ANA ABELENDA

Si eres madre trabajadora (valga la redundancia), hay instituciones sobre las que descansa tu estado personal del bienestar, ese que te permite mandar wasaps a amigas a las 0.30 horas o darte el lujo de leer a escondidas con una bolsa de Doritos las confesiones de Mala feminista de Roxane Gay tras dos horas arañando hilillos de plastilina en la alfombra, revisando mochilas, doblando toallas o emparejando calcetines, que por la facilidad con la que se pierden se ve lo que les va la independencia. Qué desafío, se queda en nada el lío catalán…

Dos de las valiosas instituciones que merecen un reconocimiento social son Abuelas sin Fronteras (expresión de Enfermera Saturada) y Madres Unidas, las mismas que mi hija mayor llama «Madres que Ayudan», en las que ella confía más que en la propia, viendo adónde no llegaron jamás mi tiempo, mi destreza o mi memoria.

Esa organización natural de las madres que están por la labor de ayudar deberían imitarla los Gobiernos (¡ahorrándose, por Dios, los grupos de WhatsApp!). Hoy, las abuelas, como las madres, no son las de antes, pueden llevar los mismos leggins que tú, ir a Pilates, ver Juego de tronos, pero no cheiran los Yatekomo ni el minimalismo que admiras es un estilo que vaya con ellas, reinas del exceso natural. Por algo son depositarias del ajuar sentimental de las familias. Hoy no guardan hilos, agujas y el arsenal de costura en las cajas metálicas de galletas danesas que todos los egeberos tuvimos en casa, cuando emitían La superabuela. Hoy las abuelas cosen menos, revientan las costuras con libertad y viven cada vez más sin pudor ni fronteras, tanto que ayudan y aconsejan y aparecen allí donde no se las espera. Tienen el poder especial de salvarte (¡y de hundirte con hablar!). Reivindico un marco legal, una reforma laboral para reconocer (y limitar) el esfuerzo de las Madres Unidas y las Abuelas sin Fronteras, estrellas de la SuperBowl de la infancia.

Se nota quién no tiene abuela y quién aún vive bajo su protección sin fronteras. Mi hija pequeña, que predice el futuro como Bill Gates, dice que de mayor seré abuela. Pues nada, vendrá un rayo mágico y me dará el superpoder.

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