Fernando Pariente.

La segunda expedición tripulada a la Luna, a bordo del Apolo XII, tuvo lugar pocos meses después de que el hombre pisara por primera vez nuestro satélite. Estaba previsto que el módulo lunar con los astronautas, Conrad y Bean, se posase en la superficie junto al Surveyor III, un dispositivo de observación que se había depositado en un pequeño cráter del Mar de las Tormentas, y el alunizaje se realizó con tal precisión que apenas cien metros separaron un artefacto del otro. El trabajo principal de los astronautas fue el de recoger muestras del suelo lunar y devolver a la Tierra algunos de los instrumentos instalados en el Surveyor III. La sorpresa principal de la misión del Apolo XII se produjo una vez que regresaron a casa los astronautas, porque se descubrió que en la cámara de televisión del Surveyor se encontraban bacterias vivas procedentes de la saliva del trabajador resfriado que la instaló y estornudó sobre ella. Habían sobrevivido en la Luna durante 31 meses.

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