Antonio Sandoval 
Si la semana pasada se paseaba sin mucha prisa por esta página una lombriz, quien acaba de saltar aquí es un saltamontes. Y si en tu centro escolar, o en sus alrededores, hay áreas amplias y abiertas de hierba, seguro que por ahí se mueven a brincos unos cuantos.
Con la llegada de los primeros calores, y según pasen las semanas hacia el pleno verano, su número seguirá creciendo. Si te fijas en los que vayas encontrando, es muy probable que unos cuantos sean diferentes entre sí. Y es que entre los insectos, como seguro sabes, la diversidad de especies es muy llamativa. Hasta ahora, por ejemplo, la ciencia ha descrito más de 11.000 de saltamontes en todo el planeta. Quienes los estudian están convencidos de que en las selvas tropicales quedan todavía muchas por descubrir. Es posible que, en una de tus excursiones entomológicas en busca de saltamontes, encuentres algunos muy chiquitines. Casi seguro que serán ejemplares todavía muy jóvenes. En ese estadio se denominan ninfas. Hasta que lleguen a adultos pasarán por diferentes fases más, según van aumentando de tamaño. Pero, claro, te preguntarás: ¿cómo hacen para crecer si sus partes exteriores son tan duras como corazas, igual que las de otros insectos? Investiga sobre ello.
Averigua hace cuántos años (o millones de años) aparecieron los primeros saltamontes. ¿Con qué otras criaturas se encontraron en aquellos tiempos, mientras saltaban de aquí para allá?
Saltahierbas
Así se podría traducir el nombre de los saltamontes en inglés. ¿Por qué les habrá atribuido la lengua española la capacidad de saltar montes? En Galicia los llamamos simplemente saltóns. Algunos además de saltar son capaces de volar largas distancias tras extender esas alas que transportan plegadas a su espalda. Tras llegar de lejos en enormes grupos, algunas especies pueden causar graves problemas a determinadas cosechas.
Es el caso, por supuesto, de algunas especies de langostas. Si quieres quedarte un buen rato con la boca abierta, busca información sobre el tamaño que pueden alcanzar sus enjambres y los problemas que llegan a ocasionar.
Los saltamontes se alimentan sobre todo de materia vegetal. Para eso son esas fuertes mandíbulas que lucen en su aparato bucal. Otro rasgo característico de su rostro son esos grandes ojos compuestos que parecen siempre atentos. Y esas antenas cortas… ¿Para qué crees que les sirven?
Cómo no, lo que más llama la atención cuando observas un saltamontes son sus patas traseras. Son toda una proeza tecnológica natural, todo un logro de la evolución biológica. Quienes han estudiado cómo funcionan han descubierto que, cuando saltan, lo hacen en tres movimientos tan veloces que el ojo humano es incapaz de diferenciarlos. Pero es que no solo les sirven para saltar. Con esas patas saltarinas crean ese sonido suyo tan típico de las noches de primavera y verano en nuestros campos, la estridulación: chisss-chisss-chisss-chisss. Investiga cómo lo consiguen.
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