«La adolescencia no es un período de “locura” o de “inmadurez”. Es un tiempo esencial de intensidad emocional, implicación social y creatividad» (Daniel Siegel)

ANA SANJUÁN

«Ya no soy un niño pero tampoco soy un adulto. No sé qué me pasa pero no me entiendo ni me entienden mis padres. Mi cuerpo no para de cambiar. Un día no paro de hablar y al otro me cuesta contestar si o no a lo que me preguntan. Necesito hacer cosas nuevas, conocer gente nueva pero no sé por dónde empezar. Me cuesta concentrarme en los estudios. Ya no me apetece que mis padres me acompañen a todas partes…»

Quien se reconozca en alguna de estas afirmaciones le resultará de utilidad este artículo en el que explicamos el funcionamiento del cerebro durante la adolescencia, la etapa del desarrollo en la que el ritmo de crecimiento se acelera y que sirve como transición de la niñez hacia la vida adulta

Aunque la sociedad parece empeñada en adelantar este momento cada vez más, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la adolescencia comienza entre los 11 y los 13 años y finaliza entre los 19 y 21 años; aunque algunos psicólogos afirman que es a los 25 años cuando termina este proceso de cambio. Por lo tanto, dura una media de ocho años.

Un dato destacable en relación a la edad en que se inicia y finaliza la adolescencia es el sexo. Este es un factor clave según los estudios, que confirman que las niñas comienzan y acaban el proceso de maduración un poco antes que los niños.

¿Sabías que el sueño condiciona el desarrollo cerebral?

El sueño es un factor determinante en la neuroplasticidad cerebral, ya que mantiene determinadas sinapsis, elimina otras y refuerza los procesos cognitivos. Dormir, además, ayuda a estimular el aprendizaje y a fijar recuerdos, algo muy útil en época de exámenes.

Lo ideal es dormir unas 8-9 horas de media por noche y sin utilizar pantallas antes, ya que la luz azul que desprenden los dispositivos móviles hace que se retarde aún más la secreción de melatonina la hormona que nos ayuda a dormirnos.

Además, cuando las personas tienen sueño les cuesta más prestar atención, es más fácil que tengan respuestas impulsivas y también tienden a estar irritables.

El cerebro durante la adolescencia

El cerebro se desarrolla de manera gradual durante la infancia. Y al final de esta alcanza su tamaño máximo. Así que, se llega a la adolescencia con el cerebro prácticamente desarrollado pero a falta de la última fase: la maduración.

Durante este período el cerebro sufre cambios estructurales, apareciendo nuevas conexiones, desapareciendo otras y reorganizando las que existían previamente. Y esto tiene grandes repercusiones en el día a día.

El proceso de maduración del cerebro se produce por áreas, desde la nuca hasta la frente. La última área que madura es la corteza prefrontal: es la que ayuda a calibrar los riesgos, la que se ocupa del control de los impulsos, del juicio y de la toma de decisiones. Eso explica por qué la familia le dice al adolescente eso de «está muy rebelde».

Beneficios del deporte para el adolescente

Estos son algunos de los beneficios de practicar deporte con regularidad:

  • Ayuda a generar más neuronas
  • Tiene un importante impacto en la salud mental, mejora la autoestima y disminuye el estrés, la ansiedad y la depresión
  • Favorece las funciones cognitivas que mejoran el rendimiento escolar, como la concentración, la memoria y la atención
  • Mejora la salud ósea y muscular
  • Es fundamental para el equilibrio metabólico y colabora en el control del peso
  • Mejora la destreza motriz
  • Ayuda a mejorar y conciliar el sueño
  • Favorece el establecimiento de vínculos y las relaciones sociales

 

Cómo madura el cerebro

Hay tres regiones en el cerebro cuya maduración es crucial para entender cómo sentimos, cómo pensamos y cómo nos comportamos durante la adolescencia. Estas tres áreas del cerebro maduran durante toda la adolescencia y eso implica que mientras están en proceso de maduración los adolescentes tienen dificultades para reconocer y gestionar sus emociones y aún deben explorar la mejor manera de obtener sensaciones recompensantes para ellos.

