LAURA CAMPOS

«Me gustaría ser creativo como veo que lo son otras personas, ¿cómo lo puedo potenciar?», pregunta un lector. Muchas veces a uno le gustaría ser  capaz de encontrar soluciones que para los demás son aparentemente sencillas. La creatividad no es una quimera, es una cualidad inherente al ser humano y todo el mundo puede aprender a desarrollarla. Ser o no personas creativas depende, en su mayoría, de lo que entrenemos, y podemos practicar a diario sin necesidad de invertir un gran esfuerzo.

A continuación descubrirás cinco puntos básicos sobre los que trabajar:

No juzgarse

Poder prever y anticipar resultados es una de las claves de la evolución de nuestra especie, somos seres planificadores por naturaleza. Lo hacemos tan bien y tan habitualmente que lo tenemos integrado hasta la médula, no nos hace falta ni pensarlo.

Coge ahora mismo un papel y un lápiz y dibuja un autorretrato. Cuando lo tengas, vuelve a esta lectura.

Tanto si lo has hecho como si no, por tu cabeza habrán pasado una serie de pensamientos centrados en el resultado del ejercicio, los más habituales: «Yo no sé dibujar», «me va a salir mal», «no se va a parecer a mí»… Es posible que alguno de estos apareciese en tu cabeza precisamente porque tu cerebro planifica, porque necesita anticipar qué va a pasar para poder decidir si le conviene o no realizar esa acción.

Esto nos sucede todo el tiempo, consciente e inconscientemente. Hacemos lo que hacemos según la previsión que consideramos más realista. Si en tu cabeza han aparecido pensamientos sobre resultados exitosos como «lo voy a clavar», «voy a disfrutar haciéndolo» o «qué divertido» estoy segura de que has hecho el dibujo, de lo contrario, posiblemente ese papel siga en blanco.

¿Ves por dónde voy? Juzgarnos, bien sea por nuestra capacidad o por la previsión del resultado, hará que nuestro cerebro nos cierre ciertas puertas, y justamente en esas habitaciones es dónde nos interesa entrar. Para poder hacerlo debemos pensar en ellas como espacios de juego, y así aparece el segundo punto a tener en cuenta.

Jugar

Si le pides el mismo ejercicio del autorretrato a un niño de 4 años, estoy casi segura de que aceptará el reto, puede que incluso le entusiasme, que su creatividad se estimule y olvide la petición del autorretrato, dejándose llevar así por su inspiración para acabar plasmando sobre el papel un barco con alas o una nueva especie de monstruo peludo.

Esto sucede fundamentalmente por dos motivos. El primero es que su cerebro aún no se ha especializado en la planificación como el nuestro (cosas de la edad) por lo que cuando piensa en dibujar se centra únicamente en el proceso, sin anticipar un resultado en concreto.

El segundo motivo es el juego, pues, en la primera infancia especialmente, este es el motor de exploración y aprendizaje.

Si combinamos ahora ambos, tenemos un cerebro que piensa en jugar sin más objetivo que el puro placer de hacerlo. Así es que cuando dejamos de focalizarnos en el resultado, el proceso cobra protagonismo, y es ahí donde reside principalmente el disfrute.

Podemos resumir esta idea citando a Albert Einstein, un referente en creatividad, que definió la creatividad como la inteligencia divirtiéndose.

El movimiento

Además de contribuir a la neurogénesis, un estudio del 2014 reveló que el movimiento tiene un impacto positivo en lo que a la creatividad se refiere. Los resultados determinaron que el 81 % de los participantes mejoró su producción creativa al caminar.

El movimiento estimula ciertas áreas del cerebro, del mismo modo que lo hacen otros estímulos sensoriales, por lo que al movernos estaremos ampliando las zonas del cerebro activas. Por resumirlo de alguna manera, sería como si encendiésemos más luces de casa y no solamente la bombilla de la estancia en la que estamos. Y un cerebro iluminado suele resultar más creativo.

Así que ya sabes: pasear, bailar, nadar, andar en bici… Lo que más te guste. Si tu cuerpo se mueve, tu cerebro se moverá también.

El estado emocional

Una amígdala estresada puede inhibir ciertas conductas o procesos cerebrales, y sabemos, como es lógico, que priorizará aquellas funciones que sean importantes para nuestra conservación y supervivencia. Si bien es cierto que el mismo proceso de creatividad, como sus correlatos neurológicos, son bastante complejos y hasta el momento no existe una completa comprensión al respecto de ambos, también lo es que parecen no resultar vitales ni prioritarios.

Explicado con un ejemplo, algo simplista pero efectivo, sería lógico afirmar que si apareciese un león justo delante de nuestras narices la mayoría actuaría exactamente igual: escapando y/o protegiéndonos. Tal vez no sea la respuesta más original, pero sería seguramente la más efectiva.

Con un peligro delante, nuestro cerebro no pierde energía en buscar una gran variedad de soluciones innovadoras o creativas, sino que la invierte en ponernos a salvo. Esto quiere decir, que con emociones como miedo o ansiedad, o en momentos de estrés nuestra creatividad puede inhibirse y colocarse en un segundo plano esperando tal vez un momento más relajado (tal vez tomando un baño o durante una siesta bajo un manzano…).

La estimulación

Si como veíamos al principio de este artículo, la creatividad reside en la asociación de conceptos o pensamientos que ya están en nuestra cabeza, parece lógico afirmar que cuanto mejor material tengamos para asociar, mejores ideas resultarán. Ideas que ahora nos resultan absolutamente cotidianas resultaron de una asociación creativa, como ponerle palo a un caramelo, por ejemplo. Para que esa unión se produzca en nuestra cabeza, debemos tener la idea de palo y de caramelo ya almacenada, pues si no sabemos lo que es un caramelo no podremos asociarlo con ninguna otra cosa.

