3. CONTENIDOS 

3.1 La vida de un maestro

Giner de los Ríos centró toda su vida en la pedagogía. Ni se casó, ni formó una familia, ni tuvo hijos. Su hogar fue la Institución y toda su energía se concentró en ella. Eso puede explicar que para él educar no fuera solo enseñar, como hacían la mayor parte de los profesores, para él educar era formar a la persona por completo y eso se proponía hacer la ILE con sus alumnos. De su vida destacamos sólo algunos momentos importantes:

-El 10 de octubre de 1839: nace en Ronda. Es el mayor de 6 hermanos.

-Estudia segunda enseñanza en Cádiz y en Alicante donde obtiene el título de bachiller en 1852.

-1853 Estudia en Barcelona el preparatorio de Jurisprudencia. Tiene 14 años. 

-Estudia Derecho en Granada y allí recibe el magisterio del profesor Fernández González, que le pone por primera vez en contacto con las ideas del filósofo alemán Friedrich Krause.

-30 de junio de 1859. Obtiene la licenciatura en Derecho Civil y Canónico. Tiene 20 años.

-El año 1863, después de trasladarse a Madrid, es crucial en su vida. Tiene 24 años y conoce al catedrático de historia de la filosofía Julián Sanz del Río, introductor del Krausismo en España, y a otros profesores universitarios como Gumersindo de Azcárate y Fernando de Castro y conecta con sus ideas filosóficas. Mientras tanto está preparando su tesis doctoral y haciendo los cursos necesarios.

-En 1864 fallece su madre. Obtiene el doctorado con la calificación de sobresaliente en junio.

-En 1867 gana por oposición la cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional de la Universidad de Madrid. Publica su tesis doctoral “Bases para la teoría de la propiedad” y es investido catedrático y doctor el 10 y 11 de agosto de 1867.

-El 29 de enero de 1868 protesta por las destituciones de catedráticos que se habían negado a firmar  el acatamiento a la reina y a los principios católicos, impuesto por el ministro Orovio, y se le abre expediente. La revolución de septiembre del 68 y el destronamiento de la reina Isabel II devuelve a todos sus cátedras.

-Ejerce su magisterio y publica distintas obras y traducciones de escritos de Krause durante los años que van hasta 1875. Son los años de la monarquía de Amadeo de Saboya, la I República y la Restauración de los Borbones.

-En 1875 vuelve el ministro Orovio y renace el problema de la libertad de cátedra. Giner de los Ríos es apresado, desterrado a Cádiz y confinado allí. El gobierno de Cánovas separa de sus cátedras a todos los profesores expedientados, Giner entre ellos.

-Una vez levantado el confinamiento en Cádiz se refugia en la casa de su amigo González de Linares en el valle de Cabuérniga y allí pasa el verano planeando con otros profesores universitarios la fundación de un centro privado e independiente de enseñanza universitaria.

-El 18 de marzo de 1876 se aprobaron los estatutos de la sociedad anónima que constituiría la Institución Libre de Enseñanza. Participaba un grupo de catedráticos expulsados de la universidad por defender la libertad de cátedra, entre ellos Francisco Giner de los Ríos y destacaron también Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón.  La primera Junta de accionistas se celebró en mayo. Las clases se iniciaron el 29 de octubre en una sede provisional en el nº 9 de la calle Esparteros de Madrid. 

-El 21 de octubre conoce a María Machado en Bilbao. Y entabla una relación con ella que duró 4 años.

-En 1877 fue nombrado director del Boletín de la Institución, el BILE, en adelante publicaría en él muchos de sus escritos.

-En 1880 fue nombrado rector de la ILE, cargo que ocuparía hasta su muerte.

-En 1881 fueron reintegrados a sus cátedras todos los expedientados en 1875. Giner también recupera la suya. 

-En 1882 se creó dentro de la ILE el Museo Pedagógico Nacional. Su director fue Bartolomé Cossío, que había sido uno de los primeros alumnos de la Institución.

-La ILE se trasladó a una nueva sede en el Paseo del Obelisco nº 8 (Hoy Martínez Campos).

-En el verano de 1883 organizó una famosa excursión a Lisboa con profesores y alumnos. Se trataba de un viaje de estudios en el que los alumnos con sus profesores exploraban y aprendían sobre  las tierras geográficas que visitaron. Salieron de Madrid un 14 de julio atravesaron el Guadarrama, recorrieron Cantabria, Picos de Europa, Asturias, León y llegaron a La Coruña el 10 de septiembre, para seguir hasta Lisboa. Fue una experiencia memorable.

