M. Cedrón

El campo español siembra las mesas de productos gourmet. Algunos podrían haber inspirado incluso el famoso Retrato de Rodolfo II en traje de Vertumno pintado por Giuseppe Arcimboldo, quien convirtió el rostro del monarca en un bodegón inundado de frutas, hortalizas o alguna flor. Podría haber pensado, por ejemplo, en las cerezas del Jerte para componerle los labios, en las peras de Rincón de Soto para construirle la nariz, los erizos que esconden las deliciosas castañas de Galicia para colocarle la barbilla, el melón de Torre Pacheco para hacerle la frente o las manzanas de Gerona para dibujarle los pómulos. Todas esas frutas están amparadas por una indicación geográfica o denominación de origen protegida por la UE.

La relación de productos de calidad es muy larga y avanza por toda la geografía española: desde el aceite de Antequera al de Montes de Granada, el garbanzo de Escacena, el vinagre de Jerez, el cordero Segureño, el espárrago de Navarra, el jamón de Guijuelo, el queso Idiazábal, las pasas de Málaga, el tomate La Cañada, la chirimoya de la costa tropical de Granada-Málaga, el jamón de Trevélez, la faba de Lourenzá, los grelos de Galicia, la tarta de Santiago, el queso Arzúa-Ulloa, la coliflor de Calahorra, las peras de Rincón de Soto, la ternera gallega, el capón de Vilalba, la Patata de Galicia, los pimientos de Oímbra, de Couto, de Herbón, de Arnoia o de Mougán, la miel de Galicia, el lacón gallego, el pan de Cea, el queso de O Cebreiro, el queso de tetilla, el San Simón da Costa, el Chosco de Tineo, la almendra de Mallorca…

La lista de manjares que da el campo, tanto de la agricultura como de la ganadería, continúa. Esos sellos son un aval para certificar la trazabilidad (todo el proceso desde su creación) y calidad de los alimentos que exige Bruselas, porque todos ellos han de cumplir con los pliegos que marca cada denominación o indicación. El fomento de esos alimentos de calidad es también uno de los objetivos que la política agraria común (PAC) para aportar valor añadido a materias primas promoviendo la economía de las zonas rurales. De ahí que cuando un consumidor elige uno de estos productos está contribuyendo a la economía de decenas de ganaderos o agricultores de todo el Estado.

Pero como los productos gourmet que emergen del campo español son tantos, tan variados, proponemos acercarnos a unos cuantos que podrían haber inspirado a algunos de los pintores que están detrás de los bodegones más famosos de la historia de la pintura. No solo tendrían que haber inspirado a Giuseppe Arcimboldo. De algún modo, lograr productos de tanta calidad no deja de ser obra de artistas.

Es solo un juego. ¿Cómo acercarse a la PAC a través de la pintura? Porque detrás de cada fruta, cada verdura, cada carne o cada queso hay un agricultor o un ganadero que trabaja cada día para que la población tenga qué llevarse a la boca. O, por qué no, disfrutar de un copioso banquete como el que pintó en Naturaleza muerta Jan Davidsz de Heem, uno de los más lujosos del mundo de la pintura, en el que no faltan ni el jamón, ni la langosta. Por no hablar de los melones o las uvas.
Algo más ligero es el Bodegón de desayuno creado por Floris van Dijck, compuesto por quesos, frutas, aceitunas, uvas y un poco de pan. O los canales de ternera que dibujó Francis Bacon en su obra Figura con carne. ¿Se os ocurre alguno más?

 

 

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