Fernando Pariente.

Federico García Lorca pasó en la Universidad de Columbia algunos meses de los años 1929 y 1930. Fueron tiempos más bien de soledad y sorpresa en medio de la multitud de la gran ciudad. No congeniaba especialmente con los rascacielos y las muchedumbres que se cruzan por sus calles sin apenas mirarse. De aquel tiempo inhóspito guardó en su maleta una especial cosecha literaria compuesta por 96 páginas mecanografiadas y 26 manuscritas. Sus sentimientos habían destilado unos poemas oscuros y enigmáticos de gran belleza literaria, pero todavía eran un magma en efervescencia que no estaba preparado para la publicación. Su autor los guardaba y esperaba para pulirlos antes de darlos a conocer. El destino quiso que en 1936, poco antes de su asesinato, como si algo previera, se los hubiera confiado a su amigo José Bergamín. Él fue quien los publicó inicialmente en una edición que apareció al mismo tiempo en México y en Estados Unidos en 1940.

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