S. Pérez

No fue vocación lo que llevó a Clara Pastur (A Coruña, 1998) a convertirse en ingeniera química. De hecho, ni siquiera recuerda haber pensado durante los dos años que cursó de bachillerato qué quería hacer al terminar. Pero acertó, según ella, porque eligió «una carrera que no estaba centrada en un solo campo y que tenía una variedad de másteres con la que completarse». Lo que no quería era verse limitada años después por su decisión. Y también lo consiguió: Pastur ha orientado su carrera hacia la sostenibilidad corporativa. Hace unos meses comenzó a trabajar para Greenalia.

—No tenías muy claro qué querías estudiar. ¿Qué te encontraste en Enxeñaría Química?

—Me gustó, y a medida que pasaban los años, todavía más. Y eso es un punto a favor de la Universidade de Santiago (USC), porque comparada con la experiencia que habían tenido otros compañeros en otras facultades, sentí que los profesores realmente estaban ahí para que aprendieras.

—Y en ese camino de cuatro años, ¿sabías hacia dónde querías enfocar tu carrera profesional?

—Siempre escogía todo lo que estaba relacionado con el medio ambiente. Esa era la rama que más me gustaba, cuando estudiaba sobre residuos o sobre tratamiento de aguas, por ejemplo.

—¿Al terminar mantuviste esa apuesta por la ingeniería ambiental?

—Sí. A medida que estudiaba, no me veía siendo el perfil normativo de ingeniera ni dedicándome a la producción industrial, sino a la medioambiental. Así que hablé con mi tutora y me recomendó un máster de la Universidad Técnica de Dinamarca, donde ella ya había estado y había tenido una experiencia muy buena. Así que lo pedí y me lo dieron, la verdad es que no lo pensé mucho. Además, quería vivir también una experiencia en el extranjero.

—¿Fue allí tu primer contacto con el mundo laboral?

—Me resultó muy fácil conseguir trabajo mientras estudiaba el máster, de hecho está diseñado para que puedas hacerlo. De los dos años que estuve en Copenhague, durante uno y medio trabajé en el departamento de sostenibilidad corporativa de una empresa.

—¿Qué es eso de la sostenibilidad corporativa?

—Es difícil de explicar. La sostenibilidad en la empresa se basa en tres factores: ambiental, social y de gobernanza. Por ejemplo, en la parte de medio ambiente se emiten informes sobre el impacto y estás al tanto de nuevas directivas; en la social, estás en contacto con recursos humanos para ver qué se está haciendo, y en la de gobernanza, haces análisis de riesgos. Esto hace referencia a las siglas ESG.

—¿Qué es lo que más te ha sorprendido de este trabajo?

—Que era un área muy versátil y que está en continua evolución. Me gustó la cantidad de aspectos que abarca y los proyectos en los que te puedes centrar.

—¿Cómo valoras tu experiencia en el extranjero?

—Marcharte te da lo que no consigues de otra forma, y Dinamarca me parece un país que tiene mucho que enseñar a la gente en cuanto al tema laboral. Allí gané valores humanos para saber trabajar y para saber ser. Si te quedas siempre en el mismo lugar, te vuelves más cuadriculado.

—Después de trabajar fuera, ¿dista mucho de hacerlo aquí?

—A nivel general, no. De hecho, en Greenalia mi trabajo se parece mucho a lo que hacía en Copenhague. Cambia el tamaño de la empresa, de 2.500 empleados he pasado a algo más de cien. Por el camino también estuve en consultoría de sostenibilidad.

—Si volvieras a bachillerato, ¿cómo te aconsejarías?

—Que no me preocupara demasiado porque al final terminaría haciendo muchas cosas. El consejo que daría sería estudiar una carrera que tuviera un gran abanico de másteres disponibles.

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