente piensas de ti mismo, para poder conocer cuál es tu punto de partida, que es el inicio para poder comenzar a trabajar en tu autoestima. Solo cayendo en la cuenta de lo que haces o eres, puedes plantearte estrategias de cambio y mejora.

Algunas ideas para potenciar tu autoconcepto:

  Pon el foco de atención en ti, en tu autoconcepto. Debes ser consciente de cómo estás.

 Identifica tus logros. ¿Qué queremos decir con logros? Consideramos logros aquellas situaciones que te han supuesto un esfuerzo más o menos grande, intentarlo varias veces e, incluso, vencer algún miedo. Haz una lista con todos ellos y vete anotando nuevos logros que vayas consiguiendo. Si en algún momento no te sientes capaz de llevar algo a cabo, puedes ir a buscar tu lista porque tener presente lo que ya has conseguido te ayudará en cualquier nuevo reto.

Aprende a valorar tu fortalezas, lo que se te da bien. Normalmente son cosas a las que no les das ningún valor, porque te salen bien de manera natural, sin tener que hacer ningún esfuerzo. Por ejemplo, tener facilidad para relacionarse, ser curioso o tener interés por aprender en diferentes ámbitos.

Centra tu atención en lo que te gusta de tu imagen, no en lo que no te gusta. La mirada apreciativa o positiva hacia ti mismo depende de ti. Mirarte bien y aceptarte es tu responsabilidad.

Aprende a enfrentarte solos a tus miedos y dificultades, si es necesario puedes pedir apoyo o ayuda, pero lo importante es ser capaces de intentarlo. Valientes son las personas que superan sus miedos.

Comprende que todos nos equivocamos, los fracasos y los errores que cometes son tu principal fuente de aprendizaje.

Aprende a prestar atención a los comentarios positivos que recibes, solemos atender y recordar más los negativos.

Pon en práctica y comprende la importancia del esfuerzo. Cuando quieres algo, lo más normal es tener que trabajar duro para conseguirlo, superar los obstáculos del camino y resistir esos momentos en que apetece tirar la toalla. Es tremendamente satisfactorio conseguir un resultado después de haber realizado un gran esfuerzo.

Apoya tu autoestima en lo que eres, en tus valores (generoso, agradecido, amable, colaborador…), no en lo que tienes (cosas materiales que hoy puedes tener, pero igual mañana no).

Aprende a fomentar la autoestima de los demás: herman@s, amig@s, compañer@s, padres, madres, profesor@s… Para favorecer la verdadera autoestima, hay que elogiar cuando esté justificado, no indiscriminadamente.

Conocerte y aceptarte con compasión, sin juzgarte, es lo que te permite crecer. No puedes cambiar aquello que primero no has aceptado. El aceptarte te hace ser realista y te libera de la necesidad de la eficacia absoluta. De este modo, puedes fijarte un punto de partida desde el cual establecer tus metas de una forma sincera y alcanzable. Para ello, hay que hacer un ejercicio de reflexión en el que reconozcas tus debilidades (las aceptas) y trabajes con tus fortalezas. Todos tenemos ambas.

Reconocer lo que te gusta de ti mismo, tus fortalezas y logros te aportan energía y confianza para afrontar nuevos retos.

Por otro lado, cuando eso que conoces de ti mismo es algo positivo, como tus logros y fortalezas, tu sensación de seguridad aumenta, lo que te permite atreverte a afrontar nuevos retos. Al mismo tiempo, se revaloriza el concepto que tienes de ti mismo, lo que te ayuda a aceptar mejor esas otras cosas que no se te dan tan bien. Esa aceptación de lo que eres, con sus más y sus menos (mejor más que menos) es la base de una auténtica autoestima.

En otro momento, hablaremos sobre cómo influyen las redes sociales en nuestro autoconcepto.

Si tienes alguna duda o consulta sobre este tema, o cualquier otro, puedes escribirnos a coach@prensaescuela.es


Teresa Molezún es socia del gabinete de coach Catemo.es

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