CARLOS OCAMPO

El 15 de junio de 1977 también cayó, como hoy, en miércoles, pero fue un día muy especial en España: se celebraron las primeras elecciones generales de la democracia. La primera página de La Voz de ese día abría con la «Alocución de Gutiérrez Mellado por RTVE», de la que reproducía algunas frases: «El abstenerse significa inhibición, y España necesita de todos los españoles». Manuel Gutiérrez Mellado, teniente general del Ejército de Tierra, era entonces el vicepresidente del Gobierno, al frente del cual estaba Adolfo Suárez. Su discurso de la víspera, recogido íntegramente por La Voz, pretendía movilizar a los muchos ciudadanos que todavía no comprendían bien que esas elecciones significarían la superación definitiva de un régimen dictatorial.

Al día siguiente, el titular era: «Claro triunfo del Centro [UCD] en los primeros escrutinios. El PSOE parece ocupar el segundo lugar». En esa primera página se hacía referencia a los resultados en Galicia: «En las provincias de Lugo y Pontevedra, el segundo lugar se asigna a Alianza Popular [de la que luego salió el Partido Popular, el PP]»; «Mientras en las de La Coruña y Orense lo disputa con el PSOE».

Pero los resultados definitivos no se publicarían hasta el día siguente, el 17 de junio

¿Te extraña esta falta de datos definitivos al día siguiente? Hoy tenemos el resultado de unas elecciones generales el mismo día, antes de las doce la noche. Pero aquel jueves 16 hubo que conformarse con resultados provisionales, quizá por la falta de práctica en los recuentos, quizá por la de medios técnicos. O quizá por lo que señalaba el conocido escritor Francisco Umbral: «Estas elecciones, por lo mal organizadas, las ha perdido la burocracia española».

Así se vivieron en Madrid

La Voz de ese jueves 16 ofreció una crónica de Umbral, «Las elecciones», en la que contaba su periplo de la víspera por Madrid. Una crónica más de ambiente que política: «Los colegios electorales funcionaban con animación y desconcierto». Pero sin evitar observaciones sociológicas: «El madrileño sigue teniendo la idea de las dos Espadas y vota contra alguien, más que a alguien», ni críticas políticas.

Primera escala en Chamartín, donde la «neoburguesía» que lo habita les da a los colegios «un ambiente de salida de misa dominical, de gente bien educada, que parecía haber pasado a votar después de la iglesia y antes de la confitería». «Los señores de las mesas […] estaban allí como presidiendo la mesa de la cuestación o del cáncer», continúa Umbral. Y en algunos «de estos colegios burgueses, una mano piadosa cogía de vez en cuando un montón de papeletas de Alianza Popular y las ponía encima de las papeletas del PSOE o del PCE». Trampas que el cronista atribuye a «señoras entusiastas o pandillas adolescentes».

De allí al «cinturón de la miseria, que hoy se llama zona industrial», donde «el obreraje sin formación política se ha acercado a la mesa con el miedo y el respeto de muchos años de creer que la democracia es delito». También en esta zona denuncia juego sucio con las papeletas, como el que dejó en Vallecas sin «otras opciones electorales que el centrofranquismo o Alianza Popular». «Es evidente que los partidos de izquierda han perdido algunos miles de votos y los partidos de derecha han robado, por decirlo así, algunos», concluye Umbral antes de continuar por las sedes de los principales partidos.

De la de Fuerza Nueva, «en pleno barrio de Salamanca», donde destaca el «azulejo con el testamento de Franco», le llama la atención que todo transcurre «entre la cortesía y el militarismo civil». En la calle de Silva está la de Alianza Popular, que «entre mariscos y consignas ha llegado a crecer de manera muy importante»; de ella destaca que «hay mucha juventud». Donde mejor tratan a Umbral es en la del PSOE, en García Morato, «entre Chamberí y Cuatro Caminos, que es lo suyo». «No hay como estar entre amigos», aclara. De los comunistas escribe: «En Castello, en pleno barrio de Salamanca, se saben en tierra extraña».

Lección de filología

Finaliza el viaje en el Palacio de Congresos, donde es necesaria acreditación para salvar la barrera de «guardias con metralletas». Algo que gusta poco a Umbral: «Supongo que esto lo han organizado Reguera [Andrés, ministro de Información y Turismo entre 1976 y 1977] y Martín Villa [Rodolfo, entonces ministro del Interior]. A ambos les conozco y a ambos les digo que no se dice acreditación, sino credencial, en castellano, y que ellos son castellano-leoneses. Pero así lo han escrito, porque el Ministerio de la Cultura es muy poco culto».

Después de referirse a «la izquierda intelectual de la lista borbónica», o sea, los senadores como Cela o Julián Marías elegidos por Juan Carlos I, se va a cenar a El País, adonde entre avances de resultados sin confirmar, llegaría «Felipe González, de pronto, moreno, descamisado, de gris, por entre las mesas impartiendo sonrisas y esperanzas».

PARA SABER MÁS

Los suscriptores pueden acceder a la Hemeroteca de La Voz. Un consejo: para tener éxito en la búsqueda, utiliza los cuadros que permiten acotar las fechas.

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