TERESA MOLEZÚN

A todos nos gusta estar en entornos agradables y seguros, ya sea en nuestro trabajo, en el aula de nuestro centro educativo, en nuestro grupo de amigos…. Nos gusta estar en contextos donde haya un buen clima y las relaciones sean cordiales.

Cada uno de nosotros podemos influir, de manera positiva o negativa, para generar este ambiente en nuestros entornos cotidianos. ¿Cómo podemos hacerlo? Pues poniendo en práctica algunas habilidades sociales como son la amabilidad y la generosidad.

Pedir las cosas por favor o dar las gracias es una forma cortés y educada de relacionarnos con los demás, y es un buen inicio, pero cuando hablamos de amabilidad vamos un poco más allá. Nos referimos a tener una actitud positiva hacia las personas de nuestro entorno, a mostrar interés por ellas, a tratarlas con respeto y ayudarlas cuando lo necesitan, incluso sin necesidad de que nos lo pidan.

La generosidad es la actitud de dar y de ayudar, dar algo de manera desinteresada, sin esperar nada a cambio. No tiene por qué ser nada material, pueden ser cosas sencillas como: dedicar nuestro tiempo para ayudar a un compañero con alguna asignatura que le cueste comprender; ceder el protagonismo a un compañero de nuestro equipo de deporte, reconocer algún comportamiento o alguna fortaleza de otra persona…

¿Sabías que cuando ponemos en práctica estas habilidades sociales, no solo estamos contribuyendo a generar relaciones más positivas en nuestro entorno, sino que además estamos fomentando nuestro propio bienestar? Pues sí, aunque resulte curioso, está científicamente comprobado que ser amables y generosos con los demás, contribuye a generar emociones positivas en nosotros mismos, lo que impacta directamente en nuestro propio bienestar. Así que, nos tenemos que poner manos a la obra. ¿Cómo lo hacemos?

¿Qué podemos hacer para ser amables con las personas de nuestro entorno?

Queremos compartir contigo la teoría del cubo y el cucharón (Texto del libro: Cómo potenciar tus emociones positivas, de Tom Rath y Donald O. Clifton. Editorial Empresa Activa) para que puedas comenzar a ponerlo en práctica. Lee atentamente este texto:

«Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hacen. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bien; cuando está vacío, fatal. Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando utilizamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás (siempre que hacemos o decimos algo que aumente sus emociones positivas) también estamos llenando nuestro propio cubo. Pero cuando utilizamos nuestro cucharón para vaciar los cubos de los demás (siempre que hacemos o decimos algo que disminuya sus emociones positivas) nos vaciamos nosotros mismos. Igual que las copas llenas a rebosar, un cubo lleno nos proporciona una perspectiva positiva y energías renovadas. Cada gota del cubo nos fortalece y refuerza nuestro optimismo.

»Sin embargo, un cubo vacío enturbia nuestra mirada, reduce nuestra energía y debilita nuestra voluntad. Por eso, cuando alguien se dedica a vaciar nuestro cubo nos duele. De esta manera cada día nos encontramos ante una disyuntiva: podemos llenar los cubos de los demás o podemos vaciarlos. Se trata de una elección fundamental, capaz de afectar profundamente nuestras relaciones, nuestra capacidad de trabajo, nuestra salud y nuestra felicidad».

¿Qué te ha parecido? ¿Te ha gustado? ¡A nosotras nos encanta! Ahora reflexiona sobre:

1) ¿Cómo está de lleno mi cubo? ¿Está lleno, vacío, a medias? ¡Todos nos sentimos mejor y más seguros con el cubo lleno!

2) ¿Cómo utilizo mi cucharón, lleno el cubo de los demás o lo vacío? Si hasta ahora has estado vaciando cubos, es el momento de cambiar y dejar de hacerlo. Si lo utilizas para llenar el cubo de los demás, genial, continúa haciéndolo.

3) ¿Qué personas suelen llenar mi cubo y quiénes me lo suelen vaciar? Mantente cerca de las personas que llenan tu cubo y, en la medida de lo posible, intenta alejarte de las personas que lo vacían. Si no es posible, al menos sé consciente de lo que está sucediendo, lo cual ya supone poner cierta distancia.

Mientras pones en práctica estas habilidades sociales estás desarrollando muchas fortalezas como el amor (relaciones cercanas y de afecto con los demás), la bondad (capacidad de ayudar y cuidar a los demás) y la inteligencia social (capacidad para conectar con otras personas). Además, estás contribuyendo de manera proactiva, no solo a mejorar las relaciones en tu entorno más próximo, sino también tu propio bienestar emocional.

Te proponemos un reto: en los próximos días, tienes que llenar el cubo de 4 personas de tu entorno. ¿A quiénes se lo vas a llenar?


Teresa Molezún es socia de Catemo Educacion.

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