«Mis amig@s ya se han desarrollado físicamente, pero yo todavía no».

«Estudio mucho, pero no consigo los mismos resultados académicos que en años anteriores y algun@s de mis amig@s sí».

«Mis amigos ya salen, pero a mí no me gusta, prefiero quedarme en casa jugando a un videojuego o quedar con mis amig@s para hacer vídeos de Tik Tok».

«El año pasado yo era muy buen@ haciendo deporte, pero como aún no he dado el estirón, no tengo suficiente cuerpo y parece que ahora tod@s juegan mejor que yo».

¿Te suena alguna de estas situaciones? ¿Sentir, por momentos, que parece que ya no encajas, donde hasta hace poco encajabas perfectamente?

En estos períodos, en los que no nos sentimos del todo bien, la tendencia habitual es dirigir nuestra atención a todas las situaciones que confirman en nuestro día a día el porqué yo no encajo, descontando y no prestando atención a otro tipo de información. Si nos quedamos atrapados en esta sensación, lo que hacemos es reducir nuestra autoestima y sentirnos cada vez más pequeñitos. Y esto nos hace sentir tristes, enfadados y/o frustrados.

Lo cierto es que muchas veces, ¡ni yo mismo me entiendo!

Si no gestionamos bien estas emociones, podemos llegar a tomar decisiones poco acertadas, con el único objetivo de conseguir encajar o satisfacer a otros en el ámbito que sea.

Las personas nos comportamos desde nuestras emociones, por lo tanto, desde estados emocionales como inseguridad, enfado, tristeza o frustración podemos mostrar comportamientos poco habituales en nosotros (por ejemplo: dejar de estudiar; salir, aunque me apetezca más otro plan e incluso probar cosas que no quiero probar para sentirme parte del grupo; enfadarme bruscamente en los partidos o en los campeonatos deportivos; comportarme mal en el instituto; contestar mal a mis padres o profesores…).

Además, aunque nos cueste reconocerlo y no queramos demostrarlo, en el fondo no nos gustan estos comportamientos porque tampoco nos hacen sentir bien.

 

 

¿Qué podemos hacer? ¿Es cierto que no encajo o no valgo?

  Amplia tu foco de atención (no te centres sólo en lo que sale mal, sino también en lo que sale bien). Si te cuesta mucho fijarte en las cosas que te salen bien, puedes anotarlas en una libreta todos los días para entrenar tu atención.

  Identifica tus puntos fuertes y también tus áreas de mejora. Aunque suene paradójico, ser consciente de las áreas en las que debes mejorar, te ayuda a ponerte objetivos más concretos y a poder avanzar en ellos. Por cierto, no te olvides de celebrar tus avances por pequeños que sean.

  Evita compararte con otros. Seguro que hay personas en tu entorno que tienen mejores resultados académicos, o que son buenos haciendo algún deporte, o que tienen muchos likes en Instagram, o que son muy populares, pero, aunque tú lo no creas, todas esas personas también tienen sus áreas de mejora. Compárate contigo y pon tu energía en intentar mejorar en lo que consideres que puede ayudarte a ser mejor y convertirte en una mejor versión de ti mismo.

  Practica hábitos saludables. Deporte, dieta, descanso y diversión. Una vida sana nos ayuda a generar emociones positivas.

  Si sientes que alguna persona de tu entorno, de tu grupo de amigos, te hace daño, busca nuevos amigos, dentro del instituto o en otras actividades que realices. Quédate con las personas que te aportan, te suman y te hacen sentir bien.

  No te aísles en los videojuegos, en las redes sociales o delante de una pantalla. Aunque pueda parecer que ahí te sientes más seguro, limita tus oportunidades de desarrollo social y crecimiento personal.

 

¿QUÉ FORTALEZAS DESARROLLAS?

En todo este proceso estamos desarrollando muchas fortalezas de carácter. La primera es el amor por ti mismo y por los demás. Buscar estrategias para que estés bien y sentirte bien, es fundamental, no solo en esta época de la adolescencia sino a lo largo de toda tu vida. Recuerda que nos comportamos desde nuestras emociones. También estamos desarrollando la fortaleza de la perspectiva, al entrenar como ampliar nuestro foco de atención para poder observar el mundo de manera que tenga sentido para nosotros y para los demás.

Además, también estamos desarrollando todas las fortalezas relacionadas con el valor del coraje, que son fortalezas que nos permite lograr metas a pesar de cualquier oposición, ya sea interna o externa. Fortalezas como la honestidad, la valentía, la perseverancia y la energía buscando momentos que nos generen emociones positivas y que nos permitan acercarnos a las situaciones de nuestra vida con entusiasmo.

Todos podemos sentirnos inseguros en algún momento, pero en nuestra mano está la decisión de quedarnos ahí atrapados o de avanzar hacia una emoción más beneficiosa para nosotros.


Teresa Molezún es socia de Catemo Educación.

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