CRISTINA PORTEIRO

Al norte de la isla indonesia de Bali, en el paradisíaco mar de Java, a 850 metros de profundidad yace lo que queda del submarino Nanggala-402. Nada se sabe de sus 53 tripulantes, militares que habían embarcado el pasado miércoles 21 de abril para ensayar unas maniobras. Solo han aparecido algunos enseres: un chaleco salvavidas, alfombras y anclas.

¿Qué ocurrió?

No se sabe todavía. El submarino, de fabricación alemana y 44 años de antigüedad, inició el descenso el miércoles de madrugada para ensayar el lanzamiento de un torpedo. A los 40 minutos dejó de emitir señales. Tras una intensa búsqueda, fue detectado el domingo partido en tres a 850 metros de profundidad. A más de 400 metros de sumersión, la estructura estalla por la presión del agua, que es lo que se cree que pudo pasar. Pero se desconoce qué hizo al submarino a descender a esa profundidad: si hubo un fallo humano (casi descartado), alguna explosión o un fallo eléctrico que no pudieron reparar.

¿Por qué no se rescató a la tripulación?

En un primer momento se intentó. Se movilizaron más de 20 barcos y aviones de Indonesia y otros países para buscar supervivientes. Pero solo se hallaron una mancha de aceite y algunos objetos del submarino, lo que llevó a pensar en un mal desenlace. Además, la búsqueda fue contra reloj, porque, de estar vivos, los tripulantes solo tenían oxígeno hasta la madrugada del sábado. Los radares (que sirven para detectar fuentes de magnetismo) dieron con la ubicación.

¿Puede haber supervivientes?

No. Si alguno hubiera sobrevivido a una explosión, no habría podido alcanzar la superficie. No solo porque tardaría demasiado en llegar, sino también por la presión del agua sobre el cuerpo humano, que no resistiría al proceso de descompresión. Cuando se sube a la superficie, desciende la presión del agua que hay encima. Entonces, los gases que se formaron al descender se liberan por el cuerpo. Ese exceso de gas, si se expulsa de golpe, puede obstruir las arterias, por donde circula la sangre con oxígeno, provocando la muerte.

¿Qué hacían en el mar?

Indonesia y el resto de los países tienen submarinos para vigilar y controlar sus aguas. También ensayan maniobras militares para prepararse en caso de ataque.

 

«MADE IN SPAIN»: EL SUMERGIBLE MÁS AVANZADO DEL MUNDO

Marcial Guillén / EFE

España celebró la semana pasada la puesta a flote (bautizo) del submarino más avanzado del mundo, el S-81 Isaac Peral. Alcanza los 35 km/h bajo el agua, aguanta un mes sumergido, es prácticamente imperceptible y lanza misiles a una distancia similar a la que hay entre A Coruña y Barcelona.

 
 
El español Isaac Peral fue el primero en diseñar esta nave moderna

¿Quién dijo que los españoles no tienen ingenio? El submarino torpedero lo inventó el científico y militar español Isaac Peral (Cartagena, 1851). Con el apoyo de la entonces reina regente, María Cristina de Habsburgo-Lorena, y con el rechazo de una parte del cuerpo, la nave fue estrenada en el año 1888. Funcionaba con la propulsión de motores eléctricos y era capaz de lanzar torpedos para hundir barcos sin ser visto. Por entonces, Robert Watson–Watt, bebiendo del trabajo del científico Nikola Tesla, todavía no había inventado el radar marino (1935), así que era muy difícil detectar uno de estos monstruos marinos debajo del mar.

 

 

Las mujeres que ayudaron a hundir los submarinos de Adolf Hitler

Sin las 66 mujeres británicas del Servicio Naval Real de Mujeres (Wrens), jamás se habría destruido la flota de submarinos que utilizó Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial para librar la que se bautizó como batalla del Atlántico. Alemania y el Reino Unido se disputaban el control del mar. Expertas en matemáticas y estadística, estas mujeres diseñaron una especie de juego con tizas y cuerdas para detectar patrones y anticiparse a los ataques. Así fue como las autoridades británicas se dieron cuenta de que los submarinos alemanes, agazapados en las profundidades del mar, escogían una flota de barcos y emergían entre ellos sin ser detectados, destrozando las naves, tanto buques de guerra como mercantes, que eran muy importantes para mantener el comercio y el flujo de mercancías y alimentos con el continente.

EPA PHOTO

El precio del progreso humano

Los tripulantes del Nanggala-402 se suman a la lista negra de víctimas caídas cumpliendo misiones militares para su país. Lo mismo les ocurrió a los 118 marines del submarino ruso Kursk en el año 2000. La nave, la más asombrosa de la época, sufrió dos extrañas explosiones durante la mayor demostración naval rusa desde la caída de la Unión Soviética (1991). Su longitud era similar a la de un campo de fútbol y su altura alcanzaba ocho pisos. Al menos 23 personas sobrevivieron a las explosiones. Se refugiaron en la parte de la escotilla. Los rescatadores oyeron cómo la golpeaban pidiendo auxilio. Al recuperar una parte del submarino se encontraron las notas que escribieron los tripulantes en esos dos días y medio que duró su agonía, a oscuras, sin agua, con poco oxígeno y con frío. La versión oficial es que un torpedo viejo estalló, aunque existen sospechas que apuntan a un ataque accidental de un submarino norteamericano que estaba en la zona. Y es que, como demuestra esta historia y la del Nanggala-402, el control, vigilancia y dominio del mar sigue siendo una prioridad para la defensa de un país. De ahí la importancia de los submarinos, que no se ciñe solo a la carrera militar.

