BELÉN ARAÚJO

Argentina está de actualidad. La elección de Javier Milei como presidente del país (partidario de eliminar la escuela pública) abre un escenario de incertidumbre en el ámbito educativo. ¿Cómo es ahora la educación argentina? En el país hermano de Galicia en el hemisferio sur hay regiones rurales, como la Patagonia o La Pampa, pero también ciudades con millones de habitantes como Buenos Aires (la capital), Córdoba o Rosario, y esas grandes diferencias que existen entre provincias lo han acabado dividiendo, al menos, en lo que a sistemas educativos se refiere.

La educación obligatoria comienza a los cuatro años en toda la nación, aunque la mayoría de niños entran un año antes, a los tres, a los jardines de infantes. Allí permanecen hasta los seis años, edad en la que dan el salto a la escuela primaria. Hasta ahí, todos van a la par. Sin embargo, en algunas regiones de Argentina los alumnos permanecerán durante siete cursos en esta etapa, mientras que para otros la primaria durará seis años. Además, no hay pautas nacionales sobre el currículo, sino que son las provincias las que deciden qué materias se deben estudiar y cuántas horas se les debe dedicar a la semana. Por eso un colegio del norte puede tener cuatro horas de Matemáticas y otro del sur puede que lo amplíe a seis.

Con entre 12 y 13 años, los estudiantes pasan a la escuela secundaria, donde estudiarán entre cinco y seis cursos (también, dependiendo de la provincia). No existe el bachillerato como en España, sino que toda la secundaria es una etapa única que integra la educación hasta los 18 años, cuando los alumnos pueden acceder a la universidad (que es gratuita) o estudiar un ciclo de formación profesional (también gratis). Y no, ¡no existe la selectividad! El ingreso es libre.

Aunque ha ido mejorando su sistema educativo los últimos años y los resultados de PISA así lo avalan, hay un problema recurrente en los colegios argentinos: tres de cada diez niños ha repetido algún curso. Para intentar reducir esta tasa tan alta, el año pasado algunas regiones empezaron a adaptar un nuevo sistema. Hasta ahora, los alumnos con dos materias suspensas podían pasar de curso, pero tenían que examinarse de ellas al año siguiente en las llamadas “mesas de examen”.

Eso hacía que muchos acumulasen asignaturas pendientes y acabasen repitiendo al año siguiente. Ahora, en vez de hacer un examen, los alumnos de Buenos Aires (entre otros) acuden a clases de “intensificación” donde, mediante pruebas orales, trabajos prácticos y debates que ocupan entre dos y cuatro horas semanales durante un mes, pueden aprobar esas asignaturas que les quedaron del curso pasado de forma más sencilla, pero invirtiendo algo más de tiempo.

Y a ti, ¿te gusta este sistema o prefieres los clásicos exámenes de recuperación?

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