S. PÉREZ

Dice Isabel Martínez-Romero Malfaz (A Coruña, 1999) que cada una de las decisiones que ha tomado desde que eligió estudiar la carrera de Estadística Empresarial en la Universidad Carlos III, de Madrid, la ha llevado al lugar en el que está ahora: uno desconocido para ella del que ahora no quiere desviarse, el de la inteligencia artificial y la robótica. Cada una de ellas, las buenas pero también las malas.

—Terminas bachillerato y tu apuesta es por la estadística.

—No tenía nada claro qué era lo que quería estudiar. A mí me gustaban las matemáticas y la economía, aunque tampoco se me daban genial. Incluso hice la selectividad sin tener una elección clara. Pero el padre de una amiga me habló del grado de Estadística Empresarial en Madrid, y como combinaba esas dos ramas, me animé.

—No es una carrera muy conocida.

—Nada, de hecho siempre que hablo de ella la gente me pregunta que qué es eso y qué estudio. Antes de iniciar el curso ni siquiera yo la conocía.

—Al final has terminado en el campo de la inteligencia artificial y la robótica. ¿Te especializaste durante la universidad?

—No, yo terminé la universidad e hice prácticas en una consultoría. En esa etapa aprendí muchísimo y fue mi primer contacto con el mundo laboral, pero desde ese momento he cogido varios caminos. Al terminar decidí que quería opositar para el Instituto Nacional de Estadística, pero después de cuatro meses sentí que eso no era lo que quería hacer. Así que fue volver a empezar de nuevo, y busqué otro período de prácticas. Eso me llevó a un banco, donde estuve en el área de validación interna y control de datos de riesgo. Vi muchas cosas de programación y un mundo aparte del de la consultoría, enfocado en el sector financiero. Me gustó mucho, terminó la beca y me contrataron. Ahora estoy en el departamento de inteligencia artificial y robótica.

—O sea que cuando comenzaste la carrera ni te imaginabas que terminarías donde estás ahora.

—Para nada. Incluso si hace seis meses me dices que estaría trabajando donde estoy, no me lo creo. Al final ha sido cada paso que he ido dando, incluso los menos acertados, lo que me ha llevado a cada una de las experiencias que he vivido y hasta aquí. No ha sido un camino lineal, esto es un proceso.

—¿En qué consiste tu trabajo? El nombre suena a difícil.

—Busco automatizar procesos dentro de la entidad financiera para eficientar el trabajo; se robotizan actividades rutinarias que harían determinados departamentos del banco para ahorrar tiempo. Mi día a día no es para nada rutinario, pasas por todas las áreas de la empresa. También hay días más tranquilos y otros en los que las tareas son más exigentes. Además, valoro la flexibilidad que tengo, con dos días a la semana de teletrabajo.

—¿Qué es lo que más te ha sorprendido del cambio de estudiante a trabajadora?

—La independencia que empiezas a tener, que conlleva responsabilidades, tanto buenas como malas. Tus acciones repercuten en la vida real.

—Algo que no te esperabas…

—Todas las oportunidades que van saliendo. A veces crees que es terminar la carrera y directamente encuentras tu vocación, y a mí no me ha pasado. Es ir probando y aprovechando las oportunidades. Hasta la selectividad te lo dan todo hecho, luego eres tú quien pauta tu vida.

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