ANTONIO SANDOVAL

Es uno de los sonidos más esperanzadores de la naturaleza. Se escucha mucho mejor si en un día sin viento te alejas de cualquier fuente de ruido y te acercas a un prado repleto de flores. Presta entonces atención: escucharás y verás cómo miles de insectos van y vienen por entre ellas, transportando su polen de unas a otras.
Sus vuelos entonan como una música mágica. Evoca la manera en que esas y muchas otras criaturas invertebradas del planeta necesitan a las flores para perdurar. Y viceversa. ¿Qué sería de la humanidad sin ese sonido, sin ese zumbido polinizador que cada primavera brota de la vibración de millones y millones de pequeñas alitas?

Que no se nos olvide: también nosotros necesitamos a unos y a otras para sostener muchos de los ecosistemas de los que dependemos.
Al mismo tiempo, si uno de esos insectos pasa demasiado cerca de ti, en tu centro escolar o en sus alrededores, seguro que das un respingo. ¡Es inevitable! En especial, si su zumbido es tan vibrante como el de un abejorro…

Un libro sobre abejorros
Precisamente estos días se ha publicado la traducción de uno de los libros sobre naturaleza más vendidos en el mundo anglosajón. Escrito por el biólogo Dave Goulson, se titula Una historia con aguijón. Mis aventuras con los abejorros.
Es una obra fascinante, repleta de anécdotas e historias. Entre ellas, la de cómo una especie de abejorro extinguida en Reino Unido fue descubierta nada menos que en Nueva Zelanda. Resultó que, mucho tiempo atrás, varios ejemplares habían sido trasladados hasta allí por los colonizadores de aquel archipiélago del Pacífico, para que cumplieran su función como polinizadores. Tan sorprendente descubrimiento fue aprovechado para intentar que la especie volviera a reproducirse en su isla original.

Con las curbículas a tope
«¿Curbí… qué?», te habrás preguntado. Y con razón. La próxima vez que tengas un abejorro cerca, y sin molestarlo, fíjate en sus patas traseras: si lleva un rato de compras de flor en flor, descubrirás en cada una de ellas una bolita amarilla. Has acertado: están hechas de polen. «Curbícula» es un diminutivo del latín corbis, que significa «cesta». Para comprender mejor cómo son, fíjate en la foto que acompaña a este artículo.

La desaparición del abejorro, un declive que debemos combatir

En España tenemos más de 30 especies diferentes de abejorros. Las poblaciones de muchas de ellas, además, presentan sutiles diferencias que permiten separar unas de otras como subespecies. Varias necesitan hoy nuestra ayuda para no desaparecer. Según un estudio, el 46 % de especies de abejorros en Europa están en declive. Las principales causas son el abuso de pesticidas, el cambio de usos de los paisajes y la crisis climática. La buena noticia es que conocemos el dato, y hay cada vez más gente dispuesta a trabajar a tope contra ese declive. Infórmate acerca de cómo aportar tu grano… ¡de polen!

■ Para saber más. Ficha del libro Una historia con aguijón. Mis aventuras con los abejorros.

asandovalrey@gmail.com es escritor y divulgador.

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