LUPE MOLEDO

Mary Poppins decía en la película: «Todo trabajo tiene algo divertido y si encuentras ese algo… se convierte en un juego!». Este precepto maravilloso es aplicable a nuestra vida cotidiana y en nuestro mundo académico y profesional. ¿Y cómo encontrar esa diversión? ¿Cómo no perder por el camino la chispa que nos hace el día a día más fácil o menos aburrido?

Esa chispa se llama creatividad y podríamos definirla de mil formas diferentes, pero no es más que la capacidad para encontrar soluciones inesperadas a problemas diarios. La característica mental de la persona creativa está en la falta de barreras, lo que trae como regalo enfoques originales e innovadores.

Todos nacemos siendo creativos y con una imaginación desbordante. Tú eres creativo. Esta cualidad innata está íntimamente ligada a la curiosidad que es un instinto que nos asemeja al resto de especies animales y que nos lleva a vivir nuevas experiencias. Sin curiosidad no hay búsqueda de conocimiento y, por lo tanto, no habrá invención, no habrá nuevas vivencias o descubrimientos.

Es fantástico pensar que ambas cualidades nos vienen dadas con el simple hecho de nacer.

Pero conforme vamos creciendo, vamos dejando de ser tan creativos… ¿Por qué?

Los enemigos de la creatividad 

Cuando eras niño te pasabas el día poniendo en marcha tu imaginación, todo lo hacías jugando. Comías imaginando que la cuchara era un avión o que las figuritas de merluza hablaban entre ellas; la hora del baño era todo un acontecimiento de competiciones de natación, barcos o animales. Allí, en el agua y entre burbujas, tu mente no tenía límites y se te ocurrían las mejores historias. Incluso en el colegio, seguían fomentando esa creatividad aprendiendo, jugando: proyectos innovadores, colores, materiales diversos, cuentos, imágenes, películas…

Conforme fueron pasando los años, tus responsabilidades iban creciendo (más carga de trabajo, más autonomía, más dificultad para solucionar problemas, …) a la vez que tu tiempo para crear, pensar o imaginar, iba disminuyendo porque con tus nuevas obligaciones no había tiempo para eso…

En la escuela o en el trabajo tu cerebro está tan ocupado que no tiene tiempo de pensar… ¡menuda contrariedad!

LAS PRISAS

La escuela, el trabajo o nuestra vida personal y familiar no están pensadas a día de hoy para fomentar las diferencias sino para hacer que las personas seamos rápidas y efectivas. El resultado de esto es que nos convertimos en seres muy similares haciendo cosas muy parecidas. Vamos rápido a todas partes, con el piloto automático, sin pararnos a reflexionar y dedicarle un tiempo a escuchar, valorar y debatir otras maneras de hacer las cosas.

En el ámbito educativo, por ejemplo, no se debería nunca poner frenos a las preguntas o propuestas de los alumnos, pero algunos maestros ven esto como una interrupción en vez de verlo como una ventana de oportunidad para desarrollar sus clases de diferente manera y que las dudas surgidas se conviertan en un diálogo que cale mucho más en su motivación y aprendizaje.

LA RUTINA 

Pero el responsable de esto no es solo la falta de tiempo sino también la rutina. Somos animales de costumbres y si haces lo mismo todos los días es imposible tener nuevas ideas. Un ambiente cultural pobre o carente de estímulos solo te puede aportar un pensamiento lineal en el que no entra la innovación o los cambios.

LA VERGÜENZA 

Otro gran enemigo de la creatividad y que crece a medida que creces tú es la vergüenza: herramienta de control que no te va a permitir arriesgar. Te llevará por un camino seguro y fácil, pero dejará fuera de la ecuación la expresión de tu imaginación.

La vergüenza resulta útil para regular ciertas conductas, vamos adaptándola a nuestras habilidades sociales para no cometer errores innecesarios, implica arrepentirse de algo que hemos hecho que va en contra de nuestros valores; no obstante, supone un problema cuando no nos permite avanzar y bloquea nuestro impulso creativo.

EL MIEDO 

Y por último está el miedo. El miedo a crear algo por si sale mal o por si no gusta, por si te juzgan, por si te decepcionas a ti mismo, por si fracasas… Arriesgar da miedo, cometer errores da miedo. Al final, terminas asumiendo riesgos mínimos.

Como dijimos anteriormente la escuela y el trabajo esperan de ti que seas una persona seria y eficaz, y las críticas negativas pueden ser despectivas y desanimarte a desarrollar la parte lúdica que necesitas para crear. El miedo a que no valoren tu idea hará muy difícil que insistas en ella, y quizás te sientas solo en el camino creativo, pero esto es sólo parte del proceso, al igual que lo es creer en ti.

