ANTONIO SANDOVAL 

Quienes vivimos en pueblos, ciudades o urbanizaciones pasamos buena parte de nuestra vida en compañía de gorriones comunes. Trinan desde árboles, alféizares o tejados. Cruzan en pequeñas y veloces bandadas al otro lado de nuestras ventanas. Picotean en la acera o entre la hierba. Se posan en los cables como a observar el mundo. Se bañan en las fuentes o en los charcos de la lluvia… ¿Cómo serían nuestras calles, plazas o parques sin esta especie de pequeños duendes voladores de color marrón? Sin duda, lugares mucho más silenciosos y vacíos.

Exactamente así, más silenciosos y vacíos, están desde hace pocas décadas los centros de muchas ciudades europeas. Si en Berlín, París o Praga sus poblaciones urbanas han disminuido de forma muy acusada, en Londres, Bruselas o Hamburgo prácticamente han desaparecido. ¡Y eso que llevan con nosotros desde que comenzamos a construir edificios!

Criaturas urbanas
Desde hace una década, más de la mitad de la población humana del planeta vive en medios urbanos. Y la tendencia sigue en aumento. Todo ello comenzó, como sabrás, en el llamado Creciente Fértil, un enorme espacio entre Egipto, Siria y Mesopotamia. Pues resulta que es precisamente en esa zona del mundo donde vivían originalmente los gorriones. Y donde, en consecuencia, comenzaron a acercarse a nuestra especie. La principal explicación a la atracción de estas criaturas por los asentamientos humanos tiene que ver con nuestra capacidad de acumular granos de cereal. Desde que nos hicimos agricultores, siempre caía uno por aquí, otro por allá… Al mismo tiempo, en las viviendas, almacenes o corrales que íbamos levantando tenían huecos para anidar. Así habría sido cómo los gorriones se civilizaron. Sin dejar de ser salvajes, pero tampoco de perseguir las migas de pan de niños y mayores.

Actualmente viven junto a nosotros desde los 400 metros por debajo del nivel del mar (en el Mar Muerto), hasta los 4.500 de altura (en el Himalaya) y en casi todo tipo de temperaturas y condiciones de humedad. Al continente americano, Australia o Sudáfrica llegaron hace poco menos de dos siglos. En algunos casos fueron llevados a propósito. En otros, no. ¡A las remotas islas Malvinas, por ejemplo, lo hicieron como polizones en 1919, en un ballenero! ¿Cuáles son, entonces, las explicaciones al descenso de las poblaciones de estas aves en el centro de algunas grandes ciudades? Investiga. ¿Cuántos gorriones eres capaz de contar en tus idas y vueltas a tu centro escolar? ¿En qué lugares hay más? ¿Hay mayor número de hembras o de machos? Diferenciarlos es muy sencillo: los primeros son como el de la foto: lucen esa garganta y pecho negros. Además, tienen la parte alta de la cabeza gris y la nuca castaña. Las hembras tienen un plumaje mucho más discreto. Por cierto, ¿sabías que, además del gorrión común, en España tenemos otras especies?

■ Para saber más. Página del gorrión común en la web Aves de Barrio de SEO/BirdLife.

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