S. Pérez
Dice Olalla Rama García (Sofán, Carballo, 1997) que su vocación con las tecnologías de la información la fue descubriendo poco a poco, con el tiempo. Le gustaban los niños y enseñar, sentir que podía aportar algo a su desarrollo, así que su plan era hacer educación infantil o primaria. Pero nunca se cerró puertas, y en el instituto se dio cuenta de que se le daban bien las ciencias y las matemáticas y de que le llamaba la atención la programación. Así que pensó: «Igual puedo hacer Informática y, llegado un punto, ser profe igual». Así fue. Al menos la primera parte. Olalla se graduó en Informática en la Universidade da Coruña y allí cursó el máster en Ciberseguridad, que se imparte en colaboración con la Universidade de Vigo. «La mejor decisión que pude tomar», afirma.

—Chica e informática de profesión. Decidiste darle una oportunidad al campo de las tecnologías de la información cuando, desafortunadamente, no es lo habitual.

—No fue algo que me frenara el saber que era una minoría, pero empecé la carrera con miedo a no encajar. Y no en el sentido a no sacar las asignaturas, sino a sentirme integrada. Que luego, para nada. Además, no iba a dejar de hacer algo que me gustaba por hipotéticos.

—¿Tenías referentes?

—Como tales, no. Empecé a interesarme porque mi hermano hizo una FP de informática, pero no tenía ningún referente. Y menos que fuese chica o estuviese en mi entorno.

—El primer año de la carrera es determinante. ¿Cómo fue tu experiencia?

—El primer año se me hizo un mundo. Empecé con la idea de que me encantaba la programación y en la carrera me di cuenta de que no. Luego también me encontré con otras cosas que no me gustaban. Y pensaba: «Empecé por la programación y no me gusta». Además, fue un cambio enorme pasar del bachillerato a la universidad. Antes estabas en un grupo más reducido, los profesores estaban encima, se preocupaban por ti y podían estar más pendientes. Luego, en un aula con doscientos alumnos eso era más difícil. Me sentí un poco superada, me sentí más sola, menos acompañada. En determinados momentos, el nivel de exigencia es mucho mayor. Te supera el miedo a no poder. Pero luego pasé primero y todo fue cuesta abajo, cada vez más fácil. Lo difícil fue empezar.

—Luego decides especializarte en ciberseguridad. ¿Por qué te animas a entrar en esa rama?

—En tercero de carrera ya tuvimos la oportunidad de elegir optativas, y ahí cursé mi primera asignatura de seguridad informática. Y ahí fue también donde supe que quería ir por la parte de tecnologías de la información. Luego el máster lo empecé porque sabía que eso era lo que me gustaba. Mis padres me apoyaron mucho en la decisión de hacer un máster para especializarme. Y a día de hoy diré que es la mejor decisión que pude tomar. El máster de la Universidade da Coruña es muy práctico y te prepara muy bien para comenzar en el ámbito profesional.

—¿Cómo fueron las prácticas?

—Ya las había hecho durante la carrera, pero no estaban muy relacionadas con lo mío, más bien se orientaban al desarrollo. En el máster hice seis meses de prácticas obligatorias como becaria en ciberseguridad. Fundamentalmente, hacía auditorías de páginas web, buscando debilidades para proponer soluciones. Fueron fundamentales para integrarme en el mundo laboral. En seis meses aprendí muchísimo, rodeada de profesionales que no solo me enseñaron temas de ciberseguridad, sino el trabajo de un día a día en una empresa y en equipo.

—¿Dónde trabajas actualmente?

—Soy analista y gestora de vulnerabilidades en un proyecto de la Amtega [Axencia para a Modernización Tecnolóxica de Galicia]. Lo que hago en mi día a día es buscar debilidades en páginas web para analizarlas, priorizarlas y proponer soluciones.

—¿Sois muchas chicas?

—En mi equipo somos siete personas y soy la única chica.

—¿Cómo es tu día a día? Cuéntanos un ejemplo de una jornada.

—Suelo tener un horario fijo, de ocho de la mañana a tres de la tarde; y otros dos días a la semana también trabajo por la tarde. Aun así, hay flexibilidad horaria. Teletrabajo la mayor parte del tiempo y a veces voy presencial para reuniones.

—Cuando comenzaste en la universidad, ¿te veías donde estás ahora?

—Cuando empecé, tenía claro que me gustaba la educación y pensaba que al terminar prepararía el máster de docencia. Ahora no es algo que descarte, pero más a largo plazo.

—El 25 de abril fue el Día Internacional de las Niñas en las TIC y desde el Cesga y el Citius contaron contigo para compartir tus experiencias. ¿Qué te trasladaban las asistentes?

—Más que nada, a la mayoría les extrañaba ver un perfil como el mío en este ámbito. Yo insistía en que no todos los informáticos son frikis que no salen de su habitación y están todo el tiempo en el ordenador. Y se reían porque ese es el concepto que se les viene a la cabeza. Pero no es así.

—Un consejo que te gustaría haber escuchado antes.

—Que piensen en lo que quieren hacer y que no se dejen llevar por lo que digan los demás. Los errores a veces se convierten en aciertos. En mi caso, empecé Informática pensando que me gustaba una cosa, luego no me gustó y descubrí otra cosa que me apasiona. Que no tengan miedo si es una carrera para hombres. Ellas son igual de válidas. A mí me gusta apoyarlas a ellas.

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