En algunas ocasiones los prejuicios religiosos – y también los filosóficos – dificultaron el avance de la ciencia. Pero si algo se puede demostrar (por ejemplo que la Tierra da vueltas alrededor del Sol o que las especies evolucionan con el tiempo) sólo es cuestión de tiempo que alguien dé con la forma de demostrarlo. En este sentido no sólo la religión o la filosofía han puesto límites al avance de la ciencia, ya que muchas veces los propios científicos tienen dificultades para imaginar una realidad más allá de lo que todo el mundo acepta. Por eso hablamos de “revoluciones científicas” cuando un grupo de investigadores (generalmente jóvenes) se atreve a pensar más allá de las convenciones de su tiempo y consigue poner patas arriba una disciplina científica.

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