Estas zonas van madurando poco a poco y, además, lo hacen de manera desincronizada. Las funciones ejecutivas de la corteza prefrontal maduran más despacio que los sistemas socioemocionales. Lo que lleva al cerebro adolescente a estar lleno de contradicciones y vaivenes.

Esas tres regiones son:

La amígdala. Es el centro que genera las emociones. En los adolescentes esta zona se vuelve hiperreactiva y por eso reaccionan con mucha más intensidad y con mucha más rapidez ante cualquier situación que tenga un componente emocional.

El estriado. Constituye el sistema de recompensa del cerebro. Durante la adolescencia descubren que hay actividades y actitudes que estimulan esa zona del cerebro y que les hacen sentir a gusto. Pero el problema es que no saben cuáles son porque jamás han sido adultos. Así que ensayan: prueba y error. Cuando se activa esta zona, proporciona sensaciones de bienestar y placer. Por eso cuesta tanto esperar para conseguir algo y se disfruta mucho cuando se está con los amigos.

La corteza prefrontal. Es la zona del cerebro que gestiona las emociones y que permite la reflexividad y la planificación. Los adolescentes experimentan una gran reconfiguración en sus redes neuronales: hay que dejar atrás los comportamientos y reflexiones infantiles para adquirir las propias de los adultos. Esta reconfiguración hace que la corteza prefrontal pierda eficacia en su funcionamiento. Por lo tanto, en esta etapa adolescente la corteza prefrontal funciona pero a los jóvenes les cuesta más reflexionar y gestionar sus emociones.

Si combinamos las tres regiones tenemos: muchos ensayos; mucha búsqueda de novedades y placeres inmediatos; muchos errores; una mayor excitabilidad emocional; y una menor capacidad de reflexión para gestionar todo esto.

Por lo tanto, está claro que el proceso de maduración del cerebro explica muchas de las conductas de los adolescentes pero eso no quita para que puedan aprender a actuar de forma responsable.

Algunos consejos para los adolescentes en esta etapa

  • Esfuérzate por mantener la comunicación con tus padres
  • Busca apoyo y consejo siempre que lo necesites
  • Deja que tus padres conozcan bien a tus amigos, déjales formar parte de tu vida
  • Negocia y pide límites claros, expón tus expectativas

Ana Sanjuán es colaboradora del gabinete de coach Catemo.es

Claves para familias y docentes

Estas son algunas propuestas para las familias y los profesores ante la adolescencia:

  • La adolescencia es una etapa, no dura toda la vida, aunque a veces parezca interminable.
  • Para entender el comportamiento de los adolescentes tenemos que tener en cuenta los cambios que experimenta su cerebro en esta época.
  • Los adolescentes son muy sensibles y tienen mucha capacidad de adaptación.
  • Se están preparando para abandonar la seguridad del hogar e integrarse en el mundo exterior adulto. Y este es un entrenamiento lento y constante en el que a veces tienen éxito y a veces no.
  • Aprenden por ensayo y error: necesitan equivocarse. Eso sí, siempre con cierta supervisión.
  • Les cuesta tomar decisiones racionales porque su corteza cerebral no ha terminado su desarrollo.
  • No importa si dicen constantemente que se les dejes en paz. Necesitan el apoyo de los adultos y sentir que están a su lado.
  • Durante esta época se produce una poda neuronal desechando todas aquellas conexiones que ya no son útiles y que por el desuso se han debilitado. Por eso parece que ya no saben hacer cosas que antes dominaban.
  • El proceso de individualización a menudo parece rebeldía. En estos casos, en lugar de reaccionar es necesario actuar de forma reflexiva y automodelando.
  • Según una investigación de la Universidad de Cardiff, si los adultos hablan con sus hijos en un tono controlado, lejos de desafíos y castigos, se consigue una respuesta positiva por parte de ellos.
  • Un adolescente para madurar necesita límites pero hay que asumir que los van a intentar romper. Cuando los rompan se les debe advertir, por supuesto, pero no se puede ser demasiado estricto o punitivo porque si no se atreven a romper límites tampoco van a madurar como es debido.
  • Confiar en ellos para que confíen en nosotros. Si confía en mí es más fácil que cuando tenga un problema me lo cuente. Y, además, si yo confío en él, él aprenderá a confiar en sí mismo, lo que también es un aspecto clave de cara a la edad adulta.

 

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