Si ahora te pido que hagas un dibujo de una playa, tu cerebro empezará a buscar inmediatamente en la caja de «playas» y en la caja de «dibujos». Seguramente aparezcan por tu mente algunas imágenes habituales. Una playa cualquiera, como has visto mil veces. Pero si te pido que pienses ahora en todos los olores de la playa, las texturas y temperatura, la sensación de la arena pegada a la piel o del agua entre los dedos. Te voy a pedir además, que pienses también en cuadros de Frida Khalo, de Joan Miró, de Dalí, de Maruja Mallo… Tal vez, en este proceso de búsqueda y asociación, esa primera idea que tenías de dibujo de una playa se haya ido modificando por los diferentes estímulos. Puede incluso que ahora la imagen sea algo más original.

Cuanto más «movimiento» le demos a esas cajas, más creativa podrá resultar esa asociación. Recuerda que es importante escapar de la primera opción, pues las cosas más interesantes pueden (y suelen) estar al fondo de la caja.

El entrenamiento

Al igual que sucede con los músculos de nuestro cuerpo, el «músculo creativo» será más fuerte dependiendo de lo que trabaje. Un músculo que no se ejercita nunca no tendrá apenas capacidad, por el contrario, uno que se entrena de manera habitual, por poco que sea, irá desarrollándose y aumentando día tras día.

Exactamente lo mismo pasa con nuestra creatividad, si nunca le prestamos atención apenas tendrá fuerza, pero si la ejercitamos habitualmente ganará presencia en nuestro día a día.


Laura Campos es colaboradora de catemo.es

 

COMO NACEN LAS GRANDES IDEAS

Cuenta la historia, que mientras se bañaba, Arquímedes tuvo una gran idea, algo tan brillante que no pudo más que salir corriendo fuera de su casa y gritarlo a los cuatro vientos.

Hierón II había ordenado la fabricación de una nueva corona de oro y pidió a Arquímedes que determinase si efectivamente era oro puro o había sido engañado con otro tipo de material como la pirita. Fundirla para comprobar su masa y volumen habría sido la manera más sencilla de resolver el enigma pero, obviamente, Arquímedes no podía dañar la corona, por lo que se vio obligado a buscar una nueva forma de hallar su densidad.

No se aclara en los relatos, pero seguramente pasó largas horas en su mesa, trabajando en una manera de medir su volumen. Día tras día concentrado en buscar una respuesta, que curiosamente no apareció cuando bocetaba en su cuaderno ideas, sino mientras tomaba un baño. Reparó al entrar en la bañera que el nivel del agua subía y pensó que lo mismo pasaría con la corona, lo que hacía posible medir su volumen a través de la cantidad de agua desplazada.

Cuando se dio cuenta del descubrimiento, se dice que salió corriendo desnudo por las calles, pues era tal la emoción que olvidó vestirse. Su famoso «¡Eureka!» (que en griego antiguo «εὕρηκα» significa «¡Lo he encontrado!») sigue utilizándose hoy en día en referencia al nacimiento de una idea.

La creatividad nos acompaña desde el principio de los tiempos. Fue conocida como las musas en la antigua Grecia, una revelación divina en la Edad Media, y más adelante la inspiración. Ese momento mágico que tanto ansiamos las personas, desde artistas a figuras de la ciencia.

Durante siglos la hemos buscado como quién persigue unicornios, aparecía a su antojo, podríamos decir que casi resultaba huidiza, pero ahora las cosas son diferentes, ahora sí sabemos cuándo aparece y sabemos, además, cómo atraerla.

Cómo nace una idea

Hoy, debido a los grandes avances en el campo de la neurociencia, sabemos mucho más sobre funcionamiento cerebral, y gracias a eso podemos potenciar la aparición de esta “inspiración”, el pensamiento creativo.

El nacimiento de una idea es en realidad un complejo proceso que culmina en una asociación de conceptos que se crea por primera vez en nuestra cabeza. Nos puede parecer que simplemente surge sin más, pero la realidad es que lo que vemos, una idea, es la respuesta de todo un proceso profundo.

Para entenderlo mejor, podríamos compararla con una búsqueda en Google, Si escribimos “árbol+manzana” lo primero que aparecerá serán resultados de manzanos. No aparece sin más al hacer clic, sino que a través de un algoritmo revisa todos los datos y ofrece las respuestas que encajan con esa suma de conceptos. Algo muy similar sucede con nuestro pensamiento, es posible que solo seamos conscientes de la respuesta, pero el proceso de búsqueda y asociación que se produce en nuestro cerebro es muy similar al que se produce en un buscador.

Es importante aclarar que el algoritmo de los buscadores, por muy sofisticado que pueda ser, no es realmente creativo. Si en nuestra cabeza aparece la imagen de manzano no es porque se cree en ese momento, sino porque la conocemos y está almacenada en nuestra memoria. Nuestro cerebro nos dará de manera natural la respuesta que mejor encaje, igual que Google.

Si bien es cierto que cuando hablamos de creatividad no nos interesa la respuesta más común, o la primera opción, sino al contrario. Lo que buscamos ahora mismo es que tecleando “árbol+manzana” aparezcan resultados no habituales, únicos, innovadores, la copa de un árbol podada en forma de manzana o tal vez una manzana tallada en forma de árbol.

Este es el tipo de pensamiento que queremos potenciar, ese del que nacen ideas nuevas y originales, y hoy sabemos por dónde empezar.

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