Lech Walesa fundó en 1980 Solidaridad, el primer sindicato libre de un país comunista, y el gobierno de Jaruzelski se vio obligado a legalizarlo por la presión de las huelgas. El nuevo sindicato afilió en pocas semanas a más de diez millones de trabajadores. Entonces el gobierno anuló la legalización y encarceló a todos los dirigentes para evitar la intervención del Pacto de Varsovia en Polonia, como había ocurrido con la Primavera de Praga. Era tarde y Solidaridad siguió funcionando en la clandestinidad hasta que en 1989, cuando todo el bloque de países comunistas se desmoronaba, el gobierno optó por volver a legalizarlo y convocar inmediatamente elecciones generales para el mes de junio. Solidaridad barrió y el Partido Comunista polaco quedó reducido a una presencia testimonial en el Parlamento.

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