FICHA 3 HISTORIA: IBN AL-HAYTAHM 

El protagonista

El astrónomo, físico y matemático musulmán Ibn al-Haytham (965-1040), que en occidente se conocen como Alhazen o Alhacén (latinización de su nombre árabe), será uno de los grandes protagonistas de las celebraciones del Año Internacional de la Luz. El nombre completo de Ibn al-Haytham era Abū ‘Alī al-Ḥaṣan ibn al-Ḥaṣan ibn al-Hayṯam. Nació en Basora, en lo que actualmente es Iraq, y llegó a ser uno de los científicos más importantes de la Edad Media, tanto que en Europa también se le conocía como Ptolomeo II o, simplemente, “El Físico”. Desarrolló gran parte de su actividad en El Cairo, en el reino del Califa al-Hakim, que era un reconocido mecenas de la ciencia especialmente interesado en la astronomía. Al contrario de los que sucedió con otras sabios de la época, de Alhacén se conservan una apreciable cantidad de obras, cerca de 50, así como una autobiografía; por lo que, tanto su vida, como su obra, están perfectamente documentadas.

Su legado

Sin duda, el legado más importante de Alhacén es su Tratado de Óptica (Kitab al-Manazir), una obra monumental en siete volúmenes que fue escrita hace ahora 1.000 años. Los tres primeros tomos del Tratado están dedicados a la fisiología del ojo, mientras que los otros cuatro tratan sobre óptica. El Tratado se tradujo al latín a finales del siglo XII y el matemático alemán Frederick Risner (1533-1580) se encargó de editarlo e imprimirlo en el año 1572. Fue una obra de referencia fundamental que influyó a científicos occidentales como Roger Bacon, Leonardo da Vinci o Galileo Galilei.

Una de las aportaciones más importantes que recoge el Tratado de Óptica tiene que ver con la naturaleza de la visión. En el mundo clásico existían dos teorías sobre este asunto. La primera de ellas, que se conoce como teoría de la emisión, mantenía que la visión funcionaba gracias a la luz que emitían los propios ojos. Sabios como Euclides y Ptolomeo defendían esta idea. Pero Aristóteles discrepaba. Según él, la visión se basaba en algún tipo de ente físico que entraba en el ojo desde los objetos. Alhacén combinó los argumentos matemáticos de Euclides con la teoría de la intromisión de Aristóteles y los conocimientos de Galeno para proponer una tercera teoría, que resultó ser mucho más acertada, ya que mantenía que la luz solar reflejada por los objetos era la que permitía la visión.

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