-En el invierno de 1885 Giner de los Ríos se reunió en Villablino, pueblo minero del norte de la provincia de León con Gumersindo de Azcárate, Cossío y Francisco Fernández Blanco y Sierra-Pambley para discutir la creación de una fundación y de una institución educativa de tipo profesional.

-Pasó el verano de 1887 en Villablino poniendo en marcha la Fundación Sierra Pambley y la Escuela de Enseñanza Mercantil y Agrícola.

-Desde 1891 Giner de los Ríos tendría una especial relación con Galicia, principalmente con La Coruña. Ese año pasó por primera vez el verano en el Pazo de San Victorio, en San Fiz de Vixoy, Bergondo, propiedad de los López-Cortón. Repetiría la experiencia en años sucesivos. La causa de la mistad con esta familia fue la especial relación que Giner mantenía con Bartolomé Cossío, como si fuera su tutor. En el año 1990 su pupilo había iniciado un noviazgo con Carmen López-Cortón Viqueira, que pertenecía a la familia de los dueños del pazo y con la que se casaría dos años más tarde. Por ese motivo Giner y Cossío eran bienvenidos para pasar sus vacaciones allí. Además la novia era tía del galleguista Xoán Vicente Viqueira, que también estudiaría y se formaría en la ILE. Giner acostumbraba a dar grandes paseos a pie por la zona, iba hasta la Espenuca por las orillas del río Mandeo o acudía a visitar a su amiga la Condesa de Pardo Bazán, que veraneaba también en su pazo de Meirás.

-El contacto con la naturaleza era uno de los principios que defendía la ILE. Por eso el verano constituía una época importante en el proceso de educación. Estas ideas provocaron la creación de las Colonias Escolares de Vacaciones. La primera se organizó en el pueblo cántabro de San Vicente de la Barquera en 1897, bajo la dirección del Museo Pedagógico Nacional dirigido por Cossío. En A Coruña se organizó la primera colonia escolar en 1902 en As Lagoas, en Sada y allí se seguirían organizando hasta el año 1907. Después pasaron al Sanatorio Marítimo de Oza a partir de 1911.

-Giner dedicó el resto de su vida a la educación. Murió a los 75 años, el 18 de febrero de 1915.

 

Antonio Machado escribió esta semblanza de Giner de los Ríos:  

 

“Era don Francisco Giner un hombre incapaz de mentir e incapaz de callar la verdad; pero su espíritu fino, delicado, no podía adoptar la forma tosca y violenta de la franqueza catalana, derivaba necesariamente hacia la ironía, una ironía desconcertante y cáustica, con la cual no pretendía nunca herir o denigrar a su prójimo, sino mejorarle. Como todos los grandes andaluces, era don Francisco la viva antítesis del andaluz de pandereta, del andaluz mueble, jactancioso, hiperbolizante y amigo de lo que brilla y de lo que truena. Carecía de vanidades, pero no de orgullo; convencido de ser, desdeñaba el aparentar. Era sencillo, austero hasta la santidad, amigo de las proporciones justas y de las medidas cabales. Era un místico, pero no contemplativo ni extático, sino laborioso y activo. Tenía el alma fundadora de Teresa de Ávila y de Iñigo de Loyola; pero él se adueñaba de los espíritus por la libertad y por el amor. Toda la España viva, joven y fecunda acabó por agruparse en torno al imán invisible de aquél alma tan fuerte y tan pura.”

Y escribió también, en Baeza, tres días después de la muerte del maestro, este poema:

 

Como se fue el maestro,

la luz de esta mañana

me dijo: Van tres días

que mi hermano Francisco no trabaja.

¿Murió? . . . Sólo sabemos

que se nos fue por una senda clara,

diciéndonos: Hacedme

un duelo de labores y esperanzas.

Sed buenos y no más, sed lo que he sido

entre vosotros: alma.

Vivid, la vida sigue,

los muertos mueren y las sombras pasan;

lleva quien deja y vive el que ha vivido.

¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura

partió el hermano de la luz del alba,

del sol de los talleres,

el viejo alegre de la vida santa.

. . . Oh, sí, llevad, amigos,

su cuerpo a la montaña,

a los azules montes

del ancho Guadarrama.

Allí hay barrancos hondos

de pinos verdes donde el viento canta.

Su corazón repose

bajo una encina casta,

en tierra de tomillos, donde juegan

mariposas doradas . . .

Allí el maestro un día

soñaba un nuevo florecer de España.

Antonio Machado

3. 2. Su obra: la Institución Libre de Enseñanza

Casi toda la vida de Francisco Giner de los Ríos se centró en la fundación y la dirección de la Institución Libre de Enseñanza. La Institución fue la empresa educativa más fecunda y más influyente de los sesenta años de la historia de España que van desde la Restauración de la Monarquía Borbónica de 1874, hasta la Guerra Civil de 1936. 

Sus raíces ideológicas, el krausismo filosófico

Las ideas que llevaron a la fundación de la ILE surgieron entre un grupo de catedráticos universitarios ligados a las ideas filosóficas del krausismo, que provenían de una forma del idealismo alemán propuesta por el filósofo Krause, que obtuvo escaso éxito en su país de origen. Sin embargo en España consiguieron gran influencia, precisamente porque dieron origen a la Institución Libre de Enseñanza. Los krausistas crecieron en torno al catedrático de historia de la filosofía Julián Sanz del Río a finales del reinado de Isabel II. Proponían, a partir de una metafísica que suponía  la existencia de un Ser Supremo como base de toda la realidad, la necesidad de aplicar al mundo una práctica que obligaba a comportamientos éticos y regeneradores. Los krausistas se propusieron influir en la sociedad española recuperándola de su atraso y de su ignorancia. El hombre debía alcanzar la armonía con su entorno y con el universo mediante una actuación libre y responsable, comprometida con su historia, su cultura, su cuerpo y su salud, así como con el entorno humano y natural que le rodea. Defendían una actitud de equilibrio ético y estético. La España conservadora y clerical les vio siempre como una amenaza y, por ese motivo, buscó controlar el pensamiento crítico de la Universidad y provocó los dos conflictos de la libertad de cátedra, al final del reinado de Isabel II y al comienzo de la Restauración de su hijo Alfonso XII, que expulsaron de sus cátedras a este grupo de pensadores. Este fracaso fue la clave de su éxito. Sin él probablemente el grupo se hubiera disuelto sin dejar apenas huella en la historia de la Universidad española. Pero gracias a él estos hombres comprometidos encontraron, dirigidos por Francisco Giner de los Ríos, el instrumento más idóneo para hacer fructificar su ideología. Fortalecieron su propia vocación educadora y crearon su propia Institución.

El eje fundamental y protagonista de la educación  es el niño

Por eso es necesario preservar su libertad de elección. La educación no puede inculcar ideas y valores preestablecidos, sino facilitar a los niños que descubran sus propias ideas y  valores.

Se educa a la persona

El objetivo de la educación no es solo la instrucción, su finalidad es la formación de la persona. La culminación del hombre en armonía con su entorno y comprometido con él, responsable ante la sociedad, viviendo también en armonía con la naturaleza, con una ética recta, en la que son tan importantes la formación espiritual y humana, como el desarrollo corporal. Pretender formar “hombres capaces de dirigirse en la vida y de ocupar digna y útilmente el puesto que les está reservado. Para ello tiene que atender tanto por lo menos como a la inteligencia de sus alumnos, a sus sentimientos y a sus acciones; tiene que cuidarse de los más mínimos pormenores de su conducta para enseñarles a vivir, no meramente a pensar y estudiar.”

En el Programa de la ILE de 1918 se escribía: “Para conseguirlo, quisiera la Institución que, en el cultivo del cuerpo y del alma, ‘nada le fuera ajeno’. Si le importa forjar el pensamiento como órgano de la investigación racional, y de la ciencia, no le interesan menos la salud y la higiene, el decoro personal y el vigor físico, la corrección y nobleza de hábitos y maneras;  la amplitud, elevación y delicadeza del sentir la humana tolerancia, la ingenua alegría, el valor sereno, la conciencia del deber, la honrada lealtad, la formación, en suma, de caracteres armoniosos, dispuestos a vivir como piensan; prontos a apoderarse del ideal en donde quiera; manantiales de poesía en donde toma origen el más noble y más castizo dechado de la raza, del arte y de la literatura española”.

