SARA CARREIRA 

El IES do Castro venció el curso pasado la dinámica del coronavirus con un proyecto que extendió varios meses para ayudar a los demás. El centro participaba de la mano del vicedirector Pedro González Sardón en un proyecto Erasmus de dos años de duración titulado Educando ciudadanos: aprendiendo valores democráticos a través de la acción social. Eran cuatro escuelas europeas las que estaban apuntadas: ProCivitas Privata Gymnasium AB Stockholm, un centro sueco que hizo de coordinador; Szabad Walford Atalanos Iskola és Gimnazium, en la ciudada de Szeged, en Hungría; y el 1st Lyceum of Rodas, en Rodas, Grecia.

En el último año los encuentros se hicieron telemáticos, y se tuvieron que despedir de las visitas a las distintas escuelas, una parte fundamental de la experiencia Erasmus que el covid robó a estos alumnos. Decidieron solicitar la ampliación del programa seis meses para poder compensar la pérdida de la primavera. La idea era dejar para octubre la visita a Estocolmo, la última de las citas internacionales y a la que estaban apuntados los gallegos; sin embargo, la pandemia hizo imposible el encuentro físico de los grupos.

Aquí puedes ver los vídeos con las actividades realizadas

Comedores abiertos
La esencia de programa sí se mantuvo. La acción social, como explica Pedro González Sardón, se hizo más necesaria que nunca. Por eso, durante las vacaciones los alumnos del instituto gallego decidieron participar junto con el Ayuntamiento de Vigo en la dotación de los comedores escolares para que los alumnos con más necesidades tuviesen la garantía de al menos una comida de calidad al día. De este modo, lo que podía haberse perdido por el covid se vio impulsado desde el compromiso ciudadano.

Eva Campos es una de la alumnas del IES do Castro que participó en la iniciativa. Explica que el objetivo era que cada grupo de alumnos participantes encontrase algo que podía cambiar en su entorno más inmediato: «Nosotros vimos que hacía falta la atención a los alumnos con más dificultades también en las vacaciones; los estudiantes de Estocolmo en cambio vieron que tenían un problema con las drogas, en parte porque pensaban que no había suficientes actividades alternativas para los jóvenes; y en Rodas decidieron trabajar contra la violencia doméstica». Cada colectivo reflexionó sobre su sociedad, aunque Campos asume que solo son una ayuda más: «No puedo decir que nosotros cambiamos la situación en Vigo, pero creo que sí aportamos algo para que mejorase».

Elena Iglesias, otra de las estudiantes, reconoce que la imposibilidad de viajar a Estocolmo les supuso un revés, aunque entiende perfectamente las circunstancias. Ella se queda con la experiencia de haber sido anfitriona: «En febrero vinieron de los otros centros a Vigo y organizamos muchas actividades, es una experiencia que me ha parecido muy interesante», explicaba haciendo suyo el espíritu del Erasmus.

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