ELISA ÁLVAREZ

Docentes y teleoperadores son dos colectivos que con frecuencia tienen problemas de voz. Pero con el uso prolongado de la mascarilla estas molestias se han multiplicado, hasta el punto de que las consultas de los logopedas ya lo notan. «No hemos podido recoger las cifras pero en las consultas se ven más profesores, y en general nos refieren que tienen más dificultades, lo cual también es lógico», dice Ana Vázquez, presidenta del Colegio Profesional de Logopedas de Galicia.

Pero, ¿por qué se producen estos problemas, ya habituales antes de la pandemia, y por qué se agravan con las mascarillas? En general falta formación en técnica vocal, sobre todo en profesionales que hacen mucho uso de la voz, como son los maestros o los teleoperadores. Esto provoca que se haga una mala utilización de las cuerdas vocales y aparezcan disfonías, pólipos o nódulos. Y la mascarilla agrava estos problemas por varias causas: primera, porque el profesor tiende a elevar la voz con ella, cuando no se trata de gritar más sino de vocalizar, «cambian incluso el timbre con lo que hasta dificultan el entendimiento, lo que hay que hacer es impostar o vocalizar y lo que acabamos haciendo es gritar», explica Ana.

Por otro lado, la boca se reseca más y por encima al llevar mascarilla tiende a hidratarse menos -porque para beber hay que sacarse la protección-. A esto se unen otros factores que se dan en las aulas en pandemia y pueden agravar los problemas de voz: los cambios de temperatura a los que se someten niños y profesores para mantener la ventilación cruzada, y el habilitar aulas más grandes para mantener las distancias, lo que lleva al docente a elevar su tono.

Recomendaciones

Los logopedas insisten en que ahora que acaba de empezar el curso es importante prevenir los problemas de patología vocal antes de que aparezcan. De hecho, el curso pasado se impartió un curso sobre esta temática que tuvo mucho éxito entre el profesorado. En general se trata de tener una buena higiene bucalno fumar, beber mucha agua para mantenerse hidratado, evitar los lugares con aire acondicionado, los cambios bruscos de temperatura, y no intentar vencer la barrera de la mascarilla, «a veces parece que tenemos cemento en lugar de una máscara», apunta la presidenta del colegio, quien aclara que sin embargo no han notado un aumento de consultas entre los menores que están adquiriendo el lenguaje.

«La máscara dificulta que los niños se comuniquen con nosotros y nosotros con ellos»

Lleva muchos años dando clases de Historia y con problemas de voz. Asegura además de forma tajante que estos problemas no tienen que ver con el uso de la mascarilla, primero porque ya los tenía y segundo porque ahora echa mano de un amplificador para impartir sus clases. Pero sí admite que «la mascarilla dificulta la docencia, dificulta que los niños se comuniquen con nosotros y nosotros con ellos porque ni ellos te entienden bien a ti, ni tú a ellos».

Esta profesora, que prefiere no dar su nombre, ha tenido que acudir al logopeda después de pasar por otorrino y foniatra. El uso prolongado de la voz comenzó a pasarle factura hace años, pese a que nunca se cogió una baja por esta causa, «lo primero que noto cuando empiezan los problemas es que pierdo la voz y empiezo a toser, es una tos muy repetitiva y desagradable, llegando a lagrimear. Notas un pequeño dolor en la garganta y a veces llega a desaparecerte la voz», explica.

Lo ideal, avanza Berta Mata, logopeda en el Chuac, sería prevenir las patologías conociendo la técnica vocal, «así no acabaríamos con tantas disfonías, que vienen ya de meses atrás y muchas veces derivan en bajas». Las pacientes que más ve esta especialista son profesoras y teleoperadoras, así, en femenino, «porque es verdad que estamos viendo a más mujeres». En general, la disfonía se produce cuando hay una alteración en la vibración de los pliegues vocales. Como resultado se pierden los registros agudos, hay una inestabilidad en el tono, fatiga local e incluso ronquera. Para no acabar teniendo que realizar fisioterapia, o incluso con una patología, como pólipos o quistes, es aconsejable beber agua a pequeños sorbos, no elevar demasiado la intensidad de la voz, modularla o incluso controlar la alimentación, sobre todo en casos de reflujo.

Una vez avanzada la disfonía, lograr que remita implica unas ocho o diez sesiones con el logopeda, en donde se realizan ejercicios para calentar, modular o proyectar la voz, entre otros. Pero los especialistas insisten en la importancia de que los docentes hagan formación previa para evitar ya la llegada de problemas.

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