Educación sin idearios

La ILE practicó una educación tolerante y libre alejada de todo dogmatismo y de cualquier intento de transmitir unas creencias religiosas o filosóficas de terminadas. “La Institución se propone ante todo educar a sus alumnos como individuos libres. Para lograrlo, comienza por asentar como base primordial, ineludible, el principio de la ‘reverencia máxima debida al niño’. Por ello precisamente no es la Institución ni puede ser de ningún modo una escuela de propaganda. En sus propias palabras, la Institución es “ajena como se ha dicho a todo particularismo religioso, filosófico y político, abstiénese en absoluto de perturbar la niñez y la adolescencia, anticipando en ellas la hora de las divisiones humanas”. El objetivo era que cada alumno descubriese su propio camino y construyese su personalidad para llegar a ser ciudadanos éticamente irreprochables, responsables y comprometidos con su entorno social e histórico, en armonía consigo mismos, con su cultura y con la naturaleza.

Aprendizaje activo

La ILE fue pionera en la aplicación de los principios del aprendizaje activo, siguiendo una línea que ya había empezado a trazar el pedagogo suizo Pestalozzi. El protagonista del aprendizaje es el niño y el proceso no puede limitarse a una repetición memorística de unos libros de texto, refrendada en unos exámenes. La ILE estuvo desde sus principios contra las clases magistrales de grupos numerosos de alumnos, contra los exámenes y contra los libros de texto. Los libros son imprescindibles en el proceso de aprendizaje, pero no los libros de texto especialmente preparados para el aprendizaje como un recetario, sino el conjunto de los libros escritos sobre los distintos temas, que deben estar a disposición de los alumnos como elementos de información, consulta y comparación. En 1880 decía Giner en el discurso de inauguración del curso: “Romped esas enormes masas de alumnos por necesidad constreñidas a oír pasivamente una lección o a alternar en un interrogatorio de memoria, cuando no a presenciar desde distancias increíbles ejercicios y manipulaciones de que apenas logran darse cuenta. Sustituid en torno del profesor a todos esos elementos clásicos, por un círculo poco numeroso de escolares activos, que piensan, que hablan, que discuten, que se mueven, que están vivos (…). Vedlos, excitados por su propia espontánea iniciativa, por la conciencia de sí mismos, porque sienten ya que son algo en el mundo, y que no es pecado tener individualidad y ser hombres. Hacedles medir, pesar, descomponer, crear y disipar la materia en el laboratorio… Y entonces la cátedra es un taller y el maestro un guía en el trabajo; los discípulos, una familia, el vínculo exterior se convierte en ético e interno; la pequeña sociedad y la grande respiran un mismo ambiente; la vida circula por todas partes, y la enseñanza gana en fecundidad, en solidez, en atractivo; lo que pierde en pompa y en gallardas libreas”. 

Este método suponía clases poco numerosos, relación personal individualizada con cada alumno y lo que ellos llamaban “aprendizaje inductivo”, es decir, basado en la experiencia, en la manipulación de los objetos, en la observación de la naturaleza y dirigido por el propio alumno. Por eso la ILE funcionaba en talleres, laboratorios, estudios de dibujo y pintura, manejando toda clase de tecnología de la época. 

Pero su actividad más original fue la de las llamadas “excursiones pedagógicas” compartidas por alumnos y profesores. El proceso de aprendizaje llevado al entorno y a la naturaleza. En el programa de 1918 se decía: “Las excursiones escolares, elemento esencial del proceso intuitivo, forman una de las características de la Institución desde su origen. En ellas la cultura, el aumento de saber, el progreso intelectual, entran sólo como un factor, entre otros. Porque ellas ofrecen con abundancia los medios más propicios, los más seguros resortes para que el alumno pueda educarse en todas las esferas de la vida. Lo que en ellas aprende en conocimiento concreto es poca cosa si se compara con la amplitud de horizonte espiritual que nace de la varia contemplación de hombres y pueblos; con la elevación y delicadeza del sentir que en el rico espectáculo de la naturaleza y del arte se engendran; con el amor patrio a la tierra y a la raza, que sólo echa raíces en el alma a fuerza de intimidad y de abrazarse a ellos; con la serenidad del espíritu, la libertad de maneras, la riqueza de recursos, el dominio de sí mismo, el vigor físico y moral que brotan del esfuerzo realizado, del obstáculo vencido, de la contrariedad sufrida, del lance y de la aventura inesperados; con el mundo en suma, de formación social que se atesora en el variar de impresiones, en choque de caracteres, en la estrecha solidaridad de un libre y amigable convivir de maestro y alumnos. Hasta la ausencia es siempre origen de justa estimación y de ternura y amor familiares. Por algo ha sido Ulises en la historia dechado de múltiples humanas relaciones y de vida armoniosa, y la Odisea una de las fuentes más puras del hombre en todas las edades”.

