Sara Pérez

Para Laura Taboada Paz (Ourense, 1994), la carrera de Medicina significa ir pasando fases, filtros y pruebas: primero con la selectividad, luego con la propia carrera y, para terminar, el mir. Y son momentos, dice, en los que quizás no todo tiene por qué salir perfecto y a la primera. «Muchas veces uno tiene la sensación de fracaso cuando no se consigue el resultado inmediato de lo que se está buscando. No todo es perfecto paso a paso como podemos imaginar, todos podemos tener un tropiezo», cuenta. Ella lo vivió en primera persona cuando no consiguió entrar en Medicina a la primera. Ahora, sin embargo, está en su tercer año de residente de dermatología en Ferrol. «Lo que parecía un fracaso en aquel momento no lo fue», afirma.  También ha lanzado en redes una cuenta en Instagram (@dra.laurataboadapaz) en la que pretende acercar la dermatología a un público general y también a otros compañeros de especialidad. 

—¿Cómo es estudiar Medicina? Lo único que sabemos es que entrar es muy difícil.

—Yo estudié en Santiago y luego hice un Sicue [una especie de Erasmus nacional] en Granada, que fue maravilloso y que animo a todos a que lo hagan porque va mucho más allá de lo académico. Los dos primeros años de carrera, depende de cada facultad, son teóricos, solo hay algunos seminarios sin pacientes. A partir de tercero ya hay prácticas en el hospital en ciertas asignaturas. Sexto es un año de prácticas, donde rotas por distintos servicios, y no tienes exámenes. Yo soy de Ourense y lo hice allí. Pensé que al ser un hospital más pequeño me permitiría estar mejor atendida y que me pudiesen prestar más atención. Es una oportunidad para descubrir qué es lo que te gusta. Escoges Medicina pero te das cuenta cuando estás dentro de que tienes que volver a elegir. Tienes las especialidades quirúrgicas, centradas en el quirófano, luego otras más médicas, como medicina interna, y luego están las mixtas, con dermatología. Durante sexto tienes la oportunidad de rotar entre especialidades obligatorias y otras según tus gustos. En Granada roté en dermatología, y teníamos prácticas. La verdad es que me encantó, estuve muy a gusto. Recuerdo que al salir de las prácticas llamaba a mi madre y le decía que eso era lo que quería hacer. Y tenía que esforzarme, pues dermatología es una de las especialidades que se acaban primero cuando escoges después del mir.

—¿Es distinta la experiencia académica en Granada y en Santiago?

—Sí. Santiago es una facultad muy grande con muchos alumnos y eso condiciona directamente el tipo de docencia. Allí eran grupos reducidos y tenía el Plan Bolonia más implantado. Aquí, con 400 alumnos por curso, como es lógico, es un poco más despersonalizado. No te puedes permitir hacer un seminario sobre una dieta equilibrada y compartir entre todos un poco nuestra opinión.

—¿Cómo explicarías qué es el mir?

—Es como una selectividad dentro de los estudiantes de Medicina. Como cuando estás en bachillerato, te vas a enfrentar a un examen y según las notas te ordena y escoge primero el que tenga mejor calificación. La media de la carrera cuenta un 10 %, y el examen, el 90 %, de tipo test. Durante el año de sexto ya te apuntas a una academia. Además de las prácticas en el hospital, vas a una academia y estudias en casa. No es nada nuevo, entra todo lo que has dado en la carrera. Y está organizado por asignaturas. Acabas sexto y, en lo que se supone que son tus vacaciones de verano, empiezas el intensivo de estudio, ocho horas al día hasta enero, que es el examen. Según la nota que saques y la media de la carrera, te ordenan en una lista. Luego tienes que elegir la especialidad que quieres hacer y además dónde quieres hacerla.

—¿Cómo lo recuerdas?

