CARLOS OCAMPO

La nave Orion está de vuelta. Tras despegar el 16 de noviembre, después de varios intentos fallidos, y volar en órbita alrededor de la Luna, emprendió el viernes el regreso a la Tierra y llegará, si todo va bien, este domingo, día 11 de diciembre. Orion forma parte Artemis I, una misión para comprobar el funcionamiento de una nave espacial que esta vez viaja sin tripulación, pero que en la segunda fase llevará a tres seres humanos al espacio. La misión ya cuenta con varios récords, además del de despegar con el cohete más potente del mundo: el SLS (Space Launch System). Orion se alejó a más de 434.522 kilómetros de la Tierra, superando al Apolo 13, y cuando americe será la nave para tripulantes que, excluyendo las que van a una estación espacial, más tiempo habrá pasado en el espacio: 25 días, 11 horas y 36 minutos, tras recorrer 2,1 millones de kilómetros.

El objetivo final de la misión Artemis es lo más ambicioso que se ha propuesto el ser humano hasta ahora: instalar una estación permanentemente habitada en la superficie lunar. Habitada por personas, claro, no por percebes ni por caracoles.

Apolo 17, una misión especial

Si hablamos en una sección como esta de algo tan actual es, como podrás suponer, para relacionarlo con algo que La Voz contó hace algún tiempo. En este caso, 50 años justos. Tan justos como que el 7 de diciembre de 1972 fue el día que despegó de Cabo Kennedy la misión Apolo 17, que, como la Artemis I, era especial: pues el programa Apolo mandaba un hombre a la Luna por última vez. Hasta ahora.

También el lanzamiento del Apolo 17 sufrió un retraso, debido a «fallos en la fase tercera del cohete», el Saturno V, como recogió La Voz en un Última hora de aquel 7 de diciembre, páginas después de haber explicado con todo detalle cómo sería el despegue, previsto para «las 3.53 (hora española)». El retraso fue solo de dos horas y cuarenta y cinco minutos, de suerte que la expedición podría «recuperar el tiempo», según contaba el periódico al día siguiente.

La tripulación del Apolo 17 estaba compuesta por los astronautas Eugene A. Cernan, comandante, y Ronald E. Evans, piloto del módulo de mando —el que orbita alrededor de la Luna mientras el otro desciende con los otros dos tripulantes—; y por el geólogo Harrison H. Schmitt, piloto del módulo lunar. Este último se convirtió —otra singularidad de esta misión— en el primer científico «de preparación universitaria completa» que pisaba la Luna, pues los diez que lo precedieron y Cernan eran astronautas.

Según lo previsto, el lunes 11 Cernan y Schmitt lograron que «el Retador [el módulo lunar] posara sus cuatro patas en un profundo valle de la esquina del Mar de la Serenidad, a las 20.55 hora española» (La Voz, 12 de diciembre), al lado del valle de Taurus-Littrow, que era la zona que se disponían a explorar. Mientras, en órbita quedaba Evans a bordo del América, el módulo que debía recogerlos para regresar a la Tierra.

La Voz seguía muy atenta todo lo relacionado con el Apolo 17, y ese mismo martes 12 la información de Última hora incluía la noticia sobre el primer paseo lunar: «Con treinta y cinco minutos de retraso, Cernan y Schmitt iniciaron hoy su primer paseo lunar, de siete horas de duración. Abrieron la puerta de su vehículo lunar Retador a las 0.58 H. E. [hora española] y Cernan inició el descenso por la escalerilla hasta pisar suelo lunar». Y seguirían llegando los pormenores de las 21 horas durante tres días de esos paseos, hasta el momento del regreso: «El [vehículo] principal, América, y el de aterrizaje lunar, Retador, se acoplaron a las 2.05 (H. E.) del viernes 15, a 114,8 kilómetros por encima de la superficie del satélite de la Tierra. Retador había despegado de la Luna a las 23.56 (H. E.) del jueves, después de una estancia de 75 horas en la superficie lunar».

Sin embargo, en el despegue de la Luna hubo un fallo de cálculo de los astronautas que provocó «el único error de cierta importancia» del viaje. El módulo lunar fue devuelto a la superficie lunar tras el ascenso al módulo de mando, pero cayó «a unos seis kilómetros de distancia del lugar previsto», el único fallo en «la más perfecta de todas las [misiones] del programa lunar».

El día 19 los tres astronautas culminaron la misión tras otro récord, pues con 12 días, 13 horas y 52 minutos fue la más larga de todas: «El Apolo 17 descendió muy cerca del portaviones [el Ticonderoga] que lo esperaba» en el océano Pacífico, tras entrar en la atmósfera «a once mil metros por segundo».

Para saber más

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