C. MARTÍNEZ
Despertar vocaciones en los más jóvenes. Ese es el objetivo del programa De Cero a Cien, que La Voz lleva a cabo en colaboración con la Consellería de Educación, y el germen de la visita de César de la Fuente a su antiguo instituto, el IES Eusebio da Guarda (A Coruña). El catedrático de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) e investigador en el Machine Biology Group compartió con los alumnos de segundo de bachillerato cómo aplica la inteligencia artificial a la búsqueda de nuevos antibióticos que eviten la cada vez mayor resistencia a las superbacterias.
«Tengo grandes recuerdos aquí», dijo nada más sentarse. Explicó que estudió la licenciatura de Biotecnología en la Universidad de León y de ahí viajó a Vancouver (Canadá), a la Universidad British Columbia. «Pude hacerlo gracias a alguien que confió en mí y por eso creo que, además de trabajo, siempre hace falta una pizca de suerte en vuestras trayectorias y vidas». Ese profesor se llama Robert Hancock y fue el que le invitó a hacer el doctorado. «Yo no tenía otro plan y creo que las juventudes de hoy en día estáis mejor preparadas en ese sentido. Tenéis opción A, pero también B y C». «Además no era especialmente un buen estudiante: sacaba sietes y algún ocho», confiesa.
Así nace el De la Fuente microbiólogo, pero en el 2015 suma un nuevo horizonte. «Durante mis estudios de doctorado tuve muy claro que era difícil manipular la biología o hacer ingeniería biológica solo con la mente humana. Y se me ocurrió que los ordenadores y la inteligencia artificial nos podían ayudar a ser capaces de entender mejor ambas ramas y luego poder usar esos principios básicos». El objetivo, crear nuevas biotecnologías que permitan hacer frente a los grandes problemas que tiene el mundo. Uno de ellos es la resistencia a los antibióticos. «Superbacterias que cada vez son más resistes a los tratamientos disponibles, pacientes que llegan a los hospitales con infecciones que ya no podemos tratar», indica el experto. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas podrían llegar a causar diez millones de muertes en el 2050. Es decir, un fallecimiento cada diez segundos.
Objetivo: ganar tiempo
Con ese horizonte presente, a día de hoy De la Fuente coordina un grupo multidisciplinar (compuesto por biólogos, químicos e informáticos) que produce moléculas aplicando inteligencia artificial y algoritmos. «Es una colaboración muy divertida entre la máquina y la capacidad humana de poder validar todo en un laboratorio científico como el nuestro», expresó sobre su trabajo. Los resultados ya están llegando. «Aún es pronto para hablar de ensayos clínicos y ver resultados en humanos, pero hemos conseguido ganar mucho tiempo», avanzó. De décadas a horas: «Pasar de la recogida de muestras en suelo o agua, del ensayo-error a tener potenciales antibióticos en horas, en vez de años de trabajo».
Aunque se encuentran en modelos preclínicos, «son ya muy eficaces», gracias a esta tecnología revolucionaria: «Necesitas buenos datos, crear modelos de predicción acertados, y lo estamos consiguiendo. Si en las evaluaciones que hacíamos en el 2021 las máquinas estaban en lo cierto en un 59 %, ahora estamos en un 97 %».
De la Fuente remarcó que, si no se llegase a contar con estas nuevas alternativas contra estas bacterias, «la medicina moderna acabaría colapsando».
Unas aportaciones a la ciencia que se ven reflejadas en todos los reconocimientos que acumula con tan solo 39 años. Ha sido premio princesa de Girona de investigación, premio Fleming de la Sociedad de Microbiología y mejor investigador joven por la Sociedad Americana de Química.



