Fernando Pariente.

Florence Nightingale supo muy bien lo que quería desde muy niña: cuidar enfermos y atenderlos para curarlos. Su familia, bien acomodada, no compartía sus propósitos. Estaba destinada a un buen matrimonio y disfrutar de una vida cómoda, así que no podía malgastarla ejerciendo un oficio que entonces estaba reservado para señoritas de las clases bajas, sin formación y sin mejores perspectivas. Pero Florence tenía una vocación y un objetivo, y la Guerra de Crimea le ayudó a conseguirlo. Los soldados heridos estaban tan mal atendidos desde el punto de vista sanitario y en tan malas condiciones higiénicas que eran más los que morían a causa de infecciones contraídas durante sus tratamientos que los que lo hacían como resultado de las heridas recibidas en la batalla. Ella fue capaz de organizar los hospitales de campaña y al terminar la guerra volvió a Londres como una heroína, preparada para fundar la Escuela de Adiestramiento de Enfermeras en el Hospital Saint Thomas, la primera escuela moderna del sector.

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