ANTONIO SANDOVAL

El Libro rojo de las aves de España lo dejó claro el año pasado: cada vez hay menos gaviotas patiamarillas. Según La Sociedade Galega de Ornitoloxía, a lo largo de los últimos quince años su población en nuestra comunidad autónoma se ha reducido en más de un 30 %. Un ejemplo: en el parque nacional de las Illas Atlánticas se ha pasado de 30.000 parejas reproductoras en el 2006 a apenas 7.000 en el 2020. Por este motivo, el Libro rojo, elaborado por la Sociedad Española de Ornitología con apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica y la Fundación Biodiversidad, declara nuestra gaviota más abundante como «casi amenazada».

«¡Pero si hay muchas gaviotas!», exclamarás, casi seguro, si vives en cualquiera de nuestras ciudades litorales. E incluso en alguna del interior, como Ourense. Y es que esta especie se ha acostumbrado perfectamente a los ambientes urbanos. Son muchas las parejas que desde hace décadas anidan en tejados y azoteas. ¿Hay alguna cerca de tu centro escolar?

Un síndrome paralizante

La causa de ese declive probablemente sea múltiple. Pero algo les está pasando, y grave. Los especialistas han detectado, por ejemplo, que muchas gaviotas mueren de lo que han dado en llamar síndrome paralizante, una enfermedad todavía en estudio y que, como su nombre indica, las deja como paralizadas.

Quizá para algunos esa sea una buena noticia. Hay quien considera las gaviotas algo así como las ratas del aire. Para la mayoría, por supuesto, es motivo de preocupación. A la vez, una gaviota volando sobre el mar frente a una playa solitaria sigue evocando en muchas personas ideales como el de la libertad. ¿Sabías que uno de los partidos políticos con mayor implantación en nuestro país tuvo durante años como símbolo una gaviota? Investiga cuál. ¿Qué piensas tú de las gaviotas?

Época de cría

Estamos en plena época de cría de nuestras gaviotas patiamarillas. Sus nidos ya comienzan a estar instalados en tejados y azoteas, sí, pero sobre todo en islas, islotes, acantilados… Los pollos volarán en pleno verano, y no se convertirán en adultos hasta dentro de unos cinco años. Hasta entonces su plumaje irá cambiando del marrón jaspeado típico de sus primeros años al gris y blanco, con las puntas de las alas negras y salpicadas de motas blancas, que lucen de mayores. Su nombre, por supuesto, proviene del color de sus patas: amarillo. Pero esta es otra característica que solo adquieren con la edad.

En nuestras costas crían además, en pequeño número, la gaviota sombría y el gavión atlántico. Busca más información sobre ambas. Desde el verano, y sobre todo en invierno, llegan a Galicia otras especies de gaviotas, algunas desde tan lejos como las zonas árticas de Canadá, como la gaviota de Sabine. Hace poco se supo que, mientras que el macho de una pareja de esta especie se vino hasta el océano Atlántico, la hembra se fue… ¡al Pacífico! Y es que las gaviotas nunca dejan de sorprender.

■ Más información. Puedes consultar el Libro rojo de las aves de España.


asandovalrey@gmail.com es escritor y divulgador.

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