ANTONIO SANDOVAL REY

Hace pocas semanas que llegaron. Y desde entonces, animan con sus veloces vuelos los cielos de nuestras ciudades y pueblos, y con sus voces, agudas y chirriantes: es como si cada poco celebrasen sus vertiginosas cabriolas sobre tejados y azoteas.

Van y vienen atrapando insectos voladores. Y también cualquier material que, llevado hasta allí arriba por una ráfaga de aire, les resulte útil para su nido. Por ejemplo, una pequeña pluma, una brizna seca de hierba…

Se llaman vencejos, cirrios en gallego. Y son unas de nuestras aves más comunes y a la vez fascinantes. Claro, te habrás preguntado: ¿y de dónde han llegado? Aunque quizá ya lo hayas imaginado… Como muchas otras aves migratorias que aparecen en primavera en Galicia y se marchan en otoño, pasan los meses más fríos del año en África. Solo que, en el caso de los vencejos, lo hacen en un lugar asombroso de ese otro continente.

Invernada aérea

Resulta que, desde que nos abandonan a finales de verano y hasta que llegan de regreso en primavera, los vencejos comunes no se bajan del cielo. Por increíble que parezca, pasan todo ese tiempo en el aire. Tan es así que la evolución ha acortado sus patas hasta convertirlas en muy pequeñas. Solo las utilizan para agarrarse a las fachadas y muros en cuyos huecos anidan.

Tu pregunta inmediata seguro que es: ¿y cómo hacen para aguantar todo ese tiempo volando?, ¿y para dormir? Investígalo. Y busca de paso además si otras criaturas diferentes, por ejemplo, peces, hacen algo parecido. Por cierto, ¿sabes si existe algún aparato creado por el hombre capaz de volar sin parar?

Aunque originalmente nuestros vencejos anidaban en altos cortados rocosos naturales, hoy la mayoría de sus poblaciones lo hacen en edificios. Por eso sus principales colonias están en ciudades y pueblos. Ahí va un reto para toda la clase: explorad el barrio a fin de descubrir si hay en él alguna zona de cría de esta especie de ave. Si no es así, ¿dónde está la más cercana?

Lo cierto es que los vencejos cada vez tienen más difícil encontrar dónde criar: en nuestras fachadas ya no hay tantos huecos. Por eso está de moda colocarles cajas anidaderas para facilitarles que tengan familia.

Para seguir a los vencejos, e intentar descubrir en qué edificios se cuelan, primero debéis identificarlos. Pues bien, casi la única confusión posible será con golondrinas comunes y con aviones comunes. Una vez más, buscad cuáles son las diferencias entre unos y otros, a fin de saber acertar desde el primer momento.

Para saber más. Este breve documento de la Asociación Española de Educación Ambiental recoge mucha información sobre el vencejo.

 


asandovalrey@gmail.com es divulgador y escritor.

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