—Yo afronté el mir con intensidad, tenía una buena nota en la carrera, pero tampoco tenía 55 matrículas; entonces la verdad es que desde sexto me tomé muy en serio el examen. Si quería hacer dermatología, era lo que me tocaba.

—Y te salió muy bien.

—El año que me presenté éramos 17.000, y había unas 8.000 plazas. Dermatología, en mi año, se terminó en el 900. Yo quedé en el puesto 525. Ahí tuve que tomar la decisión de si quería hacer dermatología por encima de todo, a pesar de tener que irme a las Canarias, por ejemplo. Y decidí que sí, que me iría a cualquier sitio. 

¿Cómo fue el momento de elegir?

—Mis primeras opciones eran en Galicia. Fuimos al Ministerio de Sanidad y allí elegías. Por una parte, fue uno de los momentos en los que peor lo pasé de mi vida por la tensión, pero luego cuando todo salió bien… la cara al salir y el abrazo con mis padres fue lo más emocionante. Conseguí plaza en Ferrol, ahora soy R3, estoy como en la mitad de la residencia. 

—¿En la residencia también pasáis por otras especialidades?

—El primer año hay muchas rotaciones. Todos tenemos que pasar por urgencias, por medicina interna… Además, tienes que ir rotando por aquellas con las que vas a trabajar de cerca. Tienes que formarte en todo lo que rodea tu especialidad. Y luego en dermatología hay muchas subespecialidades. Dentro de las posibilidad de tu centro vas haciéndote tu plan formativo. He ido a A Coruña a cirugía plástica y ahora estoy en Santiago con anatomía patológica. También he ido a Alicante a la unidad de alergia cutánea y voy a ir a Madrid a pediatría.

Y cuando se termina esa etapa…

—Con el mir lo que consigues es una plaza en formación. Luego esa plaza desaparece, y teóricamente te vas al paro. Lo que pasa es que dependes de la oferta laboral de ese momento. Y ahí empieza otra andadura. También vas a estudiar toda la vida. Las tardes que no estás en consulta, estás estudiando, o con muchos cursos y congresos. Todo esto te quita tiempo libre. La medicina sí que es algo que te va a consumir gran parte de tu vida. En mi caso me compensa porque es algo que realmente quiero hacer y me gusta. 

—¿Cómo es un día como residente de dermatología?

—Yo estoy de ocho a tres y alterno quirófano y consulta. En Ferrol, dos tardes a la semana tenemos consulta. En dermatología no tenemos guardias, y eso condiciona tu poder adquisitivo. El sueldo de un residente se divide en la parte base (1.000 euros) y luego lo que tú hagas de guardias o tardes.

—¿Un consejo?

—Uno importante es que la elección de una carrera te condiciona, pero no tanto como pensamos. Cada vez hay más posibilidades dentro de cada ámbito, y es muy difícil tomar una decisión que te encasille en un único sitio, siempre vas a poder encontrar tu camino. Y que no se frustren porque hay muchos caminos para llegar al mismo sitio, y ninguno de ellos es un fracaso. Tu camino lo vas haciendo tú, no tienes por qué seguir a los demás.

Vocación e interés por la investigación

Para ser médico, una de las habilidades más importantes es la de concentración, organización y planificación, además de la capacidad para trabajar bajo presión. Esta es la descripción de conocimientos, habilidades e intereses que debe tener en cuenta un estudiante que se sienta atraído por el trabajo:

Conocimientos previos
Dominio de la biología, química, matemáticas y psicología.

Habilidades y aptitudes
Buena capacidad de concentración, organización y planificación.
Capacidad de síntesis, análisis y reflexión.
Buenas habilidades sociales.
Gran capacidad de esfuerzo y dedicación.
Comprensión lectora.
Buenas habilidades de comunicación.
Gran capacidad para el trabajo bajo presión.
Empatía.

Intereses
Vocación por la medicina, por la salud y por la vida de las personas.
Interés por la investigación.

Esta información ha sido realizada por el equipo de expertos de viaedu.es

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