Casi todas las tecnologías que se desarrollan con fines comerciales o bélicos arrancan con fines civiles o de investigación científica. ¿Sabías que el Internet que utilizas hoy se inventó para crear una red de comunicaciones segura en el Departamento de Defensa de Estados Unidos para evitar espías?

La carrera espacial también se vio beneficiada del pulso militar entre Estados Unidos y la URSS en la Guerra Fría. La curiosidad humana y su instinto explorador se alimentaron de la rivalidad política entre potencias hasta conseguir alcanzar la Luna en el 1969.

Muchas personas han arriesgado y perdido sus vidas por descubrir nuevos lugares, tecnologías y recursos. Son el motor del progreso humano. El afán por llegar más lejos también arrebató las vidas de los tripulantes de los transbordadores espaciales Challenger (1986) y Columbia (2003).

 

 

Solo conocemos entre el 5 y el 10 % del fondo oceánico

Los submarinos tienen muchas utilidades. Sirven para labores de defensa, pero también de vigilancia y hasta para hacer turismo. La más productiva es la exploración. El ser humano solo conoce entre un 5 y un 10 % del fondo oceánico. El 90 % restante es oscuridad. Seguramente haya materias primas o especies nuevas por descubrir. A partir de los 400 metros de profundidad no hay luz y empiezan a aparecer peces muy raros (abisales), adaptados al fondo marino, oscuro y frío. Hasta allí solo llegan robots o submarinos muy pequeños y resistentes.

 

 
Los calamares gigantes que inspiraron obras literarias

¿Sabías que se han grabado imágenes de calamares gigantes vivos de 18 metros de longitud? No te preocupes, habitan a 2 kilómetros de la superficie. Algunos se acercan cuando están a punto de morir y son capturados por otros depredadores como tiburones o cachalotes. Es lo que le pasó a la hembra fotografiada viva en la playa de Bares (Galicia) en el 2016. Se cree que la mitología y la literatura en torno al kraken, un monstruo gigante con tentáculos que aterrorizaba a los marineros, parte de los encuentros de barcos con calamares gigantes.

 

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ENTENDER

El vínculo de Galicia con el fondo del mar

Galicia tiene una larga tradición marinera. Desde los pescadores que embarcaban para ir al bacalao en Terranova hasta los pescadores de bajura han sufrido naufragios. Muchos desaparecen sin dejar rastro. Sin el cuerpo, no se puede dar por muerto al desaparecido hasta un mes después. En el pasado se podía alargar muchos años el reconocimiento, y algunas familias reclamaban como suyos cuerpos anónimos para poder cobrar una pensión.

El 10 de noviembre de 1943 (Segunda Guerra Mundial), muy cerca de Estaca de Bares, los británicos destruyeron el submarino alemán U-966 Gut Holz. Su tripulación fue auxiliada por pescadores. En la refriega, en la que intervinieron cazas, murieron ocho alemanes y doce británicos.

Más recientemente (diciembre del 2019), un grupo de narcotraficantes fueron detenidos cuando intentaban introducir droga en Galicia con el primer narcosubmarino del que se tiene constancia en Europa. Transportaban 3.000 kilos de cocaína.

 

PROFUNDIZAR 

De las cimas a las simas marinas, el ser humano pone a prueba su capacidad de superación

Las personas no podemos sobrevivir en las profundidades marinas, por la presión. También podemos morir intentando alcanzar la cima de la montaña más alta del mundo, el Everest (8.848 metros). Allí el oxígeno es tan fino que casi no nos llega. ¿Por qué entonces el ser humano se empeña en asumir riesgos? Para superarse, llegar más lejos y saber qué hay más allá.

No todas las historias tienen un final aciago como el del Nanggala-402. Quizá hayas visto la película «¡Viven!», basada en la historia de los 16 pasajeros que sobrevivieron a un accidente de avión en los Andes en 1972. Tuvieron que alimentarse de los cuerpos sin vida de sus compañeros (antropofagia) durante días, lo que dejó una huella psicológica imborrable en sus vidas.

 El instinto se supervivencia es tan fuerte en el ser humano que siempre nos asombran las historias imposibles, como la del rescate en el 2010 de 33 mineros chilenos que pasaron 69 días atrapados a 720 metros de profundidad en la mina San José. ¿Cómo sobrevivieron? Racionaron la comida, potabilizaron agua y se apoyaron unos a otros para mantener el ánimo. ¿Crees que hay más opciones de sobrevivir colaborando en grupo en cualquier circunstancia?

En el 2018, 12 jóvenes se quedaron atrapados en unas cuevas de Tailandia. El nivel del agua subió de repente, obstruyendo la salida. El mundo se movilizó hasta rescatarlos 17 días después. Un buzo, que se prestó voluntario para acercarles oxígeno, falleció. ¿Crees que serías capaz de arriesgar tu vida por la de los demás?

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