INTRODUCCIÓN

La cosmología estudia el origen, naturaleza y evolución del universo. Se trata de una ciencia que da pocos titulares, pero cuando llegan suelen resultar espectaculares. Eso sí, es una de las disciplinas más abstractas y complejas de la ciencia, por lo que acercarse a ella requiere una buena dosis de imaginación con la que cubrir los huecos de lo que no entendemos o no cabe dentro del estrecho margen de nuestros prejuicios sobre el mundo. En las últimas semanas varias noticias relacionadas de una u otra forma con la cosmología han llamado la atención de los medios.

Gracias al Nobel de Física, por ejemplo, mucha gente se ha enterado de que planetas, estrellas y galaxias sólo constituyen el 4% del universo. El resto no sólo es invisible, sino que ni siquiera sabemos de qué está hecho y cómo se comporta. Lo poco que sabemos de esta parte misteriosa lo deducimos de sus efectos sobre lo que sí vemos.

Estos descubrimientos han puesto de moda dos conceptos. Uno es la materia oscura y otro la energía oscura. Lo de oscuro, en este contexto, debe entenderse como sinónimo de <desconocido>. La materia oscura sería similar a la materia ordinaria que compone el mundo a nuestro alrededor, en el sentido de que tiene masa y por tanto genera una fuerza gravitatoria. Podría tratarse de astros sin brillo, aunque lo más probable es que sean partículas exóticas como las que aparecen regularmente en los grandes aceleradores de partículas como el LHC del CERN. La <materia oscura>, aunque desconocida por ahora, se comporta de una forma bastante previsible ya que proporciona a las galaxias la gravedad suficiente para que no se dispersen en todas direcciones.

La energía oscura es algo mucho más complejo, ya que su efecto es una especie de fuerza de la gravedad invertida, en el sentido de que en lugar de atraer a las masas entre sí haría que éstas se repelieran. En este momento nadie sabe muy bien qué mecanismo podría originar una repulsión de este tipo, aunque las pruebas de que algo así existe son muy sólidas.

1.LA NOTICIA

4/10/2011

El Nobel de Física premia las investigaciones sobre la expansión acelerada del Universo

Los astrónomos estadounidenses Saul Perlmutter, Brian P. Schmidt y Adam G. Riess son los ganadores del Premio Nobel de Física 2011 por sus estudios sobre el descubrimiento de la expansión acelerada del universo, informó hoy la Real Academia de Ciencias de Suecia.

Los tres científicos estadounidenses fueron reconocidos «por el descubrimiento de la expansión acelerada del universo a través de la observación de supernovas lejanas», informó la academia.

El Nobel rara vez premia hallazgos recientes, ya que los jurados suelen preferir investigaciones muy consolidadas. Por eso no es raro encontrar referencias a la energía oscura en el periódico de hace meses o incluso años.

5/2/2009

Los astrónomos se enfrentarán en los próximos años al reto de esclarecer el origen de la energía oscura del vacío

Los científicos creen que en el origen del Universo tuvo mayor relevancia la materia oscura y su efecto gravitatorio, mientras que ahora sería más importante la energía oscura del vacío, algo que hace que el Universo se acelere en su expansión.

La energía oscura es algo relativamente reciente, pero de la materia oscura se habla ya hace bastante tiempo. En la hemeroteca aparecen noticias sobre la ella desde hace años.

22/08/2006

Hallada una prueba directa de la existencia de la materia oscura

Científicos americanos logran una imagen de sus efectos después de 70 años de su propuesta. La enigmática masa, de la que casi nada se sabe, ocupa una cuarta parte de todo el universo.

8/01/2007

Creado en tres dimensiones el primer mapa de la materia oscura del universo

Estas partículas invisibles forman la estructura sobre la que surgieron estrellas y galaxias. La mayor parte de la masa del cosmos está compuesta por este tipo de elementos.

Al escritor, físico y matemático Nicanor Parra todavía no le han dado el Nobel, pero si el Cervantes. En esta entrada de su blog, Luis Pousa desvela cómo las fronteras de la ciencia también pueden ser una fuente de inspiración literaria.

2/12/2011

Nicanor Parra, la vida en palabras

Luis Pousa

Nicanor Parra aterriza en la literatura, como Ernesto Sábato, Robert Musil, Alexander Solzhenitsin y otros acróbatas de la existencia, procedente de las galaxias de la física y de los campos transfinitos de las matemáticas. Llega Parra a sus palabras, a sus trastos de escribir y sus metáforas, bañado en la luz insondable de los fotones y aplastado por el vértigo cósmico que únicamente conocen quienes se han asomado, aunque solo sea con un bolígrafo y una libreta llena de garabatos, a los agujeros negros y sus madrigueras esféricas. Un día el físico emerge de su materia oscura, del reverso del universo en expansión, y salta sin titubeos de la antimateria a la antipoesía, que no es lo mismo, pero casi. Su antipoesía, como la de Bukowski, es la vida en palabras, esa crónica pendenciera y deslenguada que fluye desde el Arcipreste a Quevedo y Villon hasta desembocar en Franz Kafka, su «maestro absoluto». Y estalla sin vuelta atrás en Obra gruesa (1969), donde Parra bucea en la poesía del yo, pero no del yo cutre y obsceno del ombliguismo, sino del «yo de la especie» que late bajo los versos con un murmullo milenario. «Me interesa más el renacuajo que la rana completa», soltó Parra un día a Benedetti para explicar que ya no amaba la perfecta arquitectura de cuentos y novelas. Por eso decidió arrojarse a la imperfección bastarda, heterodoxa y visceral de su antipoesía.

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