Pero recuerda que fallar es simplemente descubrir lo que no funciona, por lo que eso también es un éxito.

Pero… Estamos rodeados de creatividad.

Todo a tu alrededor es producto de la idea de otra persona: la forma de cocinar un plato en un restaurante, la ropa que llevas, las últimas zapatillas de deporte, el videojuego que te han regalado en tu cumpleaños o el coche de tu mejor amigo… Incluso en los trabajos o presentaciones de algunos compañeros llegues a pensar que a ti nunca se te ocurriría algo similar, tan original.

Puede que te preguntes: si la creatividad viene de serie, y muchos desarrollan sus ideas ¿dónde están las mías? ¿Cómo puedo mejorarla?

El caso es que la creatividad se trabaja, hay que alimentarla para que se desarrolle, necesita entrenamiento para desplegar todo su potencial.


Lupe Moledo es colaboradora del gabinete de coach catemo.es

 

LOS INGREDIENTES PARA MEJORAR
¿Cuáles son tus pasiones?

Lo primero que debes preguntarte es cuáles son tus pasiones, a qué dedicas tu energía cuando no estás estudiando o trabajando… o mejor aún: ¿cuándo te sientes como pez en el agua? El experto mundial en educación, creatividad e innovación, Sir Ken Robinson, dedicó un libro llamado «El Elemento» a explicar la importancia de encontrar la confluencia entre lo que se te da bien y lo que te encanta. Y dedicarte a ello.

El primer paso no es fácil porque puede que te invadan cantidad de opciones que te gusten, así que te sugiero que te hagas preguntas del tipo:

  • ¿Qué actividad estoy dispuesto a realizar sin pensar inicialmente en el beneficio?
  • ¿Cuál de mis cualidades están por encima de la media?
  • ¿Sobre qué áreas busco información sin cansarme ni aburrirme?
  • ¿Quiénes son tus referentes? ¿Por qué?

Es una fase de auto observación, así que no dudes en coger papel y lápiz y apuntar todo lo que consideres importante para aclarar tus ideas.

Fórmate en lo que te gusta 

Encontrar tu pasión y entregarte a ella implica también aumentar tu aprendizaje dejándote llevar por la curiosidad genuina que despertará en ti. Recopila información si es necesario, acepta que necesitarás disciplina y práctica.

Puede que en este paso tengas que crear un hábito, debes dedicarle tiempo. Encontrar un tiempo en tu día para dárselo al elemento que hayas elegido y que se va a convertir en el punto central de tu creatividad, de tu imaginación.

Es la hora de preparar tu espacio de trabajo, de ponerte cómodo; analiza si vas a necesitar materiales y cuáles; qué ambiente te aporta más concentración (un espacio cerrado e íntimo o uno abierto y con gente alrededor) y di adiós a las distracciones, a todo aquello que te aparte de tu objetivo como las tareas automáticas o las constantes redes sociales.

Arriésgate 

No temas a la hora de arriesgar, aunque salga mal. Para ello debes salir de tu zona de confort y vivir nuevas experiencias que potencien tu creatividad. Desde viajar o conocer gente nueva pasando por visitar museos o parques…cualquier actividad que escape de tu rutina despertará nuevos pensamientos que te llevarán a probar cosas nuevas y evitarán que uses las mismas soluciones que ya probaste en el pasado.

No permitas que en este punto del proceso creativo entre tu `yo crítico´, eche por tierra lo que todavía no has puesto en práctica. Recuerda tus éxitos anteriores, aunque sean pequeños, la propia motivación y entusiasmo es un éxito por lo que deben estar presentes en este paso.

Relájate 

Y ahora viene un ingrediente fantástico que hará crecer tu creatividad como la levadura al pan y es el descanso y el relax. Comprobarás que las mejores ideas se te ocurrirán cuando estés relajado: en la ducha, en la cama, de fiesta o incluso durmiendo. ¿Por qué? Es en esos momentos cuando tu cerebro no está atado a obligaciones, a horarios, a una estructura marcada llena de «tengo que hacer esto» o «tengo que hacer lo otro». Es en estos momentos en los que parece que tu cabeza está de vacaciones cuando tu mente sigue conectando ideas sin que seas consciente del todo.

Y ahora que ya tienes los ingredientes para potenciar tu creatividad, ¿vas a ponerlos en práctica?

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