3.0. Preparación

Sin duda, uno de los filólogos que recientemente más ha contribuido a destapar los extranjerismos que se colaban innecesariamente en la lengua española, sobre todo a través del deporte, fue el ya fallecido director de la Real Academia Española Fernando Lázaro Carreter, muy conocido además por sus libros de texto para la enseñanza de la educación secundaria, que marcaron una época. Creo que pocos estudiosos de la lengua española ignorarán sus contribuciones periodísticas recogidas después en dos conocidos voúmenes: El dardo en la palabra y El nuevo dardo en la palabra. No podemos, pues, dejar de recomendar al profesor la lectura de algunos de estos artículos como preparación de la unidad didáctica. Me atrevo a proponer, a quien no tenga ganas de detenerse demasiado y prefiera ir a tiro fijo, la lectura del titulado «La maratón», del capítulo de 1985 del primer Dardo.

3.1. Conocimientos (y actitudes) previos

Si el tema está ya lejano, repaso sobre todo los conceptos de préstamo y de neologismo y los tipos de préstamos que ha recibido el español: anglicismo, galicismo, germanismo, latinismo (cultismo), helenismo, lusismo, etcétera, comprobando que los alumnos son capaces de identificar la lengua de origen de cada término.

Los alumnos también deben tener nociones sobre las otras formas de incorporar terminología a la lengua (derivación, composición, acronimia, acortamiento, sigla…).

Conocer los procesos de cambio semántico también será útil.

3.2. Conceptos

a) Neologismo

b) Extranjerismos: anglicismo, galicismo, germanismo, italianismo…

c) Adaptación fonética y ortográfica.

3.3. Procedimientos

a) Lectura de un texto para descubrir en él los posibles extranjerismos que contiene.

b) Investigación de alternativas.

3.4. Actitudes

a) Evaluación de si se trata de un extranjerismo dado:

  1. tiene alternativa en la lengua receptora o no lo tiene;
  2. si es más exacto, breve o expresivo que la alternativa;
  3. si solo aporta a quien lo usa una falsa apariencia de exclusividad.

b) Empleo reflexivo de la lengua y que los alumnos sean conscientes de cuándo usan extranjerismos y por qué los prefieren a las alternativas patrimoniales. Si son absolutamente necesarios cuando no hay otras opciones o si son recomendables cuando aportan exactitud, también deben comprender cómo poco a poco se van haciendo al espíritu de la lengua receptora.

c) También se pretende que valoren la importancia de preservar la unidad del idioma, contra la que iría la aceptación acrítica de todos los extranjerismos que pugnan por entrar a través de todo tipo de actividades que necesitan hacer uso de un vocabulario específico para su desarrollo.

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