Educación unificada

Es esta una innovación de la ILE que todavía no ha sido plenamente aceptada en nuestro tiempo. La educación de la época distinguía, como se sigue haciendo ahora, tres etapas educativas: Primaria, Secundaria y Universidad. Las tres etapas se proponían objetivos distintos. 

-Primaria: transmisión de los conocimientos básicos para la vida. 

-Secundaria: preparación académica para ingresar en la Universidad. 

-Universidad: se reservaba para esta el conocimiento científico y la especialización en las profesiones más importantes de la sociedad. 

Cada etapa tenía su estructura docente propia: Maestros para primaria; profesores licenciados para Secundaria y catedráticos doctores para la Universidad. La ILE eliminó todo el sistema y redujo toda la educación a un solo proceso, dentro del cual la única diferencia provenía del desarrollo alcanzado por cada alumno en un momento determinado. El cuerpo de profesorado era también único y las exigencias mínimas de titulación requerían la licenciatura universitaria. En la ILE los catedráticos de universidad, como Giner o Cossío, enseñaban a niños  en edad de educación primaria.

Coeducación

También en esto la ILE se adelantó a su tiempo. La mujer de entonces tenía muy limitado acceso a la educación. La educación Secundaria y la Universidad estaban reservadas casi con exclusividad a los varones, porque la mujer estaba destinada de antemano a las tareas del hogar. La mujer solo compartía aulas con el hombre en la Universidad, porque casi ninguna llegaba a ella y en las escuelas de primaria rurales, cuando no había maestros, ni alumnos suficientes para mantener grupos separados. Sin embargo la ILE defendía la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y creía que el único camino para conseguirlo era el de abrir la educación a la mujer en todos los niveles educativos y el de igualar la educación que recibieran ambos sexos. Para ello era imprescindible que se educasen juntos, compartir las aulas, lo mismo que compartían otros ambientes sociales. Así se garantizaba no solo que todos recibirían educación, sino, mucho más importante, que ambos sexos recibirían la misma educación. Querían evitar que los centros de niñas enseñasen cosas de niñas, enfocadas solamente hacia tareas hogareñas.

3.3. Organismos creados a partir de la Institución

La ILE fue una institución privada dependiente de una sociedad anónima. Esta estructura orgánica garantizaba su independencia para establecer su propio sistema educativo que en casi nada se parecía a lo que ocurría tanto en la educación pública, como en la dependiente de la Iglesia. Pero la ILE tenía una vocación de influencia en su entorno a causa del ideal regeneracionista que le animaba y nunca renunció a apoyarse tanto en otras organizaciones privadas, como en las propias estructuras del estado. Su tarea de fermento en la sociedad española hizo que germinaran a su alrededor organismos que fueron extendiendo su influencia y sus metodologías hasta los últimos rincones del andamiaje estatal. Por eso su espíritu estuvo muy presente en la II República y a los hombres de la ILE se debió el enorme esfuerzo que en los primeros años hizo el estado para fomentar el desarrollo de la educación y de la cultura. Los organismo estatales que fueron surgiendo de las propuestas de la ILE a lo largo de los años previos a la Guerra Civil estuvieron tan ligados a ella que cuesta trabajo diferenciarlos y muchas veces son confundidos como sus propios organismos. A continuación presentamos algunos de ellos.

Museo Pedagógico Nacional

Fue el primer organismo de carácter nacional creado por iniciativa de la ILE. Su creador y primer director fue Bartolomé Cossío. Su objetivo fue el de dinamizar y renovar a los profesionales españoles de magisterio mediante la difusión de las tendencias más modernas de la pedagogía. Se creó mediante Decreto Ley de 6 de mayo de 1882. Organizaba toda clase de conferencias y cursos para maestros, fomentaba los viajes al extranjero y daba becas para poder realizarlos. El museo disponía también de colecciones de material didáctico y pedagógico y de una biblioteca especializada en obras y publicaciones de pedagogía. En ella se depositaron todos los libros de texto que fueron publicados en España desde la creación del museo hasta su desaparición después de la Guerra Civil. Fue durante muchos años la biblioteca con mayor número de lectores de Madrid, si exceptuamos la Biblioteca Nacional.

