El miércoles, 2 de noviembre, pudimos leer la noticia —y en la web ver el vídeo— de que un padre maltrataba como un bruto a su hija porque un entrenador le dijo que no se esforzaba lo suficiente en la pista de tenis. 14 años tiene la niña. La tenista española Paula Badosa comentó el vídeo y, entre otras cosas, decía: «Lo peor es que no es el único caso en nuestro deporte».

Ayer La Voz publicó un reportaje con otros casos de tenistas que de jóvenes sufrieron abusos psicológicos y físicos de sus progenitores: Jelena Dokic, Jennifer Capriati, Aravane Rezai, Mirjana Lucic, Mary Pierce, Arantxa Sánchez Vicario, Guillermo Pérez Roldán y Andre Agassi. No son tenistas de segunda o tercera fila, sino campeones que llegaron al número y ganaron grandes torneos.

En una de sus últimas entrevistas, Mike Agassi declaraba en el periódico La Reppublica que no se arrepentía de las agresiones a su hijo: «No diría que sacrifiqué a Andre, porque ahora es un campeón». Y este es el tema que proponemos para el debate de la semana: ¿es razonable maltratar a un hijo de palabra o de obra aunque después se convierta en campeón mundial?

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