Carlos Ocampo

El ingreso de Finlandia en la OTAN provocó la esperada reacción de Rusia, que considera su mera existencia una agresión, una amenaza: «“Eso nos obliga a tomar contramedidas para garantizar nuestra seguridad”, afirmó el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov» (La Voz, 5/4/2023). La reacción cuando en marzo de este año entró Suecia no fue inmediata, pero elevó mucho el tono: «Putin reitera que Rusia está lista para una guerra nuclear. Desplegará tropas y armamento pesado en la frontera con Finlandia» (14/3/2024).

En la hemeroteca reciente hay muchas más referencias a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (significado de las siglas OTAN, que en inglés son NATO) de lo habitual. Una es el cumpleaños de la también llamada Alianza Atlántica: «La OTAN cumple 75 años con la férrea intención de liderar el apoyo a Ucrania» (4/4/2024) —pues fue la invasión de este país por Rusia lo que provocó tantas menciones—. En efecto, el 5 de abril de 1949, todavía durante la Segunda Guerra Mundial, la noticia más importante de La Voz, fechada en Washington el día 4, lo contaba así: «Hoy ha sido firmado el Pacto Atlántico entre los Estados Unidos, Inglaterra, El Canadá, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Italia, Portugal e Islandia».

Dean Acheson, secretario de Estado norteamericano, equivalente a nuestro ministro de Asuntos Exteriores, «inició la ceremonia», con los ministros de Asuntos Exteriores de las otras once naciones firmantes: «El propósito de quienes han redactado el tratado es […] no crear lo que consignan, sino consignar realidades para guía de los hombres […]. Para quienes buscan la paz, es una guía hacia el puerto de refugio y la fortaleza, una ayuda muy real en medio de la perturbación. Para quienes sigan la senda de la agresión, es una advertencia […]». Estas palabras resumen el espíritu de la Alianza: crear una unión tan fuerte entre los países que la componen que ningún otro país del mundo se atreva con ellos.

También habló el presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman: «Afirmó que si hubiese existido en los años de 1914 y 1939 un compromiso semejante, se hubieran evitado los actos de agresión que dieron lugar a las dos guerras mundiales».

Truman «aludió, sin nombrarla, a Rusia, al decir: “Nuestro país, como otros, había confiado en establecer una fuerza internacional para su utilización por la ONU en la tarea de proteger la paz en todo el mundo. Pero nuestros esfuerzos fueron frustrados por una de las grandes potencias”». Y es que Rusia ya tenía desde el principio el mismo recelo que muestra hoy: «La Unión Soviética ha enviado un memorándum, concebido en violentos términos, a las embajadas soviéticas de las naciones signatarias del Pacto del Atlántico Norte […], y en ellas se denuncia dicho tratado como una acción agresiva contra la Unión Soviética» (2/4/1949).

El memorándum ruso tuvo respuesta de Gran Bretaña el mismo día. «En el Foreign Office [Ministerio de Exteriores británico] se ha expresado “disgusto” ante el hecho de que la Unión Soviética haya vuelto a la teoría de Stalin y Lenin de que el mundo está dividido y tiene que seguir estándolo en dos partes», decía el comunicado británico.

Renovación

A los 25 años, ya con Grecia, Turquía y la Alemania federal sumadas al proyecto, la OTAN atravesó por un momento de inestabilidad, lo que hizo deseable renovar el compromiso de paz y clarificar la participación de los miembros. Por eso en 1974 se renovó la Declaración Atlántica o, para distinguirla del primer pacto, la Declaración de Otawa, donde se aprobó (La Voz, 20 de junio). Se firmó en Bruselas el 26 de ese mes (La Voz, 27/6/1974).

¿Y España?

España no entró en la OTAN en 1948, pero fue protagonista de un discurso pronunciado el 3 de abril por Henry Wallace, que había sido vicepresidente de EE. UU. entre 1941 y 1945, durante el último mandato de Franklin D. Roosevelt. «Wallace ha acusado al Generalísimo Franco, de ser “el verdadero autor” del Pacto del Atlántico […], uniendo a las naciones de la Europa occidental en la guerra ideológica contra Rusia» (La Voz, 6/4/1949). ¿Por qué dice acusar y no, por ejemplo, atribuir? Wallace no era comunista, pero tenía el respaldo de este partido cuando se presentó como candidato a presidente un año antes, y lo aceptó, aunque más tarde lo consideraría un error.

Según Wallace, Franco sugirió el Pacto por primera vez en una carta dirigida a Winston Churchill en 1944, aunque consideraba que entonces «era muy pronto para formar ese eje antibolchovique». «Wallace recalcó que España no es miembro del Pacto en la actualidad. “Pero es sólo cuestión de tiempo. ¿Cómo podrían los países del Pacto negarle la admisión de Franco? Su único crimen es el haber sido anticomunista prematuro”», explicaba.

Sin embargo, Wallace estaba muy equivocado: España solicitó su ingreso en la OTAN en diciembre de 1981, siendo presidente Leopoldo Calvo Sotelo (CDS). En 1982, el presidente Felipe González (PSOE) se echó atrás, y en 1986 convocó un referendo, en el que la mayoría respaldó el ingreso en la OTAN. El 1 de enero de 1999 España culminó su incorporación plena a su estructura militar integrada.

PARA SABER MÁS

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