Antonio Sandoval

Igual eres una de esas personas que en cuanto pueden se zambullen en una buena lectura. O de esas que pasan muchas horas sobre sus libros de texto. Has de saber que si existe un auténtico devorador de páginas en tu centro educativo, no eres tú, sino este insecto: el pececillo de plata (su nombre científico es Lepisma saccharina). Eso sí: su relación con las letras es muy diferente de la tuya. Él se las come. Literalmente.

Una estirpe muy antigua
El pececillo de plata adulto mide entre 13 y 25 milímetros de largo. Más ancho por la parte delantera, su abdomen se estrecha al final, dándole esa apariencia de pez tan curiosa, aún más llamativa cuando se pasea con unos movimientos ondulantes muy característicos. En su extremo terminal destacan algo así como tres cabellos gruesos y cortos. En su cabeza, dos largas antenas. Si se le caen unos u otras, o los pierden, son capaces de regenerarlos en pocas semanas.
Sus ancestros más remotos se consideran los insectos más tempranos y primitivos. Evolucionaron quizá a mediados del Devónico, y posiblemente ya a finales del Silúrico. Es decir, hace más de 400 millones de años. Casi nada. Igual que aquellos tatarabuelos suyos, el pececillo de plata actual no vuela. Tampoco lo necesita. Si nadie lo molesta, llega a vivir más de tres años.

En busca de descendencia
Cuando un macho y una hembra de pececillo de plata se encuentran, su sistema para perpetuar una familia tan antigua como la suya resulta de lo más elaborado. Durante media hora se exploran con sus antenas y se persiguen, hasta que finalmente el macho deposita junto a la hembra un espermatóforo. Se llama así a una diminuta cápsula que la hembra recoge e introduce en su interior, para fertilizar sus óvulos. Más tarde ella pondrá sus huevos en algún lugar secreto. Tardarán entre dos semanas y dos meses en eclosionar. Para crecer, los pequeños se deshacen de sus partes duras exteriores una y otra vez. Algunos llegan a cambiar de traje más de 30 veces en un solo año.
Su hábitat ideal, en tu centro educativo y probablemente también en tu casa, son las zonas menos secas. Para este insecto, los rincones ideales son los que se mantienen entre el 75 y el 95 % de humedad relativa. Es así posible encontrarlo en bañeras, lavabos, cocinas, áticos, sótanos… Muchas personas se llevan un buen susto cuando lo descubren, por ejemplo, al encender la luz en mitad de la noche. No hay motivo: los pececillos de plata son absolutamente inofensivos, y no transmiten enfermedades.
Quien se ha tomado la molestia de investigar su menú ha descubierto que se pirra por los platos más sorprendentes: papel o cartón y también alfombras, ropa, restos de café, caspa, cabello, fotografías, yeso o azúcar. Más increíble aún es el hecho de que sea capaz de vivir un año o más sin comer, si hay agua disponible.

 

INVESTIGA E IMAGINA

Pececillo de plata. ¿Sabes si hay pececillos de plata en tu centro educativo? Pregunta, por ejemplo, en la biblioteca. Incluso prueba a buscar huellas de su presencia en forma de páginas de libros mordisqueadas por sus diminutas bocas…

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