Sara Cabrero
Ese garabato que todos los niños han hecho en su vida tiene mucho más valor del que se pueda pensar. También esos paisajes compuestos por una clásica casita con un sol y una chimenea. El dibujo es primordial durante la infancia y la adolescencia del individuo y trae consigo una de las partes más importantes del desarrollo evolutivo de las personas. Porque en esas hojas llenas de líneas y rayones hay mucho más aprendizaje del que se pueda imaginar.

El dibujo es una de las primeras formas de expresión de los niños, una experiencia que puede servir como vía para ponerse en contacto con uno mismo, pero que se va perdiendo a medida que se aleja la niñez. Los expertos llevan años advirtiendo que esta habilidad inherente al ser humano ha ido perdiendo peso en el currículo en favor de una educación menos artística y más técnica, una cuestión que —esto sorprenderá— tiene mucho que ver con la revolución industrial. «La educación se empezó a orientar hacia una concepción utilitaria: la de crear obreros para el sistema. Es entonces cuando orientamos las asignaturas artísticas hacia las manualidades y el dibujo», explica Alberto Torres, experto en didáctica de las artes plásticas y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Pero el aprendizaje del arte, entendiéndolo como tal, tiene mucho que ofrecer a la sociedad actual. «La creatividad, el proceso de expresión a través del dibujo van a ser claves en los próximos años. Quien no sea creativo no va a tener sitio en los nuevos espacios laborales porque no será capaz de adaptarse con rapidez a las situaciones que traerán consigo tecnologías como la inteligencia artificial», sentencia Torres.

Para poder ayudar y acompañar a los niños en este camino es importante saber que el dibujo es un proceso evolutivo y de desarrollo que tiene ciertas características realmente interesantes. Tal y como explicaba el profesor Viktor Lowenfeld, que ayudó a definir y desarrollar el campo de la educación artística, hay seis etapas que determinan cómo el niño se relaciona con el mundo que lo rodea a través del dibujo. Con un solo dibujo se puede detectar si un niño tiene problemas de madurez plástica y conocer su desarrollo emocional o perceptivo. También si tiene algún problema en el ámbito familiar (se puede leer si hay conflictos en el hogar), o en el mundo que lo rodea, o en aspectos intelectuales. Dibujar es una forma de comunicarse, de trasladar las inquietudes, de plasmar el mundo que se ve. Y todo esto es una fuente inagotable de información.

Conocer las diferentes etapas y entenderlas puede ayudar a los adultos a impulsar el desarrollo del niño. Las edades son una guía aproximada, pero habrá niños que evolucionen antes y otros a los que les cueste más. Durante la primera, la del garabateo, no se debe pedir a los niños que copien formas o dibujen cosas concretas, puesto que puede resultarles frustrante. Además, es recomendable estar cerca de ellos, puesto que les resulta gratificante enseñar las obras. En la preesquemática, los niños disfrutan comentando sus dibujos, por eso podemos preguntarles cosas acerca de ellos y escuchar sus historias. Es en este momento cuando desarrollan la capacidad de mirar señalando cosas como los colores de las estaciones o los detalles de la ropa que llevamos.
La siguiente, la esquemática, pasa por un desarrollo rápido de las capacidades perceptivas, por lo que se les puede ayudar a descubrir los detalles del entorno enseñándoles a observar con calma. No se debe corregir los dibujos, ya que se puede limitar el desarrollo de un estilo propio, y es normal que no haya línea del suelo o del horizonte. A partir de los 8 años empiezan a entrar en el prerrealismo, y es cuando puede surgir la crisis del dibujo. Los niños son muy críticos y se sienten frustrados porque ven en el mundo características que no saben cómo trasladar al dibujo. Es entonces cuando se los puede empezar a guiar, mostrarles cómo se pueden plasmar algunas cosas y enseñarles técnicas de dibujo.

En las siguientes etapas se avanzará hacia la perspectiva y hacia figuras humanas más naturales. Seguirán siendo muy críticos con su propio trabajo y les encantará probar materiales nuevos que les supongan un reto.

1. Etapa del garabateo. De los 2 a los 4 años
Descubren que pueden dejar rastro sobre una superficie con el movimiento. Existen varias etapas en función del desarrollo visual y motor del niño. No pretenden hacer formas figurativas y los adultos no deben dirigirlos hacia eso. Simplemente hay que dejarlos disfrutar del movimiento y del proceso y alabar su obra.

2. Etapa Preesquemática. De los 4 a los 7 años.
Empiezan a representar figuras, generalmente a sí mismos, puesto que es un momento egocéntrico. Los dibujos se componen de esquemas que se repiten (como el círculo para la cabeza o unas líneas para las piernas).

3. Etapa Esquemática. De los 7 a los 9 años
Se empiezan a reconocer figuras reales. Expertos como Alberto Torres recomiendan acompañar a los niños e ir sugiriéndoles (sin presión) una evolución de sus esquemas, por ejemplo, explicarles que en una casa se puede poner una chimenea. En esta etapa sorprende comprobar que los esquemas se repiten en culturas opuestas. Es decir, las casas que pintan los niños de África tienen una forma parecida a las de los niños de EE.UU., aun siendo las viviendas reales de unos y otros completamente diferentes.

4. Comienzo del realismo. De los 9 a los 12
Esta etapa es crítica. Los niños empiezan a preocuparse por plasmar la realidad. Son muy detallistas, amplían las perspectivas y entienden la profundidad. Es una etapa en la que la educación es clave, porque los niños pasan por la crisis del dibujo. Al no saber cómo dibujar (algo que se aprende con técnica, como las matemáticas, y a lo que todo el mundo puede llegar) se frustran y acaban dejando la actividad artística de lado.

5. Seudonaturalista. De los 12 a los 14
Es la etapa en la qu e se vuelven más críticos con sus producciones y dejan de dibujar inconscientemente para plasmar en el papel lo que ven y perciben. De hecho, ya no importa el proceso, sino el resultado final. Los dibujos son una proyección de rasgos de la propia personalidad y se pueden encontrar también alumnos que conciben el arte desde un punto de vista emocional.

6. Período de la decisión. De los 14 a los 17 años
El arte deja de ser una actividad espontánea y se convierte básicamente en el producto de un esfuerzo. Los alumnos buscan el resultado y muchas veces dejan de dar valor al disfrute del proceso tan característico de las primeras etapas. Es una etapa también importante, porque se pasa a un aprendizaje voluntario del arte.

Compartir en Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies