Carlos Ocampo

Antes de que se extendiera todo este lío de la pandemia, antes todavía de los confinamientos y las restricciones, cuando ni siquiera Italia había alarmado a toda Europa y en España muchos creían que solo era un cuento chino, los expertos hablaban de la neumonía de Wuhan o neumonía por coronavirus de Wuhan, porque fue en esta ciudad china, capital de la provincia de Hubei, donde se detectaron los primeros casos, y la neumonía bilateral (es decir, provocada en los dos pulmones) su manifestación más grave.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) pronto puso nombre a este nuevo patógeno: SARS-CoV-2. Los coronavirus son una familia de virus que pueden causar enfermedades respiratorias más o menos graves a los animales y a las personas y el nombre científico del que causa esta epidemia es la sigla (SARS) de la expresión inglesa severe acute respiratory syndrome, que significa síndrome respiratorio agudo grave, sumada a CoV, que es una expresión abreviada de coronavirus. Y el 2 responde a que es el segundo microorganismo de este tipo que se conoce. Lo de -virus está claro, pero ¿a qué obedece lo de corona- en esta palabra? Al aspecto que tiene al verlo en el microscopio, pues tienen una membrana con puntas en forma de corona.

Término científico culto
Podríamos preguntarnos por qué entonces no se llama en inglés crownvirus o en gallego coroavirus, por ejemplo, uniendo a -virus las palabras que en dichas lenguas significan ‘corona’ (es decir, crown o coroa, respectivamente). La razón es muy sencilla: se trata de un término científico culto, que se formó no con palabras patrimoniales de las lenguas, sino con dos palabras del latín: coronam, que significa ‘corona’, ‘diadema’, ‘halo’, y virus, que significa ‘veneno’. Lo curioso es que en español, a diferencia de lo que ocurre en inglés y en gallego, ambas palabras, corona y virus, conserven exactamente la misma forma que en latín, y eso se debe a que en esta lengua se trata de cultismos, es decir, palabras latinas introducidas tardíamente, probablemente a partir de los siglos XIV o XV, y que no siguieron las leyes de evolución fonológica que ya habían dejado de transformar la lengua.

La dolencia causada por este patógeno se llamó inicialmente COVID-19, que en inglés es un acrónimo de coronavirus disease, esto es, ‘enfermedad del coronavirus’. Como todo esto es muy nuevo, y la enfermedad era completamente desconocida, fue adoptada por todo el mundo y todas las lenguas así, con esta forma, en parte debido a que la máxima autoridad sanitaria del planeta, la OMS, que era la principal fuente de información tanto de los desconcertados gobernantes como de los médicos y expertos, la tomó como guía.

Al principio, como tal acrónimo, se escribía toda en mayúsculas. Al poco empezó a usarse con mayúscula solo en la primera letra (Covid-19) y finalmente se lexicalizó (se convirtió en una palabra de pleno derecho) y pasó a escribirse en minúscula (covid-19). Hoy ya se prescinde con frecuencia incluso del -19, que es algo un poco raro para una palabra casi normal.

Género gramatical
Sin embargo, aún no se ha estabilizado su género gramatical. Algunos empezaron diciendo la covid-19, porque entendían que era una enfermedad, como la cefalea o la gripe, pero otros optaron por el covid-19, quizá pensando en el cáncer, los síndromes u otras dolencias como el ébola. Por eso podrás encontrarla en distintos medios de comunicación escrita como femenina o como masculina. Y esto quizá continúe siendo así durante mucho tiempo.

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