Antonio Sandoval
Estamos en unas fechas ideales para estudiar la arquitectura de los árboles caducifolios: vacíos de hojas, o con muy pocas. Sus siluetas nos muestran cómo han ido creciendo, la forma en que sus ramas han nacido unas de otras hasta dar forma a una copa única.

Coge un cuaderno y un lápiz, busca algún ejemplar de roble cerca de tu centro y dedica un rato a retratarlo, comenzando por el tronco y subiendo después hasta los extremos de sus ramas más delgadas. Si te acercas más a él, acaso descubras ahí, en esas ramitas, unas pelotas del tamaño de pequeñas ciruelas. Un momento, te dirás… ¡Esto no son bellotas!

No, no lo son. Esas pelotas son agallas. En gallego, bugallos. No son frutos, en absoluto. Aunque lo parezcan. Entonces ¿será que alguien las ha puesto ahí, como quien engancha las bolas brillantes a un árbol de Navidad? ¡Qué misterio! Quizá haya alguna como la de la foto caída por el suelo, entre las hojas secas. Busca a ver.
Para resolver este misterio, ahí van algunas pistas. Primera, es el propio árbol el que produce esas pelotas como de madera. Segunda, lo hace como respuesta al parasitismo de… Eso tendrás que investigarlo tú. Fíjate bien en la de la foto, tiene un orificio minúsculo. ¿Quién lo habrá hecho? Es más, ¿lo habrá hecho para entrar dentro de la agalla o para salir de ella? Cuando des con la solución, descubrirás que hay muchos tipos de agallas diferentes. Algunas, como estas, crecen en las ramas. Otras lo hacen en primavera y verano en las hojas. Estas que tienen forma de pelotas se llaman en muchas zonas del centro de España gallaritas. Utilizadas por los niños en el pasado para jugar a las canicas, se recolectaban además para fabricar una tinta oscura que resultaba especialmente ideal para la escritura.

No fueron pocos los manuscritos de, por ejemplo, el Siglo de Oro español que se escribieron mojando plumas de ganso en tinta fabricada a partir de agallas del roble. Hoy, cuando basta con acudir a una papelería para hacernos con un bolígrafo o un lápiz, nos parece que la tinta es algo ajeno a nuestras vidas. Si lo pensamos, es verdad, la encontramos en muchas partes: en este mismo periódico, sin ir más lejos. Y en los libros. En las camisetas, también. ¿En qué más lugares de tu alrededor? Investiga de qué están fabricadas esas tintas. Una de sus claves, recuerda, debe ser que perduren. Las de las camisetas, lavado tras lavado.

En el pasado, desde que los humanos comenzamos a escribir sobre pergaminos primero y sobre papel después, dar con la tinta perfecta fue todo un reto. Algunos documentos eran de enorme importancia incluso a nivel estatal. ¡No debían borrarse jamás! ¿Te imaginas escribiendo así, buscando primero agallas y después preparándolas para hacer tinta?

■ Para saber más. Así fabricaban tinta con agallas en el Siglo de Oro español

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