CRISTINA PORTEIRO

El 14F se vota. Todos no, claro. Solo los catalanes están llamados a las urnas. Con sus mascarillas, geles hidroalcohólicos y por turnos, porque estamos en pandemia. La votación no se ha aplazado. Y eso generó muchas críticas. Del resultado del próximo domingo dependerán en buena medida la convivencia y la relación, últimamente compleja, entre esta comunidad autónoma y el resto del Estado español (Gobierno central y las otras 16 autonomías).

¿Qué se vota?

Los catalanes eligen quiénes quieren que los representen. Hay al menos nueve partidos (PSC, ERC, JxCat, Catalunya en Comú, CUP, PP, Ciudadanos, PDECat y Vox) que se han presentado a las elecciones. Los que reciban más apoyos podrán gobernar la Generalitat (como la Xunta de Galicia catalana). Según los votos que obtengan, conseguirán más o menos escaños (asientos en el Parlamento catalán, encargado de elegir al presidente autonómico y de hacer leyes).

¿Por qué interesa tanto?

Los votos no siempre son suficientes y algunos partidos se tienen que unir para gobernar, aunque no compartan las mismas ideas. En estas elecciones es muy importante a quiénes elijan como compañeros. Incluso más que ganar, porque si se impone el bloque de partidos independentistas, habrá de nuevo enfrentamientos con el Gobierno central (el de todos los españoles), como el que llevó a la convocatoria de un referendo (votación) ilegal de independencia el 1 de octubre del 2017, que acabó con sus organizadores detenidos o huidos. El domingo se medirá el apoyo de los catalanes a los partidos que les prometieron, aun sabiendo que no era posible, la independencia.

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¿Qué partidos apoyan separarse de España?

ERC (izquierda republicana), JxCat (derecha republicana), CUP (extrema izquierda) y PDECat (centroderecha republicana). Los dos primeros gobiernan actualmente en Cataluña. Entre todos tienen aproximadamente la mitad del voto. La otra mitad apoyan a partidos no independentistas.

¿Por qué aplazar las elecciones?

El Gobierno catalán convocó en diciembre las elecciones para el 14 de febrero, pero cuando las cosas se torcieron para los intereses de los partidos que la gobiernan se aferró a la pandemia para aplazarlas al 30 de mayo. La Justicia lo obligó a rectificar.

Salvador Illa: de ministro a candidato favorito

El candidato del PSC, Salvador Illa. DAVID ZORRAKINO / E. P.

Las encuestas apuntaban al exministro de Sanidad, Salvador Illa (del partido socialista) como candidato favorito de los votantes por su moderación, pero en los últimos días sus rivales de ERC y JxCat redujeron distancias atacándole de forma conjunta hasta lograr un empate virtual.

Del tripartito de izquierdas al tripartito de los separatistas

Nadie sabe quién gobernará después del domingo. Es posible, incluso, que haya que repetir las elecciones si los partidos son incapaces de aliarse y formar una mayoría. Otra de las opciones es que gobierne un tripartito, es decir, un Gobierno en el que participan tres partidos diferentes. En Cataluña se barajan dos tipos: el de izquierdas y el separatista. El primero estaría formado por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el Partido Socialista de Cataluña (PSC) y Catalunya en Comú (Podemos); esta fórmula permitiría calmar los ánimos y buscar un diálogo que no lleve a la confrontación por la independencia. El segundo estaría conformado por ERC, JxCat y la CUP; este bloque volvería a la senda de la independencia, complicando la labor del Gobierno central (PSOE y Podemos), que depende de ERC para aprobar muchas leyes. Si ERC consigue muchos votos, podría poner condiciones al PSC para aliarse, como que indulte (perdonar) a los políticos presos por el referendo ilegal.

 

Un voto de Lérida vale el doble que un voto de Barcelona

Se espera una participación muy baja. No solo por el miedo que tiene la gente a contagiarse (mucha gente ha votado por correo), sino también por la falta de motivación. Eso suele jugar en contra de partidos como el PSC, que también se ve perjudicado por el sistema electoral. Y es que, aunque se suele repetir eso de que todos los votos valen igual, en la práctica, por asombroso que pueda parecer, no es así. El voto de un ciudadano de Lérida (con más influencia independentista) vale el doble que el de un barcelonés. ¿Por qué?: esa provincia tiene menos población, así que los partidos necesitan menos votos para hacerse con un escaño (un diputado) que en Barcelona.

Declaración de independencia en el Parlamento catalán, con los escaños vacíos de los parlamentarios unionistas / Efe

 

 

Origen del conflicto: los pasos hacia el referendo ilegal

Durante los años noventa, pero sobre todo durante la última crisis, los partidos políticos nacionalistas utilizaron los problemas económicos y sociales para culpar a España (a su Gobierno central) de los recortes (muchos aprobados por el propio Gobierno catalán), y para tapar casos de corrupción en los que también estuvieron involucrados importantes políticos, como el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol.

Apelando al victimismo y las raíces identitarias y en algunos casos falseando la historia o desplegando una enorme campaña mediática internacional, fueron creando un clima favorable a la independencia al que contribuyeron la falta de diálogo de los sucesivos Gobiernos centrales españoles y hasta el boicot a productos catalanes.

