Carlos Ocampo

El primero de este mes la sección de Deportes dedicaba un reportaje a Roman Shogdzhiev y a Faustino Oro, dos nombres que casi seguro que nos os dicen nada. Uno es ruso, tiene 8 años y ganó a cinco grandes maestros del ajedrez en el Campeonato del Mundo de Rápidas y Blitz de Uzbekistán. Fue campeón de Europa con 7 años y el año pasado lo fue sub-8 del mundo. El otro niño, argentino nacido en el 2013, sorprendió con una jugada arriesgada y creativa —quédate con estas notas— que le valió unos buenos aplausos, y alcanzó el número 1 de su edad en el mismo torneo, lo que lo acerca a su gran objetivo: convertirse en el gran maestro más joven de la historia. Tiene que darse prisa, porque el actual campeón de la precocidad en este deporte, que se llama Abhimanyu Mishra y nació en la India, se ganó el título con 12 años, 4 meses y 25 días.

Esta carrera de la precocidad en el ajedrez comenzó con Robert Fischer, Bobby, que en 1958 se proclamó campeón de Estados Unidos a los 15 años y alcanzó el título de gran maestro. La Voz contaba el 25 de marzo de 1958 quién era: «Suele darse por seguro que los maestros del juego [ajedrez] son todos meshuga —palabra yiddish que significa ‘un poco chiflado’—. Pero cuando hablan de Bobby Fischer, […] declaran que está completamente meshuga». Lo describe como «un lío de piernas y brazos que no controla del todo [era muy alto], que en el imperio del tablero se mueve con sorprendente precisión». Tras referirse a su habilidad para evitar las celadas (los intentos de engaño del adversario), añade que los entendidos caracterizan su juego de «agresivo y científico».

Un carácter especial

Tras resaltar la precocidad de sus logros y ofrecer algún dato biográfico —«cuando tenía 9 años […] ya ganaba a casi todos los adultos»—, va dejando esta semblanza alguna pincelada de su carácter meshuga: «vociferaba cada vez que perdía», con 12 años «no se presentó en el Ajedrez Club de Manhattan […] hasta que estuvo seguro de que podía derrotar a cuantos se le presentaran» y «tras haber sido derrotado una sola vez no volvió a participar en ningún torneo de partida rápida. Si no ha de ganar, no juega».

El reportaje explica cómo ganó «lo que el comentarista Kmoch llama la partida del siglo, que los ajedrecistas reproducen con la boca abierta por la admiración. […] Fue su sorprendente victoria sobre Donald Byrne en un torneo del año pasado». «Después de una cuidadosa y segura apertura que condujo a una posición sin ventaja para ninguno, […] sentado ante el tablero como un Buda infantil, Bobby entregó astutamente pieza tras pieza… pero cada movimiento era una emboscada que Byrne supo evitar. En la jugada 15, el chico pareció fallar. El viejo maestro Sam Reshevsky vió cómo tomaba uno de los peones de Byrne con un caballo y musitó: “Ahora está perdido”. Pero Bobby sabía bien lo que hacía. […] Tras la jugada 27, el que ganaran las negras era una cuestión resuelta».

Fischer dejó de participar en torneos menores. En plena Guerra Fría (entre Occidente y Rusia), y con el ajedrez dominado absolutamente por los maestros rusos, se empezó a hablar de que «podría ser un candidato al título mundial». Y él estaba tan seguro de que llegaría a jugar en Rusia que «empezó a estudiar el ruso».

Mundial de Ajedrez 1972

Acumulando victorias en torneos internacionales, y tras ganar al armenio Tigrán Petrosián, que había sido campeón del mundo entre 1963 y 1969, en 1971 por fin pudo aspirar al título mundial. Estaba preparado para «batir la supremacía soviética» (La Voz, 23/5/1971). «El mismo Boris Spassky [o Spasski], actual campeón mundial, está preparando la defensa de su título ante Fischer cuando aún quedan muchas eliminatorias por disputar», añadía.

«Comenzó el match mundial» el 11 de julio en Reikiavik, y con una pizca de suspense extra: «A las cinco no se hallaba en el local el aspirante. El campeón Spassky […] esperó un minuto y, con tranquilidad, adelantó dos cuadros el peón de la reina […]. Nadie sabía dónde se encontraba [Fischer], con lo que pasaron siete minutos de gran expectación hasta que, por fin, apareció. […] El norteamericano, tras comprobar el movimiento hecho por Spassky, movió el caballo de la dama hasta el cuadro tres del alfil de la dama», decía la crónica del 12 de julio de 1972, firmada por Alfil.

Fischer ganaba por 12,5 a 8,5 puntos cuando la partida 21 (de 24) se aplazó en el movimiento 40 para el día siguiente. «La mayoría de los grandes maestros presentes estimaban que Fischer contaba con una ligerísima ventaja» (1/9/1972), pero la partida no se reanudó: «Spasski decidió hoy no proseguir». «El encuentro entre ambos rivales —la calculadora y fría cabeza del soviético frente a la agilidad mental y juego inusual de Fischer— se desenvolvió con […]una serie de espectaculares golpes de teatro del jugador norteamericano: sus condiciones previas al comienzo de la confrontación, sus llegadas a destiempo a las diferentes partidas, su negativa a jugar los sábados —por razones de religión—, sus protestas ante las cámaras de televisión, el murmullo del público o la calidad de los tableros del ajedrez. Por parte soviética, no faltaron tampoco susceptibilidades […]: llegaron a cruzarse rumores sobre la mirada hipnótica de Fischer, sobre su condición magnética», contaba nuestro ya conocido Alfil al día siguiente (2/9/1972). Para que nadie diga que el ajedrez no tiene emoción.

Para saber más

Los suscriptores pueden acceder a la Hemeroteca de La Voz. Un consejo: para tener éxito en la búsqueda, utiliza los cuadros que permiten acotar las fechas.

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