A finales de julio el Diario Oficial de Galicia (DOG) suele recoger los cierres de colegios y escuelas decretados por la Consellería de Educación y que entran en vigor el 1 de septiembre siguiente. Este año no ha hecho falta esperar hasta el último día para saber cuál será la situación del curso 2021/22 en Galicia, ya que lo anunció el propio conselleiro, Román Rodríguez Hay una noticia buena y otra mala: la buena, que en el próximo curso no se cerrará ninguna escuela unitaria; la mala, que hay ya decididos dos cierres de colegios, el de Baamonde, en el concello lucense de Begonte, y el de O Pino de Val, en Mazaricos. Además, según denuncia el sindicato CIG-Ensino, «vaise agrupar a todo o alumnado de primaria, 17 alumnos de 1.º a 6.º no CEIP Areouta, no Sardiñeiro (Fisterra) até agora escolarizados en dúas aulas, un auténtico despropósito desde todos os puntos de vista».

La falta de alumnos es un mal estructural del sistema gallego, que para el curso que viene va a perder nada menos que 4.000 estudiantes solo en infantil y primaria. El declive demográfico vinculado a la crisis del 2008 sigue pasando factura, con un 2017 sin apenas nacimientos, lo que se traduce en pocos estudiantes a partir de este año, ya que los niños se escolarizan a los tres (es voluntario hasta los seis, pero está generalizado). Precisamente, Rodríguez destacó que la caída de las matrículas para el próximo curso exige ciertos ajustes administrativos. Por suerte, y así lo reflejó el conselleiro, no ha afectado a ninguna escuela unitaria.

Estas no puede mantenerse con menos de 6 alumnos, y aunque llegan hasta segundo de primaria —por tanto, cogen a estudiantes de cinco cursos, los tres de infantil y los dos de primaria— suelen estar muy justas de estudiantes. Es habitual que se agrupen a todos los niños, de 3 a 8 años, en la misma clase; aún así, las familias suelen preferir este sistema porque los pequeños van a un centro muy cerca de casa y la atención es de primerísimo nivel, sobre todo si las unitarias se agrupan en un CRA, porque entonces los menores tienen profesores de Inglés, Religión, Música, Educación Física y todo tipo de apoyos.

Es esta educación cercana, casi familiar, en entornos idílicos y con un peso enorme de la tecnología, lo que ha supuesto un repunte de matrículas en las escuelas unitarias. En cambio, están siendo los CEIP del rural, los centros de educación infantil y primaria —los colegios públicos más reconocibles— los grandes perjudicados. En algunos se agrupan aulas, como pasará este año en Outes y Teo, y así niños de dos cursos comparten espacio, y es que a veces en cada clase hay dos o tres alumnos.

El paso siguiente es cerrar el colegio, que en la jerga técnica de la consellería se sigue considerando «fusiones» o «agrupamientos». Si el cierre de aulas no gusta entre las familias, el de colegios molesta a toda la sociedad, que no duda en echarse a la calle a protestar. Eso es lo que hicieron durante todo el año las familias de Baamonde, después de saber que el concello promovió la absorción de alumnado del centro por parte del colegio del vecino Begonte, capital municipal. Y ahora a final de curso saltó la alarma en O Pino de Val, una población de referencia en Mazaricos, que se quedará sin el colegio de primaria; los niños de la zona irán al centro de A Picota, también capital municipal.

En 16 años ya son 217 los centros educativos públicos cerrados en Galicia, en un goteo constante de desapariciones que arrastran a toda la sociedad. Eso es lo que critican las familias, porque estas se establecen donde hay colegios, y cerrarlos es condenar a estos pueblos al abandono.

 

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