El 9 de noviembre del 2014 hubo una consulta con votación sobre la independencia, que le costó el puesto al entonces presidente catalán, Artur Mas, inhabilitado por la Justicia. Desde ese 2014 la tensión no hizo más que aumentar y el 1 de octubre del 2017 se celebró lo que llamaron (de forma ilegal) un referendo de independencia, y días más tarde la declaración unilateral (sin consenso) de independencia, protagonizada por el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont.

La Unión Europea y la Justicia española dicen que fue una violación del Estado de derecho

Esto tuvo graves consecuencias. Provocó una ruptura en la sociedad catalana, incluso dentro de las mismas familias, porque la mitad de la población ni reconocían la validez del referendo ni querían la independencia. Eso hizo crecer el apoyo a los partidos unionistas como Ciudadanos o, ahora, Vox. Entre unos y otros están quienes optan por la negociación e incluso apoyan un referendo consensuado.

El referendo tuvo consecuencias legales. Puigdemont y buena parte de su equipo huyeron de España para no enfrentarse a la Justicia. Desde Bélgica trataron de convencer de que son víctimas del Estado para ganar apoyos, pero ningún país respaldó esa supuesta independencia. La Unión Europea y la Justicia española dicen que fue una violación del Estado de derecho.

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Libertad de expresión sí, pero las instituciones son de todos

Seguro que has visto los lazos amarillos que llevan los independentistas en protesta por la encarcelación de los políticos que se saltaron la ley para celebrar el referendo y proclamar la independencia. Cualquiera puede llevarlos porque es libertad de expresión. Sin embargo, las leyes establecen que durante las elecciones las instituciones (ayuntamientos o Generalitat) son de todos y no pueden apoyar claramente a un partido. El expresidente de la Generalitat Quim Torra desobedeció y puso lazos y pancartas en la Generalitat, por eso ha sido suspendido de su cargo y apartado durante un año y medio.

 

El 155: cuando el Gobierno español tomó el control

¿Qué hace un Gobierno cuando una parte del Estado se rebela y viola la Ley? Acude a la Justicia. Y eso hizo, pero los responsables políticos catalanes se saltaron a los jueces también. En este caso —que no se había dado antes—, el Gobierno central activó el artículo 155 de la Constitución para tomar el control de las instituciones y garantizar que se cumplieran las leyes. La democracia no es solo votar, sino también es respetar las leyes que aprobaron nuestros representantes.

 

ENTENDER

Políticos condenados: no todos son iguales

La celebración del referendo acarreó penas de cárcel e inhabilitación para sus responsables. Algunos optaron por ponerse a disposición de la Justicia, como el líder de ERC, Oriol Junqueras, finalmente condenado. Otros optaron por no rendir cuentas, como el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont (JxCat), quien huyó a Bélgica.

El juicio fue muy polémico porque los acusados proyectaron la imagen de España como un país antidemocrático. De hecho, hablan de sí mismos como «presos políticos exiliados», equiparándose a los que sufrieron la dictadura de Franco.

Tres años después, ERC no perdona que Puigdemont abandonara Cataluña mientras su líder, Junqueras, iba a prisión. ¿Qué hará cuando salga? Ha dicho que deben «aprender de los errores» y no volver a tomar decisiones unilaterales sin el respaldo de una mayoría y de la comunidad internacional. Por mucho que un territorio declare su independencia, no vale de nada si los demás no lo reconocen.

 

PROFUNDIZAR 

Los nacionalismos, fuente de conflicto por excluir y discriminar a quienes nacen en otro lugar

Los partidos nacionalistas defienden la identidad y la tradición propias de un pueblo. Eso no tiene por qué estar mal, pero puede ser un problema cuando excluyen a los demás para defender a los suyos o lo hacen apelando a su superioridad.

En España, además de Cataluña hay nacionalismo en el País Vasco, donde tiene mucha fuerza y gobierna (PNV). Allí hubo un grupo (ETA) que empleó el terrorismo para obtener la independencia. Asesinó a 857 personas.

Algunos de los participantes en una manifestación de Vox en Barcelona haciendo el saludo nazi. NACHO DOCE / Reuters   

En Galicia el nacionalismo es defendido por el Bloque Nacionalista Galego (BNG). Tiene menos apoyo popular que en Cataluña y el País Vasco. ¿Por qué? Galicia ha sido siempre más pobre. La gente no se mostraba orgullosa de sus raíces, de su idioma. Tampoco tuvo una gran burguesía industrial y sí población emigrante. Y nunca fue tratada con los mismos privilegios que Cataluña, el País Vasco o Madrid, que han crecido en buena manera gracias a los trabajadores de otras comunidades que se desplazaron allí.

■  El independentismo tiene que ver con la economía. Al igual que en Cataluña, Flandes (Bélgica), California (EE.UU.) o Milán (Italia) quieren deshacerse de sus vecinos pobres.

También existe el nacionalismo español. El mayor exponente es Vox y su proclama «los españoles primero». Otros dirigentes, como la presidenta madrileña, Díaz Ayuso (PP), tratan de situar a su pueblo en un escalón superior con «Madrid es España», una frase que rechaza la diversidad que define al país.

 

 

 

 

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