CARLOS OCAMPO

Que una exposición universal coincida con un acontecimiento como el quinto centenario de la conquista de América no hace más que realzar sobre otros semejantes un evento de estas características. Pues eso fue lo que hizo tan especial la de Sevilla en 1992, que se inauguró el 20 de abril, lunes.

La Expo 92, la de la mascota Curro, congregó el primer día 200.000 visitantes, según la primera página de La Voz, en la que arrancaba así la crónica: «Las campanas de las 38 iglesias de Sevilla doblaron, los fuegos artificiales estallaron, los globos multicolores volaron y dos mil palomas aletearon en libertad, en la mañana de ayer para saludar la inauguración oficial de la exposición universal […], en la que participan 110 países de todo el mundo».

No podían faltar a la inauguración «la familia real, el Gobierno prácticamente al completo, los presidentes de las instituciones del Estado y de las 17 comunidades autónomas, y el cuerpo diplomático desplazado a Sevilla». Desde Galicia acudían Manuel Fraga, que era entonces el presidente de la Xunta, Victorino Núñez Rodríguez, presidente del Parlamento autonómico, «nueve conselleiros, los rectores de las universidades, los expresidentes de la Xunta, representantes de la Cámara y numerosas personalidades de la cultura y la economía». Y lo hacía el presidente gallego con un mensaje político en el que llevaba insistiendo, y siguió haciéndolo después, algún tiempo: lo que él llamaba la Administración única.

Pelegrín no llegó

Quien no llegó a tiempo, cuenta el enviado especial en la página 21, fue Pelegrín, que, sin duda, superaría en fama al mismísimo Curro. Bueno, en realidad, era un disfraz para promocionar en Sevilla el Xacobeo 1993, uno de los grandes objetivos de la Xunta en la Expo. Y tampoco hicieron acto de presencia los representantes políticos nacionalistas: ni los del BNG ni los del PSG-EG.

Cuenta el cronista, César Casal, hoy subdirector del periódico, sobre el acto inaugural presidido por el rey Juan Carlos I que «la primera escena impresionante fue la transmisión por pantalla gigante» de su discurso. «Solo hay tres pantallas de esas dimensiones en el mundo. Las otras dos, por supuesto, en Japón y los Estados Unidos», añadía para matizar el adjetivo «impresionante». Tras la inauguración general se sucedieron las de los pabellones. La del de Galicia, con la presencia de Antolín Sánchez Presedo y Cándido Sánchez Castiñeiras —líderes del PSdeG y de Coalición Galega, respectivamente—, además de los expresidentes Gerardo Fernández Albor y Fernando González Laxe. A la proverbial «velocidad endiablada» que suele imprimir Fraga a todo lo que hace recorre el presidente de la Xunta, «acompañado de José María Aznar», el pabellón. De este, el cronista destaca «la espectacular maqueta colgante de la catedral de Santiago que los visitantes se encuentran de bruces nada más pasar la puerta». Hoy esta maqueta sigue en el pabellón, que se trasladó a Santiago y se ubicó junto al estadio de San Lázaro. El edificio es la sede de la Axencia Galega da Industria Forestal.

En los discursos de inauguración del pabellón de Galicia, tanto el conselleiro de Relacións Institucionais, Víctor Vázquez Portomeñe, como Fraga insistieron en la idea de una Administración única, en una época en la que España estaba en pleno desarrollo de constitución de las comunidades autónomas (se cerró en 1995) y de transferencia de competencias. Una propuesta «para lograr una verdadera cooperación entre el Gobierno central y […] una Galicia plenamente autonómica». «Galicia contribuye a la unidad nacional reclamando lo que es suyo», defendía Fraga, quien veía en su modelo un muro de contención frente a los nacionalismos independentistas.

La crónica de la inauguración de la Expo de Sevilla cierra el círculo con el recuerdo del papel significativo que Galicia tuvo en el descubrimiento de cinco siglos antes, pues fue al puerto de Baiona al que arribó La Pinta con la noticia, en marzo de 1493.

Y como en Galicia no hay fiesta sin banquete, «González Laxe, Fernández Albor y el propio Manuel Fraga cantaron el himno antes de dar buena cuenta de los productos de la tierra preparados para la ocasión».

La página 69 de La Voz de Galicia del 21 de abril de 1992 consistía en un gráfico explicativo de muchas cosas que sería mucho más difícil contar con palabras: desde un croquis del monasterio que da nombre a la isla de la Cartuja hasta mapas y planos para llegar al recinto ferial y moverse por él sin perderse.

PARA SABER MÁS

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