Colonias escolares de Verano

La ILE daba una importancia muy especial al contacto de sus alumnos con la naturaleza. Por eso fomentaba las excursiones de alumnos y pronto comenzó a organizar Colonias de verano para continuar sus tareas formativas a lo largo de las vacaciones estivales. La función de planificar y desarrollar estas colonias fue confiada al Museo Pedagógico Nacional desde 1887. Los destinatarios de estas colonias fueron los niños más necesitados, los hijos de los obreros que vivían en condiciones insalubres. Se pretendía ofrecerles unos cuidados básicos, hábitos de vida saludable y una educación viviendo en pleno contacto con la naturaleza.

Fundación Sierra-Pambley 

La ILE guardó buena relación con León a través de Gumersindo Azcárate, un prócer leonés que participó en su fundación. Azcárate organizó en 1885 una reunión en el pueblo minero de la montaña berciana de Villablino entre un amigo suyo, llamado Francisco Fernández-Blanco y Sierra-Pambley, y Giner, Cossío y él mismo. El acaudalado propietario leonés deseaba crear una fundación dedicada a la educación de los hijos de los mineros, los agricultores y los obreros. Para ello creó la Fundación Sierra Pambley, regida por un patronato en el que estaban presentes Azcárate, Giner y Cossío que se dedicaría a la creación de escuelas y de un centro pedagógico. La sede de la Fundación Sierra Pambley se estableció en León, con la biblioteca Azcárate y el Museo Pedagógico y en Villablino se estableció la Escuela de Enseñanza Mercantil y Agrícola y una casa de colonias de vacaciones. Así mismo se estableció en Hospital de Órbigo el Centro de Desarrollo Rural, con una escuela, y otras escuelas en el pueblo de Villameca y, más tarde otra Granja Escuela en el Monte de San Isidro en las proximidades de León y otras escuelas en la provincia de Zamora. Esta fundación fue expropiada en 1936 y se constituyó un nuevo patronato presidido por el Obispo de la ciudad para dirigirla. Apenas tuvo vida activa hasta que en 1979 todos los bienes de la Fundación fueron devueltos a los legítimos herederos de sus propietarios y se volvió a formar un Patronato para regirla con el mismo espíritu con el que fue fundada.

Junta para la ampliación de estudios e investigaciones científicas

La influencia directa de la ILE llevó al Ministro de Instrucción Pública a emitir un Decreto el 11 de enero de 1907 de creación de un organismo llamado Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, al frente del cual puso a Santiago Ramón y Cajal. Este organismo, heredero del mejor espíritu de la ILE se propuso meter a España en el mundo de la ciencia del que había estado casi aislada hasta el momento. Para ello abrió fronteras hacia Europa y fomentó tanto el que los futuros científicos españoles completaran su formación en universidades europeas, como que los científicos europeos tuvieran la oportunidad de venir a España a exponer sus investigaciones en conferencias, cursos y congresos. De este organismo fueron surgiendo otros que se especializaron en las distintas ramas de la ciencia. En 1910 se creó el Centro de Estudios Históricos, que dirigió Ramón Menéndez Pidal. También en el mismo año se fundó el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales, que dirigió el propio Ramón y Cajal. En ellos se formaron y desarrollaron su actividad científicos como Severo Ochoa, Juan Negrín, Julio Rey Pastor, Leonardo Torres Quevedo Ramón Menéndez Pidal, María de Maetzu, Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Samuel Gili Gaya, etc. La Guerra Civil acabó también con todas estas instituciones. El nuevo régimen creó en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y este organismo fue el heredero de todas las instalaciones y equipamientos de la Junta.

Residencia de Estudiantes

Pero, sin duda, la organización más fecunda que la Junta para la ampliación de estudios e investigaciones científicas creó fue la Residencia de Estudiantes que constituyó el faro cultural más poderoso de la España del primer tercio del siglo XX. Fue creada en 1910 y en 1915 se instaló en la llamada por Juan Ramón Jiménez Colina de los Chopos. Fue mucho más que una residencia para alumnos de la universidad. Fue un complemento extraordinario para su formación, abierta siempre a la imaginación y al diálogo interdisciplinar. Fue un foro permanente de relación de la ciencia con el arte y la cultura, un refugio fecundo para todas las vanguardias europeas e internacionales. En su caldo de cultivo se alimentaron generaciones de personalidades que formaron lo más granado de la cultura y la ciencia de nuestro país. Como residentes o como maestros por ella pasaron artistas, intelectuales, poetas, escritores y sabios tales como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas y la mayor parte de los poetas de la Generación del 27, León Felipe, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Juan Negrín, Severo Ochoa, Miguel de Unamuno, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Ramón y Cajal, Gregorio Marañón, Joaquín Costa, Fernando de los Ríos, Julián Besteiro, Leopoldo Alas, Antonio y Manuel Machado, Eugenio D´Ors, José Ortega y Gasset, Américo Castro… Por su tribuna pasaron las personalidades más renombradas de la cultura mundial: Einstein, Maríe Curie, Paul Valéry, Henry Bergson, Igor Stravinsky, John M. Keynes, Alexander Calder, Le Corbusier, Paul Claudel, Max Jacob,…

En 1915 se aprovechó el traslado de la Residencia masculina a la Colina de los Chopos en los Altos del Hipódromo para abrir en las primitivas instalaciones de la calle Fortuny una Residencia de Estudiantes femenina, dirigida por María de Maetzu de funcionamiento similar a la masculina.

2.3.6. Misiones Pedagógicas

Las Misiones Pedagógicas constituyeron una de las últimas ideas surgidas de la Institución Libre de Enseñanza. Cuando comenzó la II República el índice de analfabetismo alcanzaba en España al 44% de la población y afectaba sobre todo a las zonas rurales. El ministro de Educación del primer gobierno de la República, Marcelino Domingo determinó que el Museo Pedagógico Nacional organizase campañas para llevar la cultura a las villas y pueblos de España y para ello el 21 de mayo de 1931, apenas un mes después de la proclamación del nuevo estado, emitió un Decreto por el que se creaba el Patronato de Misiones Pedagógicas y puso al frente de él al anciano pedagogo de la ILE Bartolomé Cossío. La primera misión se realizo en el mes de diciembre de ese mismo año en un pueblo de Segovia. Las misiones se sirvieron de un extenso grupo de voluntarios, maestros, profesores y alumnos universitarios. Eran solicitadas por las poblaciones y se daba preferencia a las más pequeñas porque su acceso a la cultura era más dificultoso. La misión consistía en el desplazamiento de un equipo de voluntarios al pueblo en el que permanecerían hasta quince días en función del programa preparado. El equipo misionero llevaba, en primer lugar, una biblioteca ambulante y una variedad de recursos para llevar a cabo las actividades. Disponía de proyectores cinematográficos, gramófonos, escenarios de sencillo y rápido montaje y un pequeño museo a base de reproducciones de cuadros significativos de nuestros mejores pintores. Se organizaban sesiones para explicar los cuadros; se proyectaban películas educativas o de recreo; se hacían representaciones teatrales o de títeres; se ofrecían audiciones musicales o corales; se daban conferencias seguidas de coloquios; charlas sobre temas profesionales, sanitarios y de educación cívica, etc. Una vez terminada la visita, se entregaba al maestro una pequeña biblioteca para instalar en la escuela y, en ocasiones, un gramófono con un pequeño lote de discos. Estas modestas bibliotecas, pese a ubicarse normalmente en las escuelas, estaban dirigidas al conjunto de la población para despertar su afición por la lectura y elevar su nivel cultural. Éste era el único servicio que permanecía, una vez que la misión marchaba a otro lugar. La colaboración de los voluntarios era imprescindible para el buen funcionamiento de las misiones. El patronato llegó a disponer de más quinientos bien formados para las tareas que se les encomendaba. El éxito de estas campañas fue clamoroso. Las misiones contaron con la colaboración desinteresada de dos famoso grupos de teatro universitario: El Teatro del Pueblo, dirigido por Alejandro Casona, que fue colaborador habitual y se fundó con la finalidad específica de participar en las misiones y “La Barraca”, dirigido por Federica García Lorca.

Universidad Internacional de Verano de Santander

Como una herencia del espíritu de la Residencia de Estudiantes, surgió en Santander la idea de crear una Universidad Internacional para divulgar la cultura y la ciencia española entre universitarios extranjeros, aprovechando las instalaciones del Palacio de la Magdalena, residencia veraniega de los reyes que había quedado en desuso tras la salida de España de la familia real. Su creador fue Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública, antiguo alumno de la Residencia de Estudiantes y su primer rector el filólogo Ramón Menéndez Pidal también alumno de la Residencia.

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