CARLOS OCAMPO

Decir que los Beatles provocaron un terremoto que cambió el mundo a lo mejor es un poco exagerado, pero nadie me va a discutir que, por lo menos, se pueden equiparar a DART, la nave de la NASA que hace dos semanas desvió la órbita del asteroide Dimorphos. En todo caso, estos escarabajos con pelo, como los describieron algunos cronistas cuando su fama empezó a traspasar los Pirineos, hicieron correr ríos de tinta que dejan ver el choque que supusieron: «Yo he visto una fotografía de los cuatro y les aseguro que son verdaderamente horrendos. Mejor aún, premeditadamente horrendos, porque solo con cierta mala intención al respecto puede alguien salir a un escenario con tales cabellos desgreñados y exuberantes, tan estudiado gesto de retraso mental, tan epiléptico movimiento de caderas, tan descarada renuncia al atractivo o, simplemente, al adecentamiento visual» (17-11-1963).

La conmoción vino a más hace 57 años justos. La Voz publicó el 26 de octubre de 1965: «Isabel II entrega a los Beatles la Cruz de Miembros del Imperio». La reina de Inglaterra había firmado la concesión de este reconocimiento en junio de ese año, como recoge una noticia muy breve, pero destacada con orlas (adorno alrededor del texto): «Isabel II hace a los Beatles caballeros de la Orden del Imperio» (12/6/65). A esta información la nota solo añadía: «Se trata de uno de los más bajos grados de la Orden de Caballería, fundada por Jorge V».

Al día siguiente los lectores pudieron enterarse, a través de una crónica desenfadada: «Los ingleses, divertidos por la concesión de la Orden del Imperio a los Beatles», de que el grado más bajo es el de miembro, pero les permitía «escribir las iniciales “M. B. E.” (Members British Empire) después de sus firmas y llevar la banda de seda rosa». Por cierto, lo de que fuera el grado más bajo acabó costándole el puesto al responsable del nombramiento, tras las quejas de la princesa Alejandra de Kent a su prima Isabel II.

Dicha crónica ya avanzaba que esta distinción había de crear polémica. Dos días después empezó la cascada de noticias de caballeros enfadados que devolvían a la reina su condecoración porque la recibían «esos vulgares don nadie» (15-6-65). Aunque también los defendieron siete diputados laboristas que pidieron que la Cámara de los Comunes reconociera «la satisfacción» que daban a las «personas que gustan de sus canciones, así como la cantidad de dólares que la exportación de sus grabaciones han producido a la Gran Bretaña» (17-6-65).

Los Beatles en España

Todo esto ocurría días antes de la llegada de los Beatles a España (1 de julio) para ofrecer dos conciertos, uno en Madrid y otro en Barcelona, pese a los esfuerzos del Gobierno para dificultarlo y para que, al menos, no fuera un acontecimiento demasiado brillante. Y la noticia de La Voz parece indicar, o que algo de efecto tuvieron, o que la mordaza de la censura apretaba con fuerza: «Solo cuatrocientos jóvenes recibieron a los Beatles a su llegada a Barajas» (2/7/65). Era una crónica de Europa Press que contaba, entre otras cosas: «No creo que hubiese más de 400 personas: chicos y chicas de doce a catorce años. Nada más. La sensibilidad española goza de buena salud. […] Había casi tantos periodistas como fans».

La información publicada al día siguiente también parece seguir la consigna de restar importancia al fenómeno: «Unos doce mil espectadores (de los 29.000 que tiene de aforo la Plaza Monumental de Madrid)» asistieron al concierto. «A las nueve menos diez los famosos “melenudos” no habían llegado todavía a la plaza de toros […]. Hasta el momento la jornada del debut de los Escarabajos en la capital de España transcurre normalmente, apenas si alcanza e1 entusiasmo de cualquier actuación de estrella de cine o de los toros y, desde luego, sin comparación posible con las grandes jornadas victoriosas de los equipos futbolísticos madrileños».

Y eso que estos «melenudos» tenían un precursor de renombre: «“Los Beatles se inspiraron en mi pelo”. Ha dicho el Cordobés [un famoso torero] en Lema» (23/10/1965).

La polémica no dejó de recorrer ningún rincón del mundo: «En la ciudad de Leiksa, en Finlandia, han tenido que acogerse a la protección de la policía, pues hace días, sádicos cortadores de pelo atacaron en las escuelas, en los cabarets y hasta en las mismas calles, a los émulos de los Beatles» (23/10/65).

Para saber más

Los suscriptores pueden leer en la Hemeroteca de La Voz el reportaje «La verdad de los Beatles», publicado en cinco capítulos entre el 2 y el 7 de julio de 1965, que narra sus primeros pasos.

Compartir en Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies