JOSÉ A. PONTE FAR

En una sección como esta, dedicada a la literatura, no podíamos dejar de acercarnos a la gran figura de las letras que fue Alfonso X, el Sabio, muy de actualidad en los medios culturales oficiales porque en noviembre de este 2021 se cumplieron 800 años de su nacimiento. En efecto, el hijo del rey Fernando III, el Santo, nació en la corte de Toledo en 1221. Moriría en 1284, en Sevilla, la ciudad reconquistada a los musulmanes por su padre.

Como rey que fue de Castilla y León, tuvo luces y sombras en su reinado. Aciertos, como la reconquista de un importante territorio en la zona del Guadalquivir que incluye las ciudades de Cádiz y Huelva, y fracasos, como su pretensión de ser nombrado emperador del Sacro Imperio Romano. Pero el campo en el que logró grandes éxitos, que aún hoy tienen vigencia por su importancia, es el cultural. Hizo de la cultura el centro de atención de su política porque quería transformar la sociedad, consciente, como era, de que solo la cultura puede lograr cambios positivos en la sociedad. Fue un pionero en este sentido, siempre interesado en la divulgación cultural y en la transmisión del conocimiento.

Tuvo el gran acierto de reunir en su corte a un importante grupo de hombres doctos (latinos, hebreos y árabes) en la Escuela de Traductores de Toledo, que, bajo su dirección y patrocinio, llevó a cabo una amplia tarea de divulgación científica. Se tradujeron del latín, del árabe y del hebreo al castellano importantes documentos de índole muy variada. Fue capaz de prescindir de prejuicios de raza o de religión, porque su afán cultural estaba por encima de esas diferencias. Y del trabajo riguroso de esa Escuela de Traductores va a salir una obra enciclopédica, que abarcará, entre otros, los campos de la historia, la jurisprudencia, la astronomía, la poesía, la música y la pintura. Para hacernos una idea de la trascendencia de estos estudios, solo dos ejemplos. Uno: su obra Las siete partidas, de contenido jurídico, funcionó como fuente de derecho en España hasta el Código Civil del siglo XIX (1889), porque legislaba sobre cuestiones muy concretas y de forma muy clara y precisa. Hoy la efigie de Alfonso X está en el Capitolio estadounidense entre personajes elegidos por su relevancia en la historia legislativa del país. Y dos: por su aportación a la astronomía, en 1935 se lo reconoció como astrónomo nombrando en su honor al cráter lunar Alphonsus.

Aportación al gallego

Y dejo para el final la gran aportación que hizo el rey sabio al gallego, escribiendo en gallego-portugués Las cantigas de Santa María, parece que, en su mayor parte, por su propia mano. Son 420 composiciones, de las cuales 417 tienen notación musical, por lo que han podido ser interpretadas a lo largo de todos estos siglos. Podemos presumir de que todo un rey de Castilla haya escogido el gallego para escribir su obra poética. Se explica porque en esa época esta lengua romance que se hablaba en el noroeste peninsular hasta el río Duero era la lengua culta, la que habían utilizado los poetas, incluidos los castellanos. Además, Alfonso X fue criado por un ama de cría (Urraca Pérez) y su marido en Allariz, donde sus cuidadores tenían propiedades y donde pasaban largas temporadas veraniegas. Por eso el rey estaba también muy familiarizado con la lengua que se hablaba en Galicia.


José A. Ponte Far es escritor y profesor de